EL DESPRECIO DE LAS COSAS. Sobre “Realismo no tan mágico” de Gustavo Cano Ocampo

The despise of Thing. About “Realism not so magical” by Gustavo Cano Ocampo

Por: Juan Manuel López Pasos

Estudiante Artes Plásticas | Universidad de Caldas

juan.11714884@ucaldas.edu.co

“Esta propuesta artística, ha sido construida a través de los recorridos, desechos de basura y diálogos con los habitantes de calle; habitantes que se perciben en las noches como coleccionistas de desechos” (Gustavo Adolfo Cano, 2019)

El pensamiento fluye, se comporta con ligereza ciega y, sin embargo, no deja de estar presente en el impacto de esa imagen, de esa imagen “no tan mágica”. El performance de Gustavo Cano no me hace pensar en Atlas -el titan de la mitología griega que sostenía el mundo- me remite a Sísifo, pues su condena es más absurda, consecuencia trágica de sí mismo; la mano propia que a gritos desencadena el pensamiento y la palabra.

Sísifo presuroso por las penas mudas… La modernidad nos legó el desecho, el mundo del desprecio. Pero las cosas, alienadas por el “progreso”, por el consumismo, no son sordas, ni mudas y en el fondo exigen su lugar. Nos dirigimos al encuentro con atiborradas bolsas blancas, negras y de colores… fluidos arrojados al mundo. La dinámica es simple, debemos pensar que tanto cosa somos y que tanto la cosa es el mundo… Los invisibles pidiendo su lugar. La noche no es periferia, la acción es denuncia y en la imagen de aquel que carga, una poesía oculta, insospechada, que merodea en los rincones de la memoria, pues esta nos agravia, nos pregunta por los causantes desaforados de aquella pantomima de lo inservible y la inutilidad de nuestro accionar humano en la actualidad.

Por eso aquel “realismo no tan mágico” es indiscernible de nuestro ahora y tan universal como la apatía o la indiferencia en la edad del vacío. En ese sentido, la acción artística conduce al desconcierto, su exhortación tiene la contundencia de un hecho fáctico, irrefutable. Somos hijos de una sociedad de consumo, la obra nos propone observar lo otro de las sombras urbanas y su existencia. La acción se presenta como un hecho extraordinario que pone en quiebre nuestra cotidianidad; pensar sobre esa imagen es puro juego y puro azar, pues es inevitable que se convierta en paisaje.

Muchas personas podrán conocer el trabajo por su representación, por videos o fotografías. Y qué mejor que utilizar los medios y lenguajes per se de nuestro tiempo, lo mediático tratado como reflexión crítica es un acierto poderoso para replantear nuestros hábitos (socio-culturales). A su vez la acción nos propone mirar nuevamente el mundo y aquello que simplemente vemos como “desecho, desechable”. Nos invita a preguntarnos el por qué y a dejar de reivindicar sin más el silencio, nos invita a recolectar, coleccionar, recuperar y habitar, ese sitio misterioso y salvaje, que es la calle.

Como citar:

Pasos, M. (2020). Sombras Urbanas. Sobre un “realismo no tan mágico” de Gustavo Cano Ocampo. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo. 1 (2).  Disponible en: https://portalerror1913.com/2020/05/09/desprecio-de-las-cosas/

Fecha de recibido: 10 de Febrero de 2020 | Fecha de publicación: 9 de Mayo de 2020

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144X

PALABRA MUDA. Sobre “Crónicas de un Cuerpo Testigo” de John Mario Montoya

Muddy Word. About “Chronicles of a Witness Body” by John Mario Montoya

Por: Juan Manuel López Pasos

Estudiante de Artes Plásticas | Universidad de Caldas

juan.11714884@ucaldas.edu.co

Imagen cortesía del artista

Muerte, muerte, muerte

que te presentas lenta

Blanca y roja

Siempre indiferente,

En la lejanía que nos llegas

¡En el silencio o grito nos esperas!

Misterio que levitas

Murmurio que silente invitas,

A no mirar más y callar,

A no mirar más,

A no mirar.

¡Ay, memoria del desahuciado! ¿Por qué si todos somos testigos, víctimas y verdugos, nos negamos el hablar, el recordar? Un cuerpo extendido yace inmóvil, en ningún lugar. Plácido, sin vida, el dolor es mucho, como si soportara el sufrimiento de todos los exiliados de este mundo. En la retórica del mundo nos persuadimos con la huida, sea fortuita o desesperanzada. En la negación suponemos librarnos del pecado. El mutismo es la enfermedad de nuestro desamparo, como todo naufrago alucinamos y hasta esto nos fatiga. Creemos que el consuelo consiste en desaparecer, que el olvido nos será grata redención de la inopia. La condena al parecer es repetir toda desgracia, flagelo histórico.

Una pincelada ligera, casi etérea, invisible, un cuerpo que reposa en un ocre de tierra blanda que nos nombra. Sin rostro la figura estoica, una manta, así el sudario del nazareno de Sion, no solo nos habla de la muerte del hombre sino de lo divino ¡Crepuscular huida! Como todo en lo baldío, nuestra herida de todos y de nadie. Así el ídolo muerto, aquí enterramos a los santos a machete y llamamos gobernantes a los verdugos.

Hablar del Medellín de los 80-90’s es reconocer una de las épocas más sangrientas de la historia del país, cuyos fantasmas aún se asoman -en los rincones indómitos de este platanal labriego- a bala y sangre. Ese umbral de carmesí azabache es una crónica que no se puede tomar a la ligera. Lo ominoso murmura su aparición, en la posición “decúbito”.

John Mario Montoya nos invita al silencio, al recordar. No reproduce la sevicia de la brutalidad -esta nos es condición intrínseca- sino que murmura el luto de la pérdida confusa, murmura la pérdida del luto. Si bien es una obra compuesta por un archivo colectivo -la apuesta por la memoria nacional desde una mirada en particular- es preciso recalcar su valor alegórico, en la disyuntiva de un discurso otro, cuya metáfora nos hace pensar en la naturaleza humana, en el ocaso, pensamiento crepuscular del cataclismo y el colapso. Aquí siempre son los últimos días.

Imagen cortesía del artista

Por eso sus cuerpos -más que figura humana o condición histórica- son un paisaje onírico, horizonte en ruinas y premonición desolada, fatum terrible. Veo en sus formas la narrativa no solo de las comunas en danzas de metralla, un monte de minas y sombras, urbe magnicida sumida en el caos y el terror; veo la incertidumbre que siempre acecha -por tardía que parezca- una naturaleza muerta que se extiende con la muerte como hecho irrefutable, mirada prófuga, nos da conciencia de lo irremediable por casual y causal; un vanitas del cual somos los ácigos frutos de todo los deicidios y los genocidios de lo humano, el territorio que nos respecta es la Babilonia de rameras y corsarios, el infierno que nos alberga, en la ciega fe de un paraíso de amargados.

Por eso su pintura es un agudo augurio, una visión fehaciente de lo que fue y es, una palabra muda, sin punto aparte que preceda.


Nota: La exposición de John Mario Montoya se presentó en el Centro de Museos de la Universidad de Caldas, en el marco del cuarto Festival Internacional de Arte Contemporáneo, del 16 al 20 de septiembre del 2019. “Crónicas de un cuerpo testigo” es un proyecto de investigación-creación realizado en la Maestría en Artes de la Universidad de Caldas. Les compartimos el texto curatorial de la exposición: “Las crónicas de John Mario Montoya están escritas en su cuerpo, la violencia colombiana logró atravesar su piel, su carne, sus pinceladas y sus huesos. Su obra es un testimonio, un testimonio de la más cruel de nuestras costumbres, pasiones y apetitos; nos recuerda que, en Medellín, en 1990, la muerte estaba en todas partes, siete mil personas fueron asesinadas y la cabeza de un policía valía dos millones de pesos. El primer recuerdo que tiene de su barrio es el cuerpo de un hombre que se estremecía por las puñaladas, hasta caer al suelo. En San Pío la muerte era algo tan cotidiano que los niños jugaban en los velorios, salir a la calle o a la iglesia podía terminar en disparos y un grito de sicario “a volar hijueputas”. En una ocasión tuvo que buscar a su hermana entre los cuerpos de una masacre, cuerpos dispuestos horizontalmente por el suelo del bar que frecuentaba las quincenas. Se enteró de la toma del palacio de justicia mientras esperaba el bus para ir al colegio, trabajaba repartiendo periódicos, sabía que era el portador de las malas noticias. Cuando cumplió la mayoría de edad tres candidatos a la presidencia fueron asesinados, Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo Ossa, Carlos Pizarro Leongómez, mejor no votar, país de mierda. El artista nos recuerda que en Colombia la violencia se repite, la esperanza suele ir acompañada de espectros, de fantasmas, de cuerpos en posición horizontal, cuerpos que representan no solo a las víctimas, sino a quienes cargamos con el peso de haber sobrevivido, la herida sigue abierta, no se puede dejar de ser testigo de la muerte” Pedro Rojas.  

Como citar:
Pasos, J-M. (2019). Palabra Muda. Sobre “Crónicas de un Cuerpo Testigo” de John Mario Montoya. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo. 1 (1). Disponible en: https://portalerror1913.com/2019/10/14/palabra-muda-sobre-cronicas-de-un-cuerpo-testigo/

Fecha de recibido: 1 de Octubre de 2019 | Fecha de publicación: 14 de Octubre de 2019

LA DESCOMPOSICIÓN DEL YO. Sobre Rumores de Deyvid Montoya

The decomposition of the I. About Rumors of Deyvid Montoya

Por: Juan Manuel López Pasos

Estudiante de Artes Plásticas | Universidad de Caldas

juan.11714884@ucaldas.edu.co

Rumores. Imagen cortesía del artista

La obra de Deyvid Montoya, Rumores, puede considerarse como un testimonio de la desfragmentación del ser y la descomposición del yo, hasta el desaparecer. Un tejido de solución sobre lona vulcanizada, muestra la preocupación social del autor por problemas tales como el del adicto y la drogadicción. La técnica, action-paiting (del tipo Jackson Pollock), poetiza de cierta manera ese desaparecer del sujeto y la desintegración de su memoria, como esencia, del yo pasado.

Son fragmentos desahuciados, aquellos fugitivos, de la memoria ausente, una vez se ha tomado, por voluntad o destino, las sendas del delirio. El sujeto alucinado desconoce su presencia en el mundo y, por tanto, errabundea, como moribundo de esquina a esquina, sin camino, en su exilio. Ahora ya no es sujeto, es objeto que se descompone conforme pasan los días, hasta su gran retorno a la nada.

Quizás el artista pueda abrirnos una ventana, que nos permita descender en ese enmarañado tejido de memorias pisoteadas, de seres deshumanizados, voces e imágenes que se impregnan en el delirio trashumante del viaje sin retorno que significa el profesar alucinado. El abdicar de la lucidez, como un acto de auto-exilio, sea forzado o decidido, es la base de la inutilidad del ocio. Aquí se presenta, como un acierto de incertidumbre, pues las voces de esos entes deshumanizados, languidecen a través del desaparecer constante de su yo, para formar parte de ese cúmulo o bastión austero, de los objetos alienados.

La marginalidad aquí nombrada, conforma el submundo de este psiconauta, apartado de lo real (de la cabal lucidez). Su mundo ahora es el silencio que acaece, un submundo sin juicio más que el de seguir descendiendo, acompañado del rumor de pérdida total de la consciencia. El actual sujeto-objeto, existe ahora, ya no como una visión clara del arquetipo del hombre, sino más bien, como una ambigüedad estacionaria, que desvaría en su atemporalidad y supone un fracaso de existencia o un divagar profundo del error; lo casual y causal, como prueba de la tragedia.

Rumores. Imagen cortesía del artista

El adicto, como muestra de nuestra patética existencia, es reflejo sin tapujos, de nuestro gran dilema al trajinar inocuo de los días y las horas. A diferencia de nosotros, este sale de sí para no hallarse, mientras nosotros en nuestro ejercicio de introspección, desfiguramos la memoria, mutilamos el yo, con irrisorias muestras de divagaciones empedernidas; transformado, substancia y forma, en algo por nosotros aceptado, reconocido y perdonado. Queremos y creemos que hallarnos lucidos es la realidad, cuando realmente, nuestra lucidez es el rumor de una alucinación superior a la del adicto, a la del loco. La cotidianidad o lo normal es una prueba de que el mayor delirio de todos, no es sino el tedio y la bruma, el superfluo devenir del diario tic, tac… de nuestros absurdos días.

Como citar:
López, J-M. (2019). La descomposición del yo. Sobre Rumores de Deyvid Montoya. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo. 1 (1). Recuperado de: https://portalerror1913.com/2019/07/22/la-descomposicion-del-yo/

Fecha de recibido: 1 de Julio de 2019 | Fecha de publicación: 22 de Julio de 2019