GENTE DE OTRO MUNDO, LITERATURA MATACHINESCA Y CUADRILLAS DE ARMAZÓN. Una entrevista a Pedro Luis Calvo Ortiz

Por:

Manuela Henao Calvo

Estudiante de Artes Plásticas | Universidad de Caldas | manuela.11819393@ucaldas.edu.co

Figura 1. Henao, Manuela. (2009). Guardianes de la luz saludando a Pedro Luis Calvo. [Fotografía álbum familiar]. Riosucio: Cortesía del artista.

Manuela: Pedro Luis Calvo es escritor de literatura matachinesca y diseñador de disfraces, principalmente de armazón que es una modalidad de disfraz tradicional que está en proceso de desaparición. El propósito de la entrevista es conocer un poco de su vida, especialmente su participación en el carnaval de Riosucio, lo cual lo llevó a acercarse a los medios artísticos de forma empírica. Para comenzar ¿Qué es para usted el carnaval?

Pedro Luis: El Carnaval de Riosucio es la expresión de la cultura tradicional, en la cual convergen raíces diferentes: indígenas, africanas y europeas. La trietnicidad es producto de la llegada de los españoles a nuestras tierras, aquí habitaban los indígenas, y la tríada se completa cuando traen los esclavos africanos. Todo ello incidió en la forma que tiene nuestro carnaval.

Manuela: ¿Generalmente cómo interviene usted en el carnaval?

Pedro Luis: Mi intervención es como capitán de cuadrillas, cortador de letras y participo en la elaboración de disfraces. Además, soy parte de la organización directiva del carnaval. El carnaval tiene una junta principal y otros comités adjuntos que sirven para hacer más fácil el desarrollo de las actividades, por ejemplo el comité de cuadrillas del cual fui presidente durante un tiempo.

Figura 2. Henao, Manuela. (2017). Las serpientes. [Fotografía álbum familiar]. Riosucio: Cortesía del artista.

Manuela: ¿Cómo comenzó usted a participar en esta tradición?

Pedro Luis: Con una festividad que tiene más de 100 años es muy difícil hacerse a un lado, de alguna manera, todos la vivimos, sea de forma activa o pasiva. Desde pequeño asistía al carnaval, me llevaban mis padres y me parecía muy hermoso, especialmente, las cuadrillas que son la principal expresión del carnaval. Me llamaron la atención los disfraces, tan bonitos y sencillos, algunos hechos con materiales naturales propios de la región y pensé que era gente de otro mundo, en mi infancia eso me parecieron las personas disfrazadas. Me dije que algún día también podría hacer parte de esas agrupaciones. Años más tarde, se me presentó la oportunidad de estar en una cuadrilla, en ese entonces un cuadrillero de mucha experiencia estaba reuniendo gente para su grupo, con el paso del tiempo formé mi propia cuadrilla con algunos compañeros.

Las cuadrillas cantan canciones que, en sus letras, hacen referencia a distintos aspectos de la vida del pueblo, la nación o incluso lo que pasa en el mundo. A quienes escriben estas letras se les llama cortadores de letras, también quise hacer estas letras y comencé a escribirlas para mi cuadrilla. Otro aspecto en el que trabajamos, casi por casualidad, fue en la fabricación de nuestros propios disfraces, hay artesanos que se dedican solamente a hacer los disfraces, tocados y otros artículos que lleva la cuadrilla. Quisimos explorar una modalidad que estaba casi en desaparición y con los compañeros nos dedicamos a hacer cuadrillas de armazón que representan animales o aspectos de la naturaleza.

Figura 3. Anónimo. (1991). Los osos. [Fotografía álbum familiar]. Riosucio: Cortesía del artista.

Manuela: Siendo usted capitán de tantas cuadrillas, ¿recuerda en cuántas ha estado?

Pedro Luis: He intervenido en unas quince que yo recuerde y también he intervenido en cuadrillas infantiles, con los diseños de disfraces y las letras. El proceso para escribir una letra es de acuerdo a la canción y mensaje que se quiere expresar con la cuadrilla, generalmente escribo mensajes sobre el cuidado a la naturaleza. En la cuadrilla de los gnomos quise transmitir estos mensajes porque en las leyendas son seres que propugnan para el cuidado de la naturaleza. Lo que más me gusta de los procesos de las cuadrillas es proponer ideas y pensar cómo se puede desarrollar la idea de la cuadrilla y el vestuario de lo que queremos trabajar.

Figura 4. Anónimo. (2003). Los comodines. [Fotografía álbum familiar]. Riosucio: Cortesía del artista.

Manuela: ¿Qué es la literatura matachinesca y que temas abarca?

Pedro Luis: El principal aspecto que tiene nuestro carnaval es el valor que le da a la expresión hablada, las cuadrillas en nuestro carnaval transmiten mensajes de diferentes características como ecológicos, de exaltación de valores y de crítica social. Además hay otras manifestaciones y expresiones literarias como son los decretos y convites, que son reuniones que se hacen de noche con desfile y presentación en un tablado. Quienes suben al tablado se les llama decreteros, escriben cuartetas que pueden ser cortas o largas, generalmente burlescas, irónicas y de crítica social que se llaman decretos.

Figura 5. Anónimo. (1999). Los virreyes. [Fotografía álbum familiar]. Riosucio: Cortesía del artista.

Los eventos de decretos buscan animar el carnaval y que la gente vaya entrando, como quien dice, en “calor de carnaval”. En la antesala del carnaval se realiza otra presentación teatral llamada convite, esto como invitación a que la gente participe del festival, fuera de eso están otros discursos protocolarios, como la instalación de la junta directiva del carnaval, el homenaje a los matachines muertos, la imposición del cordón de carnaval que es un reconocimiento que se le hace a una persona muy representativa en el carnaval, el discurso del saludo al diablo y la contestación que él hace, el testamento que se hace al final que es leído por el diablo y uno de los matachines le contesta también. Todo esto queda en archivos o se recogen en un texto y así se constituye la literatura matachinesca que está relacionada con el carnaval y su desarrollo.

Cuadrilla “Los Magos” 1993

«Llegó a la presidencia del país un gran señor a todo quien por el votó creyó en la redención y para comenzar, su gabinete al nombrar nos puso en alerta, mal empezó la función.

Ay, ay, ay, más de uno se quejó que dolor este nos va a causar mal peor pa’ la pobre nación que a deriva marcha desde tiempo muy atrás. (…)

Fracaso tras fracaso es el diario acontecer de un país que se hunde y que se postra sin honor, solo hay incertidumbre en el futuro nacional, nadie cree en nada, es el caos gran señor.

Juventud, nadie te quiere oír, para ti no hay oportunidad, ya por dios se encuentre solución a tanto problema imposible de aguantar.

A donde irá a parar, nuestra pobre nación y quien la salvará de la cruel situación, mejor es encargar un puesto en Sibaté, ya que al manicomio iremos a parar.» (Letra: Pedro Luis Calvo)

Cuadrilla “Matachinada” 1987

«El carnaval cálido edén que nos cautiva con sublime floración, es un vivir, es un soñar que nos transporta a otros mundos de ilusión.

Es ambrosía incomparable que mitiga el duce-amargo diario destino que nos impone la injusticia la crueldad y la opresión de un triste mundo que ya no sabe dónde va.» (Letra: Pedro Luis Calvo)

Manuela: ¿Cómo diseñaban en ese entonces los disfraces si no contaban con los medios tecnológicos actuales?

Pedro Luis: Los disfraces de armazón representan generalmente figuras zoomorfas o fitomorfas y anteriormente se hacían con materiales como flor de caña brava, pajas, plumas, varillas de guadua, alambre, bejucos, papel para máscaras, barro para modelar, materiales que se consiguen muy fácil en el municipio. Hoy en día estos disfraces de armazón generalmente se valen de materiales distintos como fibras sintéticas, telas con una gran variedad de diseños y aún se usa mucho el papel maché. Anteriormente nos valíamos de engrudo, pegante que se hace a base de almidón de yuca, hoy en día hay una gran variedad de pegantes, pinturas y lacas. En lo referente a la fabricación de los disfraces, se sigue haciendo de una forma manual y artesanal.

Cuando queríamos diseñar un disfraz nos fijábamos en la forma del animal, intentábamos equiparar sus dimensiones con las de la persona que lo portaba. Recuerdo los pulpos, el disfraz tenía un espacio para poder mirar, hicimos los tentáculos y las ventosas con espuma cosida, el pulpo se forró con tela y se pintó con esmaltes. Los tentáculos eran accionados con nailon para que no se notara mucho en el público, ideamos la forma para que el movimiento fuera discreto, halábamos los hilos desde adentro y se veía muy realista.

Figura 6. Anónimo. (1983). Los pulpos. [Fotografía álbum familiar]. Riosucio: Cortesía del artista.

Sacamos varias cuadrillas basadas en pájaros como aves de rapiña, búhos, avecitas cantoras, entre otras, hacíamos primero el armazón con alambre y tela sencilla, luego lo cubríamos con plumas de gallina teñidas. Hoy en día es muy fácil porque en las avícolas sobran las plumas, en aquel entonces esto era todo un proceso porque había que conseguir las plumas, había que quitarles la grasa hirviéndolas y luego teñirlas en anilina con los colores que necesitábamos y, por último, fijar una por una, sobre el cuerpo del animal con pegante.

Figura 7. Anónimo. (1985). Los buhos. [Fotografía álbum familiar]. Riosucio: Cortesía del artista.
Figura 8. Apellido, Nombre. (año). Los buhos. [Fotografía álbum familiar]. Riosucio: Cortesía del artista.

Cuadrilla “Los Búhos” 1985

«La ciencia y el saber nos tienen por blasón.

hay búhos por doquier más falta la razón.

Nuestro mundo animal mucho más cuerdo es que esta humanidad llena de insensatez.» (Letra: Pedro Luis Calvo)

También recuerdo los dragones, una de las primeras cuadrillas que realizamos, éramos muy nuevos en el grupo, entonces, nos valimos de un artesano que tenía mucha experiencia para que modelara las cabezas de dragón, pero nunca nos explicó como los hacía, sabíamos que modelaba la parte principal en barro, los hacía muy bien hechos. Nosotros hicimos el resto de las partes del cuerpo y con unos tacos de pólvora simulábamos el fuego, colocándolo dentro de la boca del dragón, botaba fuego y humo.

Figura 9. Anónimo. (1979). Los dragones. [Fotografía álbum familiar]. Riosucio: Cortesía del artista.
Figura 10. Anónimo. (1979). Los dragones. [Fotografía álbum familiar]. Riosucio: Cortesía del artista.

Las cuadrillas cuando se acerca el carnaval, con mucha anticipación, se reúnen para exponer las ideas, se estudian previamente los temas, las opciones se estudian y debaten, para decantarlos y escoger una, nuestra última cuadrilla eran águilas basadas en dioses egipcios. Pasamos mucho tiempo ideando cómo podíamos darle la forma a las alas, hasta que nos decidimos por el foami dorado, hicimos los moldes de cada una de las alas, buscamos la forma de pegarlas y quedaron muy llamativas. Las cabezas se hicieron en icopor y luego se forraron, el cuerpo con telas doradas pero ese ya era un trabajo de modistería. Yo diría que esta fue la cuadrilla que me dio más dificultad porque no teníamos idea de cómo hacer las alas en un principio, hablamos con varios artesanos para ver si se podían imprimir de algún modo, las personas que consultamos no nos ofrecían buenas opciones y a la final ensayamos con foami lo cual nos dio un buen resultado.

Figura 11. Henao, Manuela. (2009). Guardianes de la luz. [Fotografía álbum familiar]. Riosucio: Cortesía del artista.

Manuela: Muchas gracias por compartirnos sus experiencias.

Cómo citar:

Henao, M. (2021). Gente de otro mundo, literatura matachinesca y cuadrillas de armazón. Una entrevista a Pedro Luis Calvo Ortiz. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 1(4). Disponible en: https://portalerror1913.com/2021/07/28/gente-de-otro-mundo/

Fecha de recibido: 15 de febrero de 2021 | Fecha de publicación: 28 de julio de 2021

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144

Textiles. Primera sesión CCETA-5

Textiles. First session CCETA-5

Elizabeth Bolívar Ruiz

Artista Plástica | Universidad de Caldas | elizabeth.bolivar.r@gmail.com

Ana Isabel Diez

Artista Plástica | Universidad de Caldas |

Natalia Flórez Valencia

Artista Plástica | Universidad de Caldas | nataflova26@gmail.com

Luisa María Granada Fuentes

Artista Visual| Universidad del Quindío | lu.granadaf@gmail.com

Natalia Montenegro

Artista Visual | Universidad del Quindío | nmontenegrogiraldo@gmail.com

Viernes 4 de diciembre, 2020. Lanzamiento Videos Canal de Youtube Facultad de Artes y Humanidades UCaldas

5:00 pm. Jueves 10 de diciembre, 2020. Foro con los artistas en Fecebook live Banco de la República de Manizales


EL LENGUAJE DE LOS TEXTILES


Elizabeth Bolívar Ruiz

La artista nos narra las historias de sus viajes a resguardos indígenas en los que conoció mujeres que tejen chumbes, sayos, chinchorros, molas y mochilas. Sus experiencias la llevaron a comprender el tejido como una práctica crítica que deja un testimonio de la violencia y la injusticia, pero también como una acción creadora de estados meditativos, un ejercicio que permite la sanación, la resiliencia y la sororidad


AURORA

Natalia Flórez Valencia

La artista comprende el tejido como protección y abrigo, lo encuentra en las tramas del cuerpo, la naturaleza y el mundo. El tejido permite el descubrimiento de las raíces, se trata de un conocimiento que llega a sus manos -como si fuera un recuerdo- gracias a las enseñanzas de los pájaros, de su madre y de su abuela.


ATAVÍOS, CONFECCIONES VITALES

Natalia Montenegro y Luisa María Granada Fuentes

La exposición fue realizada con el apoyo curatorial de Esteban Sánchez. Las dos jóvenes artistas comprenden los textiles como una materialidad cargada de memoria y afectos. Los costureros, los vestuarios escultóricos y las colchas de retazos son algunas de las estrategias artísticas que utilizan para invitarnos a vernos a nosotros mismos.


UNA PRÁCTICA (DES)BORDADA

Ana Isabel Diez

La artista trabaja la relación entre la mujer y el territorio. Sus obras cuestionan la violencia de género y proponen formas de sanar por medio de talleres, prácticas artísticas comunitarias, entramados y tejidos.


FORO


Cartel: Leandro Ocampo Morales

CREATIVIDAD Y CAOS. Entrevista a Camila Ramos Rodríguez

Creativity and chaos

Por: Sofía López Duque

Estudiante de Artes Plásticas | Universidad de Caldas | sofia.11910982@ucaldas.edu.co  

Figura 1. Laura Ramos (2021). Caos reinará. [Ilustración]. Manizales: Cortesía de la artista.

Camila Ramos Rodríguez (Manizales, Colombia 1996) es una activista feminista que convirtió las artes plásticas en su lenguaje de protesta, por medio de la interconexión entre el feminismo, el dibujo y el punk, propone obras para encender el corazón en fuego de lucha y llenar la mente de preguntas sedientas de respuesta. Trabaja en colectivas de arte y feminismos como Maleza y Bandidas. La primera se dedica a convocar mujeres para conversar temas de relevancia y la segunda, se enfoca en pintar murales con mujeres transeúntes.

Sofía López: Esta entrevista se hace con el fin de conocer un poco más de cerca tu visión de ser mujer y artista, especialmente tus tránsitos por los feminismos, el punk y el dibujo. Para comenzar quisiera preguntar ¿Cómo te reconoces?

Laura: Hasta ahora me reconozco como una mujer anarcofeminista y dibujante. He llegado aquí después de divagar por diferentes espectros creativos. El dibujo es la herramienta que me permite conectar lo que pienso y lo que siento con el mundo, es una constante en mi lenguaje plástico. Desde que entré a estudiar artes comencé a conectar con el dibujo desde un aspecto muy personal, autobiográfico, me permite hablar de mi cotidianidad, de lo que me importa, mis amigas y mis espacios cercanos. Siempre he amado dibujar, es una acción diaria para mí.

La indagación en el dibujo se daba en espacios de juntanza con amigas, de allí surgían planes y acciones que, vistas desde hoy, eran feministas y no lo sabíamos. Estar juntas nos llevó a lo otro, lo otro fueron los feminismos. Lo primero que hicimos con amigas y mi hermana fue un fanzine que se llamó Maleza. Después Maleza se transformó en una colectiva de arte y feminismos con la que llegamos a dar talleres en el Centro Cultural del Banco de la República de Manizales y posteriormente en muchos espacios de la ciudad, incluso en otras ciudades de Colombia. Con todo eso me di cuenta que soy más feminista que dibujante, aunque ambas cosas van de la mano.

Sofía: ¿Qué es un fanzine?

Laura: El fanzine es una revista aficionada muy versátil. Por un lado, generalmente, es hecha con las uñas y con muy pocos recursos, incluso sin recursos, bajo la premisa de «hazlo tú misma». No podemos esperar que una editorial censure, modifique o mutile lo que queremos comunicar o que, en su defecto, saque una revista con el tema que a mí me llama la atención para buscarla y comprarla. Más bien, yo misma lo hago, indago, investigo, lo diagramo, lo imprimo, lo saco a la calle y lo difundo. Por otro lado, dada su versatilidad es común encontrarlos de todos los tipos, temas, precios, técnicas y acabados, igualmente varía la destinación del dinero que se obtiene con ellos pero principalmente están dirigidos a sostener economías independientes. Los fanzines se pueden intercambiar por más gráfica, regalar o vender para recuperar la inversión y poder sacar más números. Esto es lo que normalmente hacemos las fanzineras.

En conclusión, el fanzine es una publicación muy barata, hecha con mucho corazón, con muchas ganas de no esperar, con un deseo inmenso de compartir contenido sin pretensiones editoriales; tiene muy fácil difusión y puede esparcirse entre continentes debido a que es inherente la idea de piratea y difunde.

Figura 8. Laura Ramos (2020). Qué vivan los libros libres. [Ilustración]. Manizales: Cortesía de la artista.

Sofía: ¿Cómo definirías el punk y como entra esta escena en tu obra?

Laura: A mí me gusta el punk desde que estaba chiquita, ha sido una línea que ha direccionado mi trabajo y las búsquedas que he hecho teóricamente pero no me atrevo a definirlo o encuadrarlo en márgenes estrechas, es una forma de vivir contraculturalmente. Mi interés principal o por lo menos a lo que me estoy dedicando ahora es a hallar la relación de las mujeres en los espacios contraculturales y como lo manifiestan visualmente. Ahí entra el fanzine, pues es súper underground. En los 90’s el punk comenzó a crecer y el fanzine se convirtió en la herramienta por excelencia de difusión de los contenidos y la teorización de las personas que se enuncian desde el punk. Siento que todo tiene que ver, lo que dibujo está condicionado por la música que escucho y los espacios que frecuento. A grandes rasgos, mi dibujo está condicionado por lo que soy, pienso y siento. Aunque el punk sea un espacio hostil, yo siento que esa misma hostilidad hace que el trabajo tome cierta línea. No solo por el estilo que adquiero, si no por las cosas que me estoy preguntando y lo que estoy investigando.

Figura 9. Laura Ramos. (2021). Sin título. [Ilustración]. Manizales: Cortesía de la artista.

Sofía: ¿Al día de hoy sientes algún tipo de empoderamiento por ser mujer?

Laura: La palabra “empoderamiento” me resulta algo compleja porque es ambigua, tiene un contenido muy gris que, en este momento, no permite diferenciar lo que abarca. La palabra ha sido cooptada y utilizada por el mercado para hacernos creer que comprarle a X marca, comer en tal lugar, estar en cierto gimnasio, tener ciertos discursos, aliarse a ciertas personas etc., nos hace “más” mujeres y “más empoderadas”. Afirmación que claramente no es cierta porque cada mujer encuentra sus lugares de enunciación y no son precisamente los mismos, la fuerza y la resistencia no están en los comerciales.

Realmente, no sé si pueda decir que soy una mujer empoderada pero sí creo que he encontrado, por ahora, un gran lugar que es el dibujo para sentirme poderosa y útil en esta ardua tarea de resignificar nuestra existencia lejos del patriarcado, prejuicios, racismo, sexismo, clasismo y demás comportamientos e ideas que violentan nuestra vida y existencia en condiciones dignas y equitativas. Hay muchos frentes desde los que podemos trabajar en pro de esta tarea y crecer personalmente, autocuidarnos, amarnos sin romantizar el amor propio, reconocer nuestros errores y aciertos. El dibujo es el mío. El hecho de ser mujer y artista, además, hace que una se eche al hombro ciertas responsabilidades, que no son una carga, si no unas luchas a las que una le entrega la vida. Yo pienso que la vida no sería lo mismo si una no la pusiera en función de algo, en mi caso lo importante es el dibujo y los feminismos. Mi lucha es esa, junto a otras chicas hacer visibles nuestras preocupaciones e ideas, transformarnos y transformar nuestros espacios más cercanos.

Sofía: ¿Tienes algún modelo a seguir?

Laura: Sí, tengo muchos pero hace tiempo que destruí la idea de idolatrar grandes artistas de libros viejos cuya obra no respondía en lo más mínimo a las necesidades de mi generación y el lugar del mundo desde donde me enuncio. Claramente su trabajo enriquece lo que una es y hace pero no son mis ídolos. Mis referentes son mis amigas, mujeres reales que son conscientes, coherentes y comprometidas, mujeres con las que me siento identificada por la forma en la que piensan, sienten y perciben el mundo. Para no extenderme más, resumiré que son mis modelos en cuanto a constancia y persistencia, referencias de toda una vida en medio de la creatividad y el caos.

Figura 10. Laura Ramos. (2020). Sin título. [Ilustración]. Manizales: Cortesía de la artista.

Sofía: ¿En qué proyecto has trabajado recientemente?

Laura: «La culpa femenina» es el fanzine que coeditó el colectivo feminista Somos Hiedras (Medellín), junto a Dr Fausto (Manizales). Dr. Fausto una es una publicación hecha por Ed Muñoz y Reptil, ellos son diseñadores, fanzineros e historietistas y en esta edición, invitaron únicamente mujeres para dibujar sobre la culpa femenina. Yo dibujé esa culpa desde mi percepción, esas cargas que nos echamos encima, el peso de lo cotidiano, de lo que significa ser una mujer y estar inmersa en el enorme engranaje del trabajo asalariado pero al mismo tiempo querer corresponder al trabajo doméstico, la carga que significa escuchar a los demás y ser receptiva siempre, ser responsable por el bien de esos vínculos afectivos, todas esas cosas que generan pesadez y cansancio emocional para luego como en la sexta viñeta decir: NO, detengan todo, estoy cansada, no quiero esto, yo lo que quiero es irme lejos, para el monte, ser una anarquista primitivista, no tener que ser responsable por todas esas cosas de mierda, ADIÓS. Así mismo la idea fue invitar sólo mujeres para abordar ese tema desde distintos bandos, una juntanza que hizo visible nuestro trabajo; ahí está Nube, Kathiushka, Cindy elefante y otro montón de chicas demasiado tesas con las cuales me siento muy orgullosa de compartir páginas.

Sofía: Las mujeres han cambiado la historia a lo largo de los años desde las tinieblas, en las sombras de hombres que tomaron el crédito por sus hazañas, como magia cambiaron el mundo, reconstruyeron ciudades destruidas, innovaron el pensamiento, le dieron vida y teta a los más grandes personajes de la historia, mis bellas mujeres, son brujas poderosas. Esta hermosa entrevista me dejo claro que desde el arte tenemos una responsabilidad muy clara de luchar y que como mujeres tenemos la un camino por despejar. Que nuestras historias pueden ser escuchadas y que debemos hacer que se escuchen. Que no estamos solas, pues nos tenemos a nosotras mismas para seguir, para impulsarnos más cada día, para inspirarnos, admirarnos y dar todo lo que tenemos por cambiar la historia. Muchas gracias por el conocimiento brindado.

Como citar:
López, S. (2021). Creatividad y caos. Entrevista a Camila Ramos Rodríguez. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo. 1 (3).  Disponible en: https://portalerror1913.com/2021/06/01/creatividad-y-caos/

Fecha de recibido: 14 de Diciembre de 2020 | Fecha de publicación: 1 de Junio de 2021

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144X

DESOBEDIENCIA ESTÉTICA. La paradoja de enseñar en la trinchera*

Aesthetic disobedience. The paradox of teaching in the trench.

Por: Pedro Antonio Rojas Valencia

Profesor del Departamento de Artes Plásticas | Universidad de Caldas | pedro.rojas@ucaldas.edu.co

pedro.rojas@ucaldas.edu.co

Figura 1. Rojas, Pedro. (2019). Marcha estudiantil [Fotografía]. Manizales.

* La primera versión de este texto se realizó a manera de conferencia el viernes 6 de diciembre del 2019, en el marco del Festival Trinchera Artística. Actividad que tuvo lugar en La toma del Palacio de Bellas Artes de Manizales-Colombia, por parte de la asamblea de estudiantes de Artes Plásticas de la Universidad de Caldas. En el momento en que se publica este texto el movimiento estudiantil ha creado un espacio de difusión también denominado Trinchera artística por medio del cual se encuentra realizando distintas manifestaciones de activismo artístico en el marco del Paro Nacional 2021. Sus trabajos pueden ser visitados en las redes sociales del proyecto @trincheraart_ucaldas.

“El someterse a las leyes de la moral puede deberse al instinto de esclavitud, a la vanidad, al egoísmo, a la resignación, al fanatismo o a la irreflexión. Puede tratarse de un acto de desesperación o de un sometimiento a la autoridad de un soberano.”

Nietzsche, Aurora

El 2007 fue uno de los años más difíciles de mis estudios universitarios. Colombia se encontraba padeciendo la presidencia -por casi una década- de un político ególatra de extrema derecha. La vigilancia militar de la educación pública era evidente, expresarse con libertad se pagaba con la persecución, el exilio o la muerte. Me estremezco al recordar los arrestos injustificados de algunos de mis compañeros y maestros. Ese mismo año, el 5 de junio, a las tres de la madrugada, el Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) ingresó violentamente a la sede central de la Universidad de Caldas. En medio de la noche y los gases, hombres armados arremetieron contra estudiantes y profesores, recuerdo los heridos, los daños en los edificios, el terror, la tristeza y la impotencia. En uno de los baños alguien escribió con marcador negro: “La universidad ha sido tomada, no se puede estar a salvo en ninguna parte”.

A pesar del miedo y la persecución, los estudiantes realizamos obras de teatro, conciertos y recitales de poesía, también sacamos las sillas a la avenida principal y tomamos clases en los bloqueos. En un foro académico, compartí un ensayo sobre una novela, en la que se narra la historia del asesinato del estudiante Luis Fernando Barrientos, altercado que terminó en la quema de la sede administrativa de la Universidad de Antioquia. En aquel entonces, y todavía hoy, me encuentro sorprendido por la manera en que la historia parece repetirse [1]. Desde entonces, estoy convencido de que el arte es más sincero que los libros de historia oficial y gran parte del periodismo colombiano. Las prácticas artísticas han dejado numerosos testimonios de la manera en que el gobierno ha desatendido la educación y se ha encargado de atemorizar a la juventud.

Figura 2. Anónimo. (2007). Toma de la Universidad de Caldas [Fotografía]. Manizales: Lo que le hicieron a la Universidad de Caldas.
Figura 3. Anónimo. (2007). Toma de la Universidad de Caldas [Fotografía]. Manizales: Lo que le hicieron a la Universidad de Caldas.

Tomé la decisión de comenzar este ensayo recordando el miedo y los tormentos que tuve que vivir en mi época de estudiante, pero también las formas en que el arte hizo parte de nuestras luchas estudiantiles. Quisiera hablarles de la desobediencia como estrategia estética y artística [2]. El escritor Henry David Thoreau fue uno de los primeros pensadores en escribir sobre este tema. En su ensayo La desobediencia civil, relata que fue arrestado por negarse a pagar impuestos, su desobediencia se debía a que las leyes norteamericanas eran profundamente injustas. Los impuestos estaban destinados, entre otras cosas, a financiar la esclavitud y la invasión militar del territorio mexicano. La conclusión a la que llega es que en un gobierno racista, esclavista y colonial, la cárcel es el único camino para los ciudadanos honrados:

No he pagado el impuesto electoral desde hace seis años. Con este motivo se me mandó una vez a la cárcel, por una noche. Mientras examinaba las macizas paredes de pura piedra, de una vara de espesor; la puerta de madera reforzada con hierro, de un pie de espesor, y el ventanillo enrejado por donde se colaba la luz, no pude dejar de asombrarme ante la torpeza de una institución que me trataba como si yo fuese únicamente de carne y hueso, pura materia que se puede encerrar bajo llave. No dejaba de maravillarme que hubiese llegado a la conclusión de que este destino era el que más me convenía, y jamás hubiese pensado en aprovechar mis servicios en otra forma. Me di cuenta de que, si había un muro de piedra que me separaba de mis paisanos, había otro más difícil de transponer o traspasar antes de que ellos pudieran estar tan libres como yo estaba. Ni por un momento me sentí preso, y esas paredes me parecieron un derroche inútil de piedra y cemento. (…) No pude dejar de sonreír al verles cerrar meticulosamente la puerta y dejarme a solas con mis pensamientos, sin sospechar que éstos les seguían sin tropiezo alguno, y en realidad solamente en esa parte de mi persona era donde estaba el peligro. Visto que no podían tocarme en lo íntimo, habían resuelto castigar mi cuerpo, igual que esos muchachos que no pudiendo molestar directamente a alguien contra quien tienen inquina, se contentan con maltratar a su perro. Me di cuenta de que el Estado es medio idiota, comprendí que no sabe distinguir sus amigos de sus enemigos, y perdí el escaso respeto que todavía sentía por él, y le tuve lástima. (…)El sitio más apropiado hoy día, el único lugar que el Estado de Massachusetts ha proveído para sus espíritus más libres y menos resignados, está en una celda, a fin de excluirlos de la comunidad del Estado por sus estatutos como ya ellos se excluyeron a sí mismos al dictado de su conciencia”. (Thoreau, 2012, p. 65)

Las leyes no siempre concuerdan con la justicia y -a pesar de ello- los sistemas legales no suelen estar preparados para aceptar excepciones (se cree que la ley no debe justificar la violación de la ley). Thoreau nos invita a cuestionar el cumplimiento ciego de la ley cuando justifica la opresión, el hambre y la injusticia: “La ley no ha hecho nunca a los hombres ni una pizca más justos, y a causa del respeto que les infunde, aún los hombres mejor dispuestos se convierten a diario en agentes de la injusticia” (Thoreau, 2012, p. 20). Esta reflexión se dirige especialmente a las personas que pertenecen a las fuerzas militares: “Un resultado natural y bien conocido del respeto por la ley, es que se vea el espectáculo de una fila de soldados, con su coronel, capitán, cabos y sirvientes de batería, marchando en admirable orden por cerros y quebradas con destino a la guerra, contra su voluntad, y lo que es peor todavía, contra su sentido común y su conciencia” (2012, p. 20).

Hace poco policías atacaron las residencias universitarias y arrestaron a un estudiante de artes plásticas que buscaba refugio en medio de las manifestaciones. Esa noche los profesores del programa nos preocupamos terriblemente y buscamos todos los medios que tuvimos a disposición para evitar que la fuerza pública lo violentara, temíamos que fuera torturado o desapareciera [3]. Una vez el estudiante nos informó que se encontraba bien, muchas preguntas quedaron en el aire ¿Cómo es posible que el Estado ataque sus propias instituciones? ¿Por qué la fuerza pública persigue a los jóvenes con sevicia? ¿Por qué los funcionarios están tan dispuestos a seguir órdenes infames? ¿Qué es aquello que los obliga a obedecer, incluso en contra de su voluntad o en contra de la integridad de personas inocentes? Me sorprende la manera en que el Estado colombiano funciona como un aparato con engranajes mecánicos. Como en la época de Thoreau, abundan funcionarios dóciles, movidos por automatismos y jerarquías, han sido despojados de cualquier tipo de libertad:

“La masa de los hombres sirve así al Estado, no como hombres primordialmente, sino como máquinas, meramente con sus cuerpos. Componen el ejército regular, las milicias, carceleros, alguaciles y patrullas, etc. En los más de esos casos no existe en absoluto el ejercicio del juicio propio o del sentido moral; pero se ponen al nivel de la madera, el hierro y la piedra; y es posible que se pudiese construir soldados de palo que sirvieran tan a propósito como los otros. Tales criaturas no despiertan más respeto que un espantapájaros o un montón de tierra” (Thoreau, 2012, p. 32)

¿Hasta qué punto una persona puede perder su libertad individual? ¿Al obedecer mandatos injustos su rostro en el espejo será el mismo? Su imagen se tornará turbia, irreconocible, porque -quizá sin saberlo- lo ha perdido todo, por lo menos se ha perdido a sí mismo. Un ciudadano debería tener el derecho de no ser partícipe de las injusticias que condena. Por esta razón, Thoreau afirma: “Me cuesta menos, en todo sentido, incurrir en las penas de desobediencia al Estado que lo que me costaría obedecerle” (2012, p. 33). Cuando la maquinaria gubernamental nos lleva al límite de lo tolerable, se hace necesario cambiar su funcionamiento: “si el mandato fuera de tal carácter que quisiera obligarnos a cometer una injusticia contra uno de nuestros semejantes, entonces mi opinión es que se quebrante la ley” (2012, p 23).

Ahora bien, la desobediencia civil no se puede confundir con la desobediencia criminal, la primera -­que es la que nos interesa- radica en acciones públicas no violentas [4]. Casi siempre realizadas por personas -como Thoreau o Sócrates- dispuestas a soportar el castigo por ir contra la ley. Hannah Arendt considera que este “autosacrificio” no es necesario cuando se trata de una comunidad de desobedientes, porque su opinión pública cuestiona justamente una legislación injusta: “La desobediencia civil significativa será por eso la practicada por una comunidad de personas que posean una comunidad de intereses” (Arent, 1999, p. 89). Ahora bien, existe una tercera característica de la desobediencia civil, tanto individual como colectiva, que suele ser pasada por alto: su potencia estética. La efectividad política de la desobediencia civil ha sido cuestionada en el contexto del autoritarismo totalitario, probablemente no habría causado ningún resultado político contundente contra, por ejemplo, el régimen nazi. Sin embargo, en el campo de la estética -incluida tanto de la memoria afectiva como de la sensibilidad- su eficiencia no es discutible. No me parece exagerado sostener que la libertad intelectual, expresiva y sensible de personas como Mandela, Luther King o Gandhi es en sí misma una producción artística. No solo por ejercer el derecho a resistir, sino porque sus acciones fueron poéticas, los gestos de no cooperación con el opresor (Satyagraha) serán recordados por mucho tiempo e inspirarán a muchos jóvenes artistas [5].

La desobediencia estética no tiene por qué hacer referencia exclusivamente a los debates en torno al estilo y la forma de las obras de arte. Sandra Lince Salazar sostiene que a lo largo de la historia del arte se pueden encontrar numerosas rupturas y que “las expectativas del espectador no siempre se agotan en la mera contemplación” (Lince, 2021, p.198). También se pueden identificar rupturas en torno al contenido y las expectativas morales, por ejemplo, si se esperan obras con motivos sublimes y se representan motivos grotescos. Tendríamos que reconocer que el arte también opera discursivamente en contextos políticos, en este sentido, su rebeldía puede rastrearse en su accionar público, como ruptura de los regímenes visuales dominantes, como testimonio de la injusticia y como posibilidad de creación de nuevas formas de sociabilidad y encuentros con los otros. Generalmente, se cree que las personas deben seguir los dictámenes de la mayoría; sin embargo, en Colombia, la mayoría -paradójicamente- suele estar representada por una minoría que demuestra ampliamente su incompetencia. Desde mi perspectiva, hace falta que un artista nos recuerde de vez en cuando que “para respetar al Estado, el Estado debe ser respetable”.

El día de hoy los estudiantes de Artes Plásticas se han tomado el antiguo Palacio de Bellas Artes y han propuesto una agenda de actividades culturales a las que llamaron Trinchera artística. Por esta razón, les he hablado de un escritor que tomó la decisión de vivir a las orillas del lago Walden y construyó su casa de madera haciendo una pequeña excavación en la tierra que le permitiera soportar el invierno. Atrincherado como estaba, experimentó el placer -así fuera por unos pocos años- de crear otra forma de vida, alejado del mundo que lo atormentaba. Hoy en día esos lugares son escasos, el control al aire libre es más temible que antaño, parece más difícil enfrentar aquello que nos aqueja. Me parece, entonces, muy significativo que los jóvenes artistas creen su trinchera, un lugar en el que se sientan medianamente seguros, en el que puedan escapar de las formas más directas del fuego enemigo (excavan en la tierra para tomar distancia de la muerte y tener la oportunidad de expresarse libremente). 

Figura 4. Asamblea de estudiantes de Artes Plásticas. (2019). Evento trinchera artística [Programación]. Manizales: Palacio de Bellas Artes.
Figura 5. Asamblea de estudiantes de Artes Plásticas. (2019). Evento trinchera artística [Programación]. Manizales: Palacio de Bellas Artes.

Quisiera terminar reconociendo que esta es la primera vez que soy convocado a hablar en una asamblea ocupando la figura de profesor, así que me parece ineludible preguntarme por el papel de los maestros en tiempos de abusos estatales y movilización social. En mayo del 68, Jean-Paul Sartre fue invitado por sus estudiantes a dar un discurso y al ingresar al auditorio encontró en el escritorio un papel con una nota que decía: “Sartre, sé breve”. En momentos que requieren acción directa, el tiempo para la reflexión es escaso, mucho más si se trata de escuchar discursos de los maestros. Los estudiantes que escribieron en las paredes “prohibido prohibir”, seguramente, estaban cansados de escuchar clases magistrales, actitud comprensible si pensamos en lo insensato que puede llegar a ser pasar la juventud repitiendo monólogos más o menos eruditos. A pesar de la devoción (o abnegación) de algunos estudiantes, vale la pena preguntarnos ¿Por qué sería una prioridad, en el contexto de un movimiento estudiantil, escuchar a los maestros? La pregunta puede ser más precisa: ¿Si el profesor es alguien que debe ser escuchado y obedecido, cómo puede enseñar a sus estudiantes a ser más libres, pensar por sí mismos y desobedecer? Quizá sea hora de cuestionar la educación y dejar de entenderla como una suerte de religión en torno a la inteligencia. No tiene sentido dividir a los humanos en seres superiores e inferiores simplemente por el papel que ocupan en una institución. Los maestros no somos genios, guías, faros o pastores de un rebaño; nuestro papel no consiste en cambiar las conciencias, corregir el camino, esclarecer enigmas o ser portadores de la verdad. Quienes suponen este tipo de cosas no solo sobreestiman a los maestros, sino que -sin saberlo- niegan la inteligencia, la autonomía y la capacidad de los estudiantes de encontrar sus propios caminos. Ahora bien, cuando se amenaza la educación pública, en un contexto de opresión y totalitarismo, debe decirse que profesores y estudiantes tienen intereses comunes. Quizá, entonces, los maestros debamos aprender de los estudiantes que se encuentran en las calles, aquellos que realizan performances, cantos, murales y carteles. En este país infame que asesina a los jóvenes que se manifiestan pacíficamente, son los estudiantes quienes nos enseñan la importancia de la rebeldía [6]. Estoy convencido de que la única forma de enseñar la libertad es intentando ser lo más libres posibles, la única forma de enseñar a desobedecer es desobedeciendo.


Notas

[1] El ensayo que escribí para aquel foro se titula Alaridos en el desierto (2011) y fue publicado en la revista de estudiantes de filosofía Cazamosacas.

[2] Oscar Quintana realiza una definición muy precisa de la desobediencia civil: «un acto político, razonado, público y no violento, por medio del cual una parte de los integrantes de la sociedad presentan una serie de razones y argumentos para desobedecer una ley o marco legal que perjudica sus intereses grupales y que tiene como objetivo último generar unas dinámicas de cambio al interior del orden institucional para que se corrijan una serie de fallas presentes en el mismo.» (2009, p. 47)

[3] Julio Cortázar señala que el fenómeno de los desaparecidos, en el marco de las dictaduras latinoamericanas, es una estrategia muy efectiva para infundir miedo y a la vez inmovilizar a los opositores de los regímenes totalitarios: «Quienes han orquestado una técnica para aplicarla mucho más allá de casos aislados y convertirla en una práctica de cuya multiplicación sistemática han dado idea las cifras publicadas a raíz de la reciente encuesta de la OEA, saben perfectamente que ese procedimiento tiene para ellos una doble ventaja: la de eliminar a un adversario real o potencial (sin hablar de los que no lo son pero que caen en la trampa por juegos del azar, de la brutalidad o del sadismo), y a la vez injertar, mediante la más monstruosa de las cirugías, la doble presencia del miedo y de la esperanza en aquellos a quienes les toca vivir la desaparición de seres queridos. Por un lado se suprime a un antagonista virtual o real; por el otro se crean las condiciones para que los parientes o amigos de las víctimas se vean obligados en muchos casos a guardar silencio como única posibilidad de salvaguardar la vida de aquellos que su corazón se niega a admitir como muertos» (1984, p. 72)

[4] La desobediencia criminal radica en prácticas delincuenciales contra el orden legal, se diferencia tanto por sus intenciones como por sus medios de la desobediencia civil. Hannah Arendt realiza la siguiente distinción: “La desobediencia civil está acompasada a cambios necesarios y deseables o a la deseable preservación o restablecimiento del Statu quo (…) En ninguno de los casos puede equipararse la desobediencia civil con la desobediencia criminal. Existe toda la diferencia del mundo entre el delincuente que evita la mirada pública y el desobediente civil que desafía abiertamente la ley. La distinción entre una abierta violación de la ley, realizada en público, y una violación oculta, resulta tan clara que sólo puede ser desdeñada por prejuicio o por mala voluntad (…) Aunque es cierto que los movimientos radicales, y desde luego las revoluciones, atraen a los elementos delictivos, no sería prudente ni correcto igualar a ambos; los delincuentes son tan peli­grosos para los movimientos políticos como para la so­ciedad en conjunto. Además, mientras que la desobediencia civil puede ser considerada como indicio de una sig­nificativa pérdida de la autoridad de la ley (aunque difícilmente puede ser estimada como su causa), la desobediencia criminal no es más que la consecuencia inevitable de una desastrosa erosión del poder y de la competencia de la policía. (Arendt, 1999, p. 80)

[5] Oscar Quintana, en su artículo La desobediencia civil revisitada, señala que los movimientos de no-cooperación, tienen el propósito de «generar el colapso o cambio del sistema, debido a que las personas encargadas de ponerlo en funcionamiento y darle apoyo se niegan a cumplir ese papel (…) El movimiento de no cooperación más importante ha sido el Satyagraha, por medio del cual Gandhi logró la liberación de la India, a través de la parálisis de todo el sistema de administración colonial ingles» (2009, p.46). Aquí es importante recordar el derecho de resistencia, contemplado por constituciones como la norteamericana y la francesa, el cual hace referencia a «la potestad –sin duda de origen iusnaturalista- que una comunidad política tiene para oponerse al gobernante que no garantiza los fundamentos de su eticidad o que pretenda atropellar arbitrariamente al colectivo que gobierna» (2009, p. 44).

[6] Orlando Fals Borda, fundador del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Nacional, resalta la importancia histórica de los cismas ideológicos que conducen a transformaciones sociales: «Con el correr del tiempo y el descubrimiento de las nuevas perspectivas sociales, los llamados “subversores” pueden llegar a ser héroes nacionales o mártires y santos seculares. por eso luego se canonizan o veneran. recuérdese al monje savonarola, tan subversivo y herético en sus días, que hubo de ser quemado vivo. Hoy es respetado y va en camino a los altares. Recuérdese a los otros rebeldes de la historia —Jan Hus, Lutero, Espartaco, Moisés, para hablar de los más antiguos—, a quienes hoy se adscriben funciones positivas de regeneración o renovación social. Reléase la historia de las naciones y véanse los casos concretos de la llamada “subversión” que en los momentos de su aparición no fueran arduamente criticados, acerbamente incomprendidos, mil veces cruentamente sofocados por personeros de la tradición cuya estatura moral no alcanzaba ni al tobillo de los revoltosos, y cuya causa de defensa del orden no podía ser justa» (2009, p. 386).

Referencias

Arendt, H. (1999). Desobediencia civil. En Crisis en la república. Guillermo Solana (Tdr.). Bogotá: Taurus.

Cortázar, J. (1984). Argentina: años de alambradas culturales. Barcelona: Muchnik Editores.

Fals-Borda, O. (2009). La subversión justificada y su importancia histórica. En Una sociología sentipensante para América Latina. Bogotá: Siglo del Hombre Editores & CLACSO.

Habermas, J. (2000). La desobediencia civil. Piedra de toque del Estado democrático de Derecho. En Ensayos políticos. Ramón García Cotarelo (trad.). Barcelona: Península.

Nietzsche, F-W. (2000). Aurora : pensamientos sobre los prejuicios morales. Germán Cano (trad.). 2ed. Madrid: Biblioteca Nueva.

Lince, S. (2021). Buscando Lineamientos Éticos para la Investigación-Creación: Tres Tensiones Éticas de la Producción Artística. [Ponencia del VII Diálogo sobre Ética de la Investigación].Bogotá: Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación.

Rojas, PA. (2011). Alaridos en el desierto: «El olvido que seremos». Revista Filosófica y Literaria Cazamoscas . (5) 6.5. Disponible en: https://goo.gl/NjmUkU

Rojas, PA. (2010). El aparato de estado contra la máquina de guerra. Revista Némesis . (1) 2. Disponible en: https://drive.google.com/file/d/1c0aqtESS7v4JHDYR8-5Miemf2jWvMDoq/view?usp=sharing

Quintana, O. (2009). La desobediencia civil revisitada. Problematicidad, situación y límites de su concepto. Co-Herencia, 6(10), 43-78. Recuperado a partir de https://publicaciones.eafit.edu.co/index.php/co-herencia/article/view/108

Thoreau, H-D. (2012). Desobediencia civil. Sebastián Pilovsky (trad.). México: Tumbona Ediciones.

Cómo citar:

Rojas, P. (2021). Desobediencia estética. La paradoja de enseñar en la trinchera. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo1 (3). Disponible en: https://portalerror1913.com/2021/05/24/ensenar-a-desobedecer/

Fecha de recibido: 15 de mayo de 2020 | Fecha de publicación: 24 de mayo de 2021

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144X