ESE OBJETO ARTÍSTICO LO ESTÁ OBSERVANDO. Entrevista a Sebastián Rivera

The artistic object is observing you. Interview with Sebastián Rivera

Por: Mishell Castaño

Estudiante de Artes Plásticas | Universidad de Caldas

angie.11613207@ucaldas.edu.co

Figura 1. Rivera, S. (2019). Sin título [Intervención fotográfica]. Manizales. Cortesía del artista

Sebastián Rivera es Magíster en Investigación en Prácticas Artísticas y Visuales de la Universidad de Castilla la Mancha (Cuenca-España), su trabajo de fin de máster se tituló: La ciudad como sistema polifónico de sonidos. También es artista plástico graduado de la Universidad de Caldas, con su trabajo Cuerpos móviles. Su propuesta plástica se desarrolla por medio de pensar la escultura como un objeto que se redefine constantemente por su contexto e interacción con una audiencia, a diferencia de la pieza fija en una galería. Se acerca a la escultura con un tono apacible y emocional. Coser, suturar, añadir y sustraer piezas textiles sobre espacios lumínicos y sonoros le permiten desclasificar todo tipo de categorías e inscribirse en las prácticas del arte contemporáneo.

Mishell: Para comenzar quisiera preguntarle ¿Cómo aborda el proceso creativo?, por ejemplo, ¿Cómo lo hizo en su última exposición?

Sebastián: Los proyectos me llevan más o menos uno dos años, dependiendo, porque toda la obra ha mutado un montón. Empecé con dibujo, luego pasé a la pintura, luego comencé a hacer intervenciones en espacio público, luego regresé a la obra de sala y cada uno de esos procesos me ha llevado a distintas formas de abordar los materiales o los temas que he tratado. La última exposición es un proceso que lleva dos años, en el que comencé a trabajar con un colectivo artístico que se llama Perfect usser, que lo conformamos un artista holandés, un artista británico, una artista argentina, un artista estadounidense y yo. Al proyecto se han ido adhiriendo otros artistas, poco a poco, porque la idea que queremos es que en cada uno de los continentes haya por lo menos un artista que esté colaborando en este proceso. El proyecto se desarrolla vía web, se trata de generar spam por web, jugando con la acción de invadir las redes sociales de imágenes, yo trabajo desde desde mi Instagram, ellos desde sus Facebook, estamos todo el tiempo generando contenido como si fuéramos usuarios perfectos.

Mishell: ¿Algún elemento común en sus obras?

Sebastián: Como estoy jugando con las redes sociales y como parte de ese proceso artístico con los colectivos, con Perfect usser y otro que se llama Co-Meta, consiste en hibridar el mundo digital con los procesos análogos como el dibujo, lo pictórico y unos objetos que también confecciono. Entonces esa hibridación hila un poco las últimas exposiciones que he hecho, también ha sido el elemento ojo, ese pan óptico, como el que todo lo ve, una obra que lo está viendo a uno. Poner también en situación de ser observadas a las personas que van a una exposición a observar, ese objeto artístico lo está observando también. Se trata de un juego como el que tenemos con el dispositivo móvil, que siempre está devolviendo y sosteniendo la mirada al usuario, cuando subes historias, contenido.

Figura 3. Rivera, S. (2019). Sin título [Instalación]. Manizales. Cortesía del artista.

Mishell: ¿Cómo comienza su proceso? ¿Qué facetas toma su obra desde lo plástico?

Sebastián: Empiezan llevadas por la intuición, ir haciendo y haciendo, casi siempre partiendo del dibujo e intuitivamente van sucediendo cosas, se me vienen ideas, que terminan trasladándose a elementos pictóricos, escultóricos y después empiezan a convertirse en una cuestión instalativa en el espacio expositivo.

Figura 4. Rivera, S. (2019). Sin título [Pintura]. Manizales. Fotografía Nicolás Castro @nicolascastroph

Mishell: ¿Qué busca generar con sus piezas?

Sebastián: Lo que te describía un poco, que la persona que va a ver una pieza se encuentre con que esa pieza le sostiene la mirada. Esto lo lleva a cuestionarse a sí mismo como espectador, el lugar de su ubicación en el espacio expositivo, se trata de crear otra dinámica, la sensación de no ser solo “yo” el que observa sino también ser observado así sea por piezas inmóviles que causan esa trayectoria sensitiva. Lo otro sería que cada una de esas exposiciones está acompañada, generalmente, de sonido, que últimamente ha ido generando otra dinámica, permitiendo un asunto relacional. La exposición como un lugar donde la gente observa piezas fijas, video y al tiempo está escuchando algo de sonido, donde puede intervenir eventualmente en el sonido en una relación directa entre el espectador y la obra. Tomando distancia de ese convencionalismo de la sala de exposición donde el espectador está alejando de la obra, sino permitiendo que se sienta inmerso en ella.

Figura 5. Rivera, S. (2019). Sin título [Pintura]. Manizales. Fotografía Nicolás Castro @nicolascastroph

Mishell: ¿Tiene alguna metodología para su proceso creativo?

Sebastián: Tengo varias, como te decía ahorita, parto del dibujo, el proceso es un poco experimental. También puedo escribir alguna cosa en el proceso, elaboro imágenes acompañadas de letras, me propongo contextualizar los contenidos de la misma obra, partir de mucha información: lecturas, pelis, música, una cantidad de cosas que se van convirtiendo en una suerte de amalgama, luego empieza el proceso de edición y se van generando las piezas que hago.

Mishell: ¿Qué insertaría y qué eliminaría del sistema artístico?

Sebastián: El proyecto Museo modulable es un poco eso, explora la posibilidad de descentralizar tanto la sala de exposición de la institución, sacarla del lugar, hacía afuera, hacer que llegue a lugares donde es necesario que llegue, personas apartadas. No estoy hablando de casas de la cultura, porque ellas funcionan también con la misma dinámica, es un proceso que sea independiente desde cada ciudad, cada pueblo, que funcione bajo una autonomía total en cuanto a posibilidades de creación con la comunidad y formación de público. Un proyecto que, por ejemplo, genere otras lecturas, otras maneras de educar el público para ver el arte, este tipo de dinámicas son las que insertaría en el sistema artístico.

En Francia, tienen el FRAC, que es el fondo regional de arte contemporáneo y es un proceso que ellos hicieron de descentralización del arte en París. Lo llevaron a todas las ciudades de Francia, son unos edificios increíbles, con unas infraestructuras increíbles y presupuestos increíbles. El ayuntamiento los financia, pero todos los eventos del FRAC son independientes, ninguno está conectado a otro, cada quien aborda los procesos de residencia, de creación artística, de talleres de forma independiente. Esto permite que se contextualicen los procesos de creación desde cada ciudad, no solo desde el centro, entonces se dan un montón de aperturas tanto para el público como para los artistas de estar más sueltos, tomar distancia de algo que pretenda unificar u homogenizar ideas.

Mischell: ¿Algún referente artístico?

Sebastián: Es difícil porque digamos mi trabajo es muy mass media, tiene mucho que ver con una serie de artistas que han trabajando sobre el glitch y te podría dar mil nombres. El cuento es ir rompiendo la imagen y generar una multiplicidad infinita. Esto va muy ligado a varios conceptos que he estado estudiando, que son la antropología digital, la arquitectura digital, humanismo digital y esas son como las bases de donde parte el proceso creativo de mi última exposición.

Mischell: ¿Cómo fue su primera exposición?

Sebastián: Fue como en segundo semestre del pregrado, fue una locura, en el Museo de Arte de Pereira. Se trató de un proceso que empezó con un dibujo experimental para una entrega final de Dibujo II, todavía muy temeroso de salirme del formato convencional del papel y lo hice sobre una tela con un nombre hermoso, “crema batida”, de dos por dos metros. Empecé a hacer un dibujo y lo delineé con hilo, comencé a cocerlo y cocerlo, el resultado fue increíble, fue una cosa que ni yo me esperaba. Sometí la pieza al jurado que iba a hacer el proceso de selección para la muestra que involucraba profesores y estudiantes de arte en ese entonces, recuerdo que causó como cierto revuelvo entre los jurados porque supuestamente yo estaba muy chiquito y no estaba preparado. Sin embargo, la obra funcionaba y estaba interesante, finalmente alguien decidió a pesar de que el veredicto era no llevarla, empacarla y decir yo la llevo y la pongo duélale a quien le duela, pasó y fue super emocionante ir a ver la obra colgada en un museo.

Mischell: Para finalizar, ¿Puede compartirnos algunas reflexiones sobre la última exposición?

Fue súper impactante, muy política, me parece que es de esas cositas que a veces hago importantes, que tienen un sentido, lo demás es un poco más juego, más suerte, más imaginario, creación de imaginarios tranquilos. A mí me encanta digamos, no crear arte como el de Doris Salcedo ¿Quién dice que si el arte no es comprometido no sirve?¿Cómo vas a limitar a una persona a imaginar mundos posibles? Llevamos en Colombia ya 60 años de conflicto armado y el arte respondiendo a ese conflicto ¿Cuándo vamos a salirnos de este tipo que imaginarios, son cosas que están ahí recalcitrantes? Nos puede dar miedo dar el siguiente paso, como con el proceso de paz, no somos capaz de imaginar algo más allá del hecho de ser una sociedad violenta, nos da terror no serlo, en parte porque la violencia justifica todo: justifica los presidentes que ponemos y la política que manejamos. Hay una conciencia de mi parte como artista sobre donde vivo y de donde vengo, pero creo que uno podría dar el paso y pensar que hay muchas cosas todavía por imaginar, por crear.

Figura 6. Rivera, S. (2019). Sin título [Pintura]. Manizales. Fotografía Nicolás Castro @nicolascastroph

Mi trabajo con el color va muy ligado a esa idea, el color en mis obras es algo que se presenta fuerte, llamativo, es como salir al centro y ver la diversidad de colores de los lugares donde la gente instala sus pequeños tenderetes y objetos. El arte colombiano, en general, es a blanco y negro, simplemente porque no hemos podido salirnos de este tema, un tema al que no sabemos cómo responder. A veces el color genera ese choque en la sala de exposición, solemos pensar que si es en blanco y negro es más introspectivo, el color llamativo no deja de ser algo serio, el color es serio.

Como citar:
Castaño, M. (2019). Ese objeto artístico lo está observando. Entrevista a Sebastián Rivera. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo. 1 (1). Recuperado de: https://portalerror1913.com/2019/07/30/ese-objeto-artistico-lo-esta-observando/

Fecha de recibido: 15 de Julio de 2019 | Fecha de publicación: 30 de Julio de 2019

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144

VÍCTIMAS DE REPRESENTAR VÍCTIMAS

Victims of representing victims

 Por: Mishell Castaño

Estudiante de Artes Plásticas | Universidad de Caldas

angie.11613207@ucaldas.edu.co

Infinitos son los debates que se irguen sobre las palabras arte y política, bajo la pregunta de si debería o no el arte ser político o si inevitablemente lo es. Sin querer detenerme en ninguna de estas premisas y usarlas para formar una nueva sobre estos temas, creo que es preciso cuestionarse sobre las formas que adquiere el recuerdo y la memoria en la realidad colombiana. Pretendo generar un ejercicio de reflexión y ofrecer una perspectiva dentro del actual posconflicto. Teniendo presente el auge de las artes y su compromiso con la transmisión del pasado en las diferentes vertientes que este momento histórico genera, en su exploración de la violencia, la memoria, la reconciliación, el olvido y ¿Cómo no? el futuro.

Las palabras arte y política pueden tener un vínculo en cuanto están inmersas en una realidad social, un juego (ludus) de presentación-representación (como el que llevaban a cabo los efebos espartanos ante la ciudad, que con los ojos de quien observa algo totalmente nuevo, disfrutaba de la precisa representación de ella misma). Puede argumentarse que todo arte es político porque contiene acotaciones sobre el mundo y también en su evolución ha estado marcado por la apropiación y la contrapropuesta a las imágenes de dominación, una vena subversiva acompaña las luchas sociales desde la manifestación plástica, aun así como paradoja propia de una tragicomedia, las artes comprenden lo difícil que es desenmascarar la mentira, cuando la ley que los gobierna es la que dirige el actuar del mentiroso, comparto con Jacques Ranciére sus comentarios en los Paradigmas del arte político, cuando afirma que la diversidad y la masificación de las técnicas y estrategias de las obras que se politizan demuestran una incertidumbre sobre lo que es la política y la finalidad del arte.


La memoria, por ejemplo, parece un campo de oportunidades para la creación artística en un momento donde se necesita desafiar las historias oficiales, esa amnesia plantada y manejada hace décadas por las instituciones desde las tácticas del olvido y la implantación de verdades. Las artes (desde su peculiar adaptación de los hechos) se convierten en una imagen que entreteje o divide relatos, sea de manera individual o colectiva ¿Por qué la frenética respuesta por parte del arte al actual proceso de paz y al posconflicto? Si somos lo que representamos, ¿tanto repinte sobre la misma línea no nos pone en un eterno bucle? Es lo que me pregunto ajena en gran parte a lo que la violencia significa para otras personas que sufren de este ejercicio ¿Por qué el afán de trascender estos hechos desde museos de la memoria?

La construcción simbólica del pasado se articula con las necesidades del presente y permite visualizar un futuro. En ocasiones somos selectivos, decidimos olvidar, suprimir o transformar lo ya ocurrido. Rememorar el tiempo en movimiento (ayer, hoy, ahora o mañana) solo puede ser un acto subjetivo e individual, cargado de millones de circunstancias y diferencias, aunque este acto se basen en la empatía y el dolor común, en un escenario como lo es un país, no puede medir su “realidad” desde una verdad o una historia oficial. Creo entonces que el artista no tiene la obligación de participar en la construcción de las memorias sociales, por lo menos no pretendiendo ofrecer una verdad detrás de una serie de hechos, ni imponiendo modelos de arte político. No tiene sentido entregar mensajes buscando cambiar modos de hacer y sentir inscritos en la cultura, porque el relato de la violencia es singular, por lo tanto, la memoria depende de la imagen que el autor figure y cómo se articula al cúmulo de narrativas que saturan el actual panorama Colombiano.

El arte legitima mentiras, mientras las cuenta con verdades, pienso que llamarlo político ya no puede ser la acción de derramar sobre la esfera pública un cúmulo de «bellas» películas con moralidades utópicas o por el contrario la reafirmación del dolor televisado y los sueños narcotizados. No se necesitan homenajes momentáneos y «solidaridades» amarillista, de esas que se siente hoy y que se pierden ante la nueva catástrofe del mañana. No se necesitan esas expresiones culturales estetizadas y frívolas que responden a una temática popular sin mayor investigación, sin una mirada crítica más allá de la representación artística. No se trata ahora de rendir culto o de facilitar a los ojos morbosos ajenos de la guerra. El oportunismo no es oportuno ahora, mucho menos si lo que pretende es imponer una posición política por inofensiva que parezca a la situación actual.

Si preguntamos por la finalidad del arte, cualquier intento de conclusión está dispuesta al debate, pero no está demás pensar la funcionalidad de este en su tiempo y contexto. Cuestionarnos, por ejemplo, si la personalidad protagonista del artista complejo y controversial es lo que se necesita en un sistema cojo que pide superar tanto como superarse. Ya no se trata de quién genera las experiencias estéticas más «sublimes» y «extraterrenales» porque el escenario es la tierra misma, aquí y ahora, así como el destino es quieran o no, educar.

En nuestro país el mediatismo demagógico es más que evidente y ha cumplido eficazmente su papel de desinformar y arrancarnos de lo que pudo ser una historia autóctona. El arte, por lo tanto, no puede prolongar esa manera -también violenta- de utilizar el conflicto, con expresiones superfluas, vacías y mercantiles, con testimonios falsos, víctimas cosificadas y cartas anónimas sedientas de polémica. Mímica puesta sin una pizca de guerra, rostros que en sí son solo eso, sin dispositivo, sin conexión, sin nada que interese a quienes realmente construyen esta historia con los pedazos arrancados de sus cuerpos, de sus vidas y derechos.

Hacer del pasado colombiano un espectáculo o ver en él simples oportunidades de visibilizar un trabajo artístico es algo odioso, está cargado de los mismos intereses con los que las autoridades opresoras nos han dicho por años quienes somos y hacia dónde vamos. Los invito a lo que yo considero es asertivo: a pensar el arte como un vehículo, un instrumento, más no como una respuesta y presentar con humildad los relatos que se superponen sobre el horizonte colombiano y su difícil tierra.

Lo que se encuentra en partida y el compromiso que el artista debe seguir, si pretende inmiscuirse en este proceso que sigue en cimentación, es la reflexión ante todo, porque hasta ahora se ha convertido en una víctima de representar víctimas. El artista debe ser un agente de la memoria, en este instante se trata, creo yo, de decidir qué tipo de sociedad queremos ser a través de lo que esas vidas significaron.

Cómo citar:
Castaño, M. (2019). Víctimas de representar víctimas. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo. 1 (1). Recuperado de: https://portalerror1913.com/2019/07/20/victimas-de-representar-victimas/

Fecha de recibido: 15 de Julio de 2019 | Fecha de publicación: 20 de Julio de 2019