EDITORIAL: PUNTOS Y PUENTES, EL JUEGO DE UNIR COINCIDENCIAS

Por: Jennifer Rubio Leal

Artista Plástica | Universidad de Caldas | js.rubio95@gmail.com

Encontrar semejanzas y coincidencias dónde en apariencia nos las hay, podrá parecer una tarea sin sentido, aún más, cuando hemos aprendido de manera automática a guardar distancia y a desconfiar de quienes nos rodean. El otro, ese que no somos, nos resulta extraño y, por supuesto, lejano ¿Podemos construir puentes a pesar de ello? ¿De las diferencias? No lo dudo ¿Valdrá la pena intentarlo? Siempre.

Ahora, no puedo evitar pensar en esos dibujos de la infancia que consistían en ir uniendo puntos para al final, después de seguir el camino, poder tener una imagen completa, un todo. Un dibujo construido por distintos puntos regados sobre la hoja. 

En esta edición hay varios puntos que se unen, aunque a primera vista parecieran lejanos y sin relación. Pero a medida que vamos recorriendo las palabras, unimos los puntos, veremos el dibujo completo. Una congregación de voces, de diferentes latitudes, ideas, cuerpos, que comparten preguntas, exploran identidades y sobre todo, cuestionan lo establecido. Coinciden, no de manera evidente, si no al contrario, a través de una línea sutil, que solo necesita un poco de detenimiento para verse.

Me parece pertinente, compartir con ustedes, mi definición de coincidencia, para que partamos de una misma idea y esa es, punto de encuentro, el lugar donde chocamos, la intersección de dos o varias líneas sobre el plano y lo menciono porque Portal Error también es ese lugar: un punto de encuentro.

Antes de empezar a escribir este texto y saber qué rumbo tomaría, cómo hacer una introducción adecuada, fueron los textos dentro de estas páginas quienes me dieron la respuesta. Parecerá absurdo y hasta obvio, porque supongo que en eso consiste escribir un texto editorial, dejar que los textos hablen; pero, en mi labor cotidiana, colecciono coincidencias, estoy atenta a ellas, las guardo en una libreta y encontrarme con preguntas similares dentro de los textos que aquí convergen, me pareció, aunque suene redundante, una linda coincidencia.

Yo también emprendí la tarea de encontrar las cosas en común, de unir los puntos. Qué al final, no es otra cosa que construir comunidad (Común-unidad). Con esto no quiero decir que solo con las semejanzas se pueden construir cosas, por el contrario, es nuestra tarea la de trazar puentes aún cuando parece que no tenemos nada que nos una. Buscar las coincidencias y conversar en torno a las diferencias, escucharlas, compartirlas, empatizar con ellas. Al final, la diferencia es inevitable, de cierta forma, es lo que potencia la vida y es también a través de ella que la comunidad se enriquece.

Pienso en los monocultivos y en el bosque tropical, la tierra se agota en el primero, mientras que, en el segundo se mueve, se transforma, está latente y cambiante. No es una sola cosa, es muchas a la vez. Reitero, la vida se potencia con la diferencia y aquí, aunque parezca que un texto sobre arte no tiene nada que ver con un bosque tropical, se encuentran en algún punto, como en este texto por ejemplo. Así la vida y las, los, les autores que se congregan en esta edición lo hacen como un acto de rebeldía, de resistencia y de esperanza. La rebeldía de juntarnos aunque al parecer no haya sentido, la esperanza que genera la unión de voces diversas y sentidas.

En esta edición la rebeldía tiene múltiples formas y abarca muchas aristas, tiene la forma de cuerpos que cuestionan lo establecido, que construyen espacios seguros, que parten de lo íntimo y lo hacen público. De las relaciones con los territorios y la naturaleza, de senti-pensar el espacio y sus elementos. La rebeldía de apropiarse de discursos y darles la vuelta. La rebeldía de nombrar lo innombrable. De encontrar semejanzas, de ir contracorriente.

Estas páginas que proceden son voces que invitan a construir puentes, a observar de manera distinta. Son un punto de encuentro y ahora que estamos aquí, espero, podamos unirnos a ellas.

Cómo citar:

Rubio, J. (2020). Editorial: Puntos y puentes, el juego de unir coincidencias. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo. 2 (1). Disponible en: https://portalerror1913.com/2021/10/24/puntos-y-puentes/

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144X

CONTRASTES. Sobre Saudade de Santiago Rubio López

CONTRAST. About Saudade by Santiago Rubio López

Por: Valeria Arredondo Molina

Estudiante de Artes Plásticas | Universidad de Caldas | sofia.11910982@ucaldas.edu.co

Figura 1. Rubio, Santiago. (2019). Saudade [Paisaje Sonoro]. Manizales: Festival Internacional de arte contemporáneo.

Saudade es una obra audiovisual realizada por Santiago Rubio López que se ha presentado en dos versiones del Festival Internacional de Arte Contemporáneo, en la ciudad de Manizales, Colombia [1]. El evento busca ser una plataforma de divulgación del arte contemporáneo que surge en la escena local, nacional e internacional, así como un espacio pedagógico y de creación para sus participantes. Saudade es una instalación sonora planteada como un acto transgresor de la escucha cotidiana. A partir de grabaciones ambientales de diferentes regiones del país, sonidos de sintetizadores y edición digital de los mismos, se construye un paisaje sonoro que explora una amplia gama tímbrica y diferentes intensidades. El artista busca estimular al oído a través de una experiencia inmersiva dada por la configuración de un sistema de sonido multicanal [2].

Si nos dirigimos a internet a buscar la definición de la palabra “Saudade”, en Wikipedia encontraremos lo siguiente:

“Saudade es un vocablo de difícil definición, incorporado al español del portugués saudade, que expresa un sentimiento afectivo primario, próximo a la melancolía, estimulado por la distancia temporal o espacial a algo amado y que implica el deseo de resolver esa distancia. A menudo conlleva el conocimiento reprimido de saber que aquello que se extraña quizás nunca volverá.”

La definición de este concepto, tan poético y ambiguo, puede predisponernos al escuchar la obra de Santiago, tendríamos la idea de que estamos a punto de enfrentar emociones íntimas y románticas; sin embargo, ese no fue mi caso, conocí la obra antes de siquiera preguntarme el significado de tan particular título.

Al escuchar Saudade, inicialmente te encuentras con sonidos naturales de tipo selváticos y nocturnos; grillos y aves que cantan en medio de los árboles cuyas hojas son movidas por el viento, también contrastantes sonidos industriales y robustos que empiezan a suscitar una sensación de suspenso y anticipación, una sensación de estar inmerso en medio de un escenario casi cinematográfico en el que no sabemos qué se esconde; es inquietante pues los sonidos vienen en oleadas y asimismo las emociones. Cuando van pasando los minutos la sensación se vuelve ligera casi como un arrullo, la selva es ahora un lugar seguro y lleno de magia, apto para dejar volar la imaginación, es el sonido de la calma; enseguida comienza a transportarte a un lugar menos primitivo, más futurista, los sonidos agudos son comparables al metal y los circuitos, creerías que te encuentras dentro de una clásica película sci-fi; para luego caer en otro arrullo de ensueño una vez más, progresivamente los sonidos se agudizan en una última histeria que a un alto volumen podrían ser insoportables y, finalmente, descienden conduciéndote al túnel final donde solo encuentras uno que otro resalto. En general, es una experiencia muy inmersiva, que te transporta a distintos lugares y emociones sin necesidad de mover un dedo, casi que serviría también como un momento meditativo que te entra y te saca de la realidad mientras te mantiene en el presente.

Ahora, al conocer la definición antes mencionada y escuchar la obra sonora repetidas veces, no puedo evitar preguntarme ¿Qué podría ser lo que se extraña? ¿Por qué Santiago decidió llamar a este paisaje dicotómico de esta manera? Si con algo podría relacionarlo, sería con la melancolía del no estar más en el lugar soñado, de ser aventado al futuro tras un profundo sueño, quizás también de la tragedia que enfrenta el medio ambiente versus la civilización hoy en día o la idea de que la humanidad cada día más avanzada en ciencia y tecnología se reconecte con la primitividad de la naturaleza virgen. Es una obra con muchas capas reflexivas que vas descubriendo a medida que transcurre, que se te queda en la mente como una pregunta abierta a la cual no existe respuesta correcta. Finalmente, para Santiago su trabajo está abierto a todo tipo de interpretación que se le ocurra al espectador y, sin duda, con Saudade nos regala el material para imaginar cuantos mundos posibles queramos. En una era en la que pareciera que todo está inventado, valoro especialmente su propuesta que inspira nuevas sensaciones y plantea nuevas preguntas al espectador.

Figura 2. Rubio, Santiago. (2019). Saudade [Paisaje Sonoro]. Manizales, Festival Internacional de arte contemporáneo.

Notas

[1] Saudade es una obra audiovisual presentada consecutivamente en dos versiones del Festival Internacional de Arte Contemporáneo, evento que se realiza en la ciudad de Manizales, Colombia anualmente y busca ser una plataforma para el arte contemporáneo que surge local, nacional e internacional, así como un espacio pedagógico y de creación para sus participantes. Su autor, Santiago Rubio López, oriundo de la misma ciudad, es diseñador visual de profesión y magíster en Diseño y Creación Interactiva de la Universidad de Caldas, se dedica a la producción musical y ha participado como director y organizador de múltiples eventos y proyectos, incluyendo los realizados con el Festival Internacional de la Imagen en varias de sus versiones, actualmente es docente en la Universidad de Pamplona, Colombia. Santiago se ha interesado por explotar los alcances de la creación audiovisual, explorando la relación entre la imagen y el sonido a través de la mezcla de procesos y técnicas digitales que emplean software y hardware.

[2] Santiago describe su trabajo Saudade con las siguientes palabras: “Desde el principio de los tiempos, el mundo nos ha ofrecido un ambiente sonoro en los espacios que habitamos, sin embargo, los múltiples cambios en la cultura y los comportamientos del ser humano en la sociedad actual, han transformado lo que escuchamos y la forma cómo lo hacemos. Automóviles, máquinas, el murmullo propio de la urbe y las músicas que involuntariamente escuchamos en los espacios comunes, se han convertido en el paisaje sonoro natural para el ser humano de esta época. En algunos lugares, el sonido se ha convertido en una masa indescifrable que cubre nuestros pensamientos y que nos arrebata la fantasía del silencio, y pareciera que nos quita la capacidad de detenernos y realizar una escucha reducida del mundo. Aunque puede ser un acto de voluntad, en ocasiones, estos sonidos cubren y opacan nuestros pensamientos, y nos quitan la capacidad de abstraernos de la realidad… de dejar todo atrás y observar el mundo de manera más consciente. Debemos recordar los momentos en los cuales no estamos inmersos en el caos del mundo, esa soledad que nos trasciende a lugares poco deseables; debemos reclamar y hacer consciente la posibilidad de la inacción del cuerpo y la mente, para despertar al movimiento sutil de los sentidos, y rescatar nuestra capacidad de ver la belleza de un mundo que pretende devorarnos. Con base en los anteriores planteamientos se gesta el proyecto Saudade, el cual busca crear un ambiente sonoro -como un acto de decolonización de la escucha cotidiana-, a través de la exhibición de un paisaje sonoro creado con grabaciones ambientales, síntesis análoga, procesamiento y edición digital de sonido. El proyecto explora una amplia gama tímbrica en diferentes intensidades, en momentos de tranquilidad y saturación, buscando estimular el oído, la atención y la experiencia de los asistentes, a través de la espacialización del sonido en un sistema multicanal. Este proyecto se gesta desde los procesos de investigación desarrollados al interior del grupo PaloSeco en la UDI, en la ciudad de Bucaramanga, enmarcado en el macroproyecto Resistencias y re-existencias.”

Cómo citar:

Arredondo, V. (2020). Contrastes. Sobre Saudade de Santiago Rubio López. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 1(4). Disponible en: https://portalerror1913.com/2021/10/19/contrastes/

Fecha de recibido: 15 de agosto de 2021 | Fecha de publicación: 20 de octubre de 2021

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144X

MUERTE EN UNA SALA VACÍA: Una reflexión sobre “Nacer en el vacío” de Martha Isabel Calle

Death in an empty room: A reflection on “Nacer en el vacío” by Martha Isabel Calle

Por: Valentina Grisales Giraldo

Estudiante de Artes Plásticas | Universidad de Caldas | valentina.11714438@ucaldas.edu.co

Figura 1. Calle, Martha Isabel. (2020). Nacer en el vacío [Instalación e intervención fotográfica]. Manizales: Festival de Arte Contemporáneo 2020.

“Un muerto se llenó de vida y mi vida se llenaba un poco de muerte”.

Martha Isabel Calle, 2019

En el 2020, año de la aparición del COVID-19, en la ciudad de Manizales reinaba la conmoción, salir a las calles era una forma de experimentar el vacío mismo. Para este año, el Festival Internacional de Arte Contemporáneo es realizado de manera virtual, debo confesar que la virtualidad y yo tenemos nuestros conflictos, pero no habiendo alternativas más viables, me tocó hacer las paces con ella por un largo tiempo. Las exposiciones estaban localizadas en una recreación bastante ambiciosa de la Pinacoteca de Bellas Artes. La sala era espaciosa, muy blanca, podría decir que desde mi casa -estando detrás de esta pantalla- percibía el olor a pintura fresca, a lugar nuevo o recién remodelado. Paseando por la primera sala, con el olor a pintura detrás de mí, me encontré con las obras, pero con nadie más. La sala estaba completamente vacía.

Figura 2. Calle, Martha Isabel. (2020). Nacer en el vacío [Instalación e intervención fotográfica]. Manizales: Festival de Arte Contemporáneo 2020.

Y la sala seguiría estando vacía, nadie vendría a saludarme y no iba a poder escuchar a la gente opinar sobre las obras; en este momento entendí que estaba sola, con las obras y nadie más. Después de comprender esto y luchar contra el vacío al que me condicionaba la virtualidad, me topé con una serie de fotografías en blanco y negro que llamaron particularmente mi atención. “Nacer en el vacío” decía la ficha técnica [1]. Tengo una fascinación extraña por las fotos familiares que atesoran las personas, me causaba mucha curiosidad saber de quién podría ser esa figura masculina que se repetía constantemente. Me llamaba mucho esa figura fantasmal, que, a pesar de estar yuxtapuesta con otras imágenes, aparecía invariablemente.

Hasta este punto desconocía quien era Martha Isabel Calle, así que me dispuse a buscar información sobre ella. Afortunadamente, pude encontrar información en sus redes sociales y en su página web donde publica y reseña sus propios proyectos. Martha Isabel Calle es una artista nacida y radicada en Cali, Colombia; a la que le interesa reconstruir, a través de la fotografía, historias propias y conflictos en relación con el entorno que la rodea. En su trabajo trata la memoria, el archivo y los hechos autobiográficos [2].

La artista decide desarrollar una serie fotográfica a través de un archivo familiar, en donde se pueden observar cuatro personajes distintos y uno predominante en todas las fotografías; Isabel hace uso de la fotografía análoga y la doble exposición para contarnos su historia. La obra desentraña la razón por la cual su fecha de nacimiento es la misma que el día de la muerte trágica de su tío Carlos, haciendo visible la lucha entre la vida y la muerte.

Carlos, el personaje central de la muestra, se convierte en el punto de quiebre de una serie de duelos, depresiones y lutos que persistieron con el paso del tiempo. Este personaje, hermano de su madre y mejor amigo de su padre ha muerto hace cuatro años y para compensar el dolor del padre, en el día del aniversario de su muerte es programado el nacimiento de la artista. Sin pensarlo, tratando de sanar un duelo, se inicia otro. Un tío muerto y una nueva hija representan los vacíos que se heredan al nacer. En un primer momento, la representación del vacío se realiza a través de superposiciones entre fotografías de seres vivos y la imagen latente de alguien que no termina de ser, pero que siempre está. La representación de una imagen fantasmal que aparece como símbolo de esos lugares ocultos del inconsciente, lo que no se ve pero que permanece.

La fotografía en la piedra puede ser interpretada como una nueva visión de la muerte, un estado simbólico de permanencia, son esos pequeños contenedores de memoria, que perduran, cuentan historias y han sido espías de la existencia de todos los seres que habitamos el planeta. Es precisamente ese ciclo de vida-muerte-vida al que ellas han podido resistir para guardar los secretos más grandes, mientras todo se repite. Como bien dice la artista, ´”la fotografía también es muerte, lo que una fotografía es como evidencia ya no existe, ya pasó.”

Figura 3. Calle, Martha Isabel. (2020). Nacer en el vacío [Instalación e intervención fotográfica]. Manizales: Festival de Arte Contemporáneo 2020.

Con base a esto, me pareció evidente que la muestra fotográfica, denota una gran carga simbólica que sin necesidad de conocer la historia detrás, automáticamente reproduce sensaciones intensas que te hacen cuestionar la razón de los objetos que allí se encuentran. Esas conexiones automáticas que se producen al observar las fotografías yuxtapuestas y las intervenciones fotográficas, son las que permiten deducir las tensiones entre la vida y la muerte. La autobiografía, la memoria y el archivo son conceptos que, a pesar de estar arraigados a una historia individual, se reflejen inevitablemente en la colectividad de la memoria. Es una explosión sinestésica que lleva a relacionarse de manera personal con la artista. El duelo es un estado de permanencia; una roca que no se disuelve, una foto que también es la muerte, muertos que se llenan de vida y vidas que se llenan un poco de muerte.

Figura 4. Calle, Martha Isabel. (2020). Nacer en el vacío [Instalación e intervención fotográfica]. Manizales: Festival de Arte Contemporáneo 2020.

Hablar sobre duelo y manifestarlo artísticamente siempre será importante, más en un país como Colombia donde estamos casi que forzados a lidiar eternamente con las ausencias de miles de seres que han muerto. Así mismo, el arte en este lugar se convierte en un canal que sana conflictos y permite tener esas conexiones con el otro a través de una historia, cada individuo con una memoria diferente que se une a un mismo sentir desde el poder de la colectividad de la memoria. Es por esto que, la obra de Martha Isabel llamó mi atención, una obra particularmente sincera, honesta y transparente ante los espectadores. No todos tienen la valentía de crear narraciones simbólicas para sanar al hablar del duelo, la artista abre una invitación a doler con ella, a comprender la muerte, a identificarse con la pérdida y sobre todo a entender que aún en una sala vacía, la muerte no ha podido ser callada.

Notas

[1] En una entrevista para Fotomeraki, proyecto independiente de promoción de fotografía contemporánea, Martha Isabel Calle describe su propuesta artística con las siguientes palabras: “El presente proyecto fotográfico tiene como finalidad comprender y reflexionar sobre los vacíos que la muerte ha producido en mi familia, llevándola a profundas depresiones, lutos y terrores nocturnos, los cuales han trascendido de generación en generación. La primera razón para realizar este trabajo es desentrañar la historia por la cual la fecha de mi nacimiento es la misma que el día de la muerte trágica de mi tío Carlos, el 1 de octubre en este sentido se convirtió en un día de vida y muerte a la vez. Mi tío era en ese entonces el mejor amigo de mi padre, mi madre para intentar sanar su dolor programó el día de la cesárea para mi nacimiento, justo el día que en que se cumplían 4 años de su muerte: “un muerto se llenó de vida y mi vida se llenaba un poco de muerte”. Por lo tanto, este trabajo de instalación fotográfica presenta cuatro miembros de la familia incluyéndome a mi misma, (mi padre, mi tío muerto, mi hijo y yo), como una representación de los vacíos que se heredan al nacer. Por lo anterior, la obra se compone de 2 momentos: En el primer momento el vacío toma vida a través de yuxtaposiciones, negativos, desgastes y huellas que emergen de las fotografías, en donde también se generan apariciones fantasmales y con cierto aire terrorífico. En un segundo momento, las piedras con nuestros retratos representan nuestras vidas atravesadas por la muerte ¿están las piedras vivas o muertas? Significan el estado de permanencia mientras todo muere y pasa. La fotografía también es muerte, lo que una fotografía es como evidencia ya no existe, ya pasó. El ciclo de vida-muerte-vida permanece también en nuestro cuerpo.” (Calle, 2019)

[2] Martha Isabel Calle es artista, sanadora y gestora cultural caleña, para el Festival Internacional de Arte Contemporáneo la artista presenta su trabajo de la siguiente manera: “Experimento con la fotografía desde hace 15 años, buscando sanar las heridas emocionales a través de mis propias historias y conflictos relacionados con mi familia y las ironías que se producen a partir de lo cotidiano y lo cultural. Por ello trabajo creando fantasías y críticas visuales, expandiendo el uso tradicional de la fotografía y sus narrativas, integrando y mezclando elementos orgánicos, la gráfica, el cuerpo y los objetos. El eje transversal de mi obra trata de los estados de la mente como: violencia-amor, vida-muerte, repetición-desaparición y lo fijo-fluido”. La artista es diseñadora gráfica de la Universidad del Valle, magíster en Teoría del Diseño Comunicacional de la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Profesora de fotografía experimental y fotografía editorial en la Universidad del Valle, Facultad de Artes Integradas y de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales.

Cómo citar:

Grisales , V. (2020). Muerte en una sala vacía: Una reflexión sobre “Nacer en el vacío” de Martha Isabel Calle. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 1(4). Disponible enhttps://portalerror1913.com/2021/10/04/muerte-en-una-sala-vacia/

Fecha de recibido: 3 de agosto de 2021 | Fecha de publicación: 5 de octubre de 2021

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144X

REGRESAR A LAS CASAS DE LA INFANCIA. Sobre el Casario Herbóreo de Ensoñaciones de Sara Camila del Sol Valencia

Returning to the homes of childhood. About Sara Camila del Sol Valencia’s Casario Herbóreo de Ensoñaciones.

Por: Natalia Flórez Valencia

Estudiante de Artes Plásticas | Universidad de Caldas | natalia.11515638@ucaldas.edu.co

Figura 1. Valencia, S. (2019). Casa amarilla. [Escultura arcilla]. Manizales: Casario Herbóreo de Ensoñaciones: Recreando el lugar primario. Cuarto Festival Internacional de Arte Contemporáneo. Fotografía: Natalia Flórez Valencia.

Escribo este texto mientras me tomo una infusión de menta con cidrón y vino tinto; escucho las abejas posarse en las flores del tabaco que creció al lado de mi casa. Los colibrís pasan de flor en flor y pelean por las flores naranjas de los árboles que mi mamá sembró hace algunos años. Me pregunto ¿de dónde viene mi fascinación por las plantas? Nací en 1985, un año particularmente caótico en Colombia. Un país patriarcal, en “vía de desarrollo”, que a pesar de los desastres naturales y otros no tan naturales, creía muy poco en la contaminación ambiental. Las mujeres acudían a la medicina tradicional para curar o manejar el dolor de sus hijos. Corrí con la fortuna de crecer al lado de mi madre y mis dos hermanitos, mientras mi papá trabajaba por nosotros. Ella desde pequeños nos enseñó el poder de las plantas. Cuando teníamos “calor en el estómago”, es decir, que estábamos inapetentes, dice mi mamá: “les daba agua de linaza: la ponía a remojar, eso soltaba una babita y se los daba” y cuando teníamos “daño de estómago” nos daba agua de arroz “ponía a calentar el arroz con agua y esa agüita se las daba, eso sabia a mil demonios pero funcionaba”, esa era la mejor parte, sus remedios funcionaban.

El recuerdo que más atesoro de mi niñez es cuando me encontraba, en Salamina (Caldas), con mis primos en la casa de mi abuelita materna, una morada inmensa, en bahareque, con un patio y un solar donde crecían árboles y plantas aromáticas. Ella se ponía feliz porque nosotros podábamos el solar; lo que hacíamos era deshierbarlo y con la hierba que recolectábamos hacíamos champú que envasábamos en botellas de gaseosas y lo poníamos en el baño; otras veces hacíamos “sopas” en unas perolas gigantes (vasijas de metal), ella las mantenía debajo de las escalas del solar. Suspiro mientras recuerdo el olor a menta y hierbabuena que había en cada una de esas preparaciones.

Figura 2. Valencia, S. (2019). Hervido. Manizales: Casario Herbóreo de Ensoñaciones: Recreando el lugar primario. Cuarto Festival Internacional de Arte Contemporáneo. Fotografía: Natalia Flórez Valencia.

Todo esto tiene una memoria femenina, un gran linaje del lado izquierdo, del lado de mi abuelita, de mi mamá, de mis tías. Ellas aprendieron acerca de las plantas gracias a una transmisión de saberes de generación en generación. El conocimiento de las plantas viene desde nuestros antepasados, desde la época prehistórica; seguramente los primeros humanos aprendieron experimentando, mientras caminaban y comían todas las plantas que encontraban, descubrieron cuáles servían para alimentarse, para aliviar el dolor, para alcanzar distintos estados de conciencia y cuáles otras simplemente resultaban mortales. Así se ha documentado que en todas las culturas se han utilizado de manera alimenticia, curativa o mágica. No es casualidad que la palabra planta sea un nombre femenino, buena parte de esta historia la llevan las mujeres a cuesta: las yerbateras, las parteras, las curanderas y las mamás. A ellas acudían y acuden los vecinos para realizar limpias o bebidas que curen el cuerpo o el alma. Y lo mejor ¡todo está sembrado en sus huertas!.

La magia yerbatera se puede trasladar a cualquier lugar, hasta una sala de exposición. En el campo del arte la sensibilidad por las plantas es notoria, desde coloridas pinturas, esculturas, ilustraciones científicas hasta instalaciones que nos hacen sentir como en casa. Esto es lo que hace la obra de Sara Camila del Sol Valencia, Casario Herbóreo de Ensoñaciones: nos lleva a fantasear por medio de plantas, olores y colores, de una manera tan poética que retornamos a nuestra niñez, a los recuerdos primerizos de la existencia y nos dirige a un territorio al que ella denomina “el lugar primario” (Valencia, 2019).

Figura 3. Valencia, S. (2019). Casario Herbóreo de Ensoñaciones: Recreando el lugar primario. [Exposición individual]. Manizales: Cuarto Festival Internacional de Arte Contemporáneo. Fotografía: Natalia Flórez Valencia.

Entrar a una sala no tan pequeña, con luz cálida, toparme con una escoba de ruda, un olor a infusión de hierbas y flores; fue sencillamente mágico, como la artista que es una “ensoñadora en amarillo” y como son las plantas. [1] Esto fue simplemente retroceder a los días en los que con mis primos hacíamos bebedizos en la casa de mi abuelita, volver a la infancia. A medida que fui recorriendo el espacio más olores iban apareciendo, albahaca, pronto alivio y ruda de castilla son las plantas de la niñez de Sol, como lo son para mí la menta, hierbabuena y albahaca también. ¡Ah! Es ahí donde está la gran conexión, y por eso me dejé seducir por este olor, un aroma que Sol lo describe como “fuerte, picante y fresco” (Valencia, 2019). Además evoca “lugares pasados”, y ¡sí! a mí me regresa a las casas de mis tías y mi abuelita, al pueblo de Caldas donde nació mi mamá.

Tiene mucho sentido esta conexión asombrosa que tienen la memoria, los espacios y el olfato, la cual se ve totalmente reflejada en la obra y exploración de Sol, en esos estados oníricos que al verlos materializados o simplemente leerlos, nos llevan a estar allí. La artista menciona que muchos de estos lugares ensoñados surgieron a partir del sentido del olfato y nombra a Gaston Bachelard diciendo que los olores son “el primer testimonio de nuestra fusión con el mundo”. ¿A qué olerá el útero materno? ¿A menta, hierbabuena o albahaca?

Figura 4. Valencia, S. (2019). Casas azules. Manizales: Casario Herbóreo de Ensoñaciones: Recreando el lugar primario. Cuarto Festival Internacional de Arte Contemporáneo. Fotografía: Natalia Flórez Valencia.

Tenemos una memoria ancestral muy fuerte, está ahí en nuestro inconsciente cuando vivíamos en el útero materno, en un medio acuático, todos venimos de un vientre materno, ¡todos!, por eso siempre estamos buscando, como dice Michel Serres en su libro Habitar, lugares como el útero de nuestra mamá: “Una casa es un regazo, todo lo demás me es indiferente. Hacedme una mamá” (Serres, 2011). Estamos en un continuo tanteo de espacios que nos arropen, que nos protejan, nos abracen, de un refugio que esté a nuestra medida como lo era el útero materno. Sol, en sus ensoñaciones, fue explorando casas, colores y olores que la llevaron a encontrar la Casa Amarilla, ese lugar que era el anhelo al inicio de su investigación:

“Deseo un espacio en el que pueda estar en la conexión que considero como la más poderosa del universo: el haber estado en el vientre de mi madre, en ese estado de gestación proporcionador de todas las cosas vitales. Así me imagino ese espacio, una especie de útero gigante siendo casa de varios, como en un embarazo múltiple, donde extrañamente los cinco tengamos nuestras placentas y podamos reposar incansablemente” (Valencia, 2019, p. 11)

La casa es amarilla es como ella, como “el color del sol de domingo, que es el color de la felicidad”, su raíz, donde reunió a las personas más amadas, a las plantas, los hermanos, los gatos. Allí retornó a su niñez, a su nido y principalmente a los ¡brazos de su madre!, ese refugio que es irremplazable, esa sensación de protección que tal vez se pueda representar en objetos pero que no nos dan esa misma emoción. Sol, después de hacernos pasar por todas las casas que ensoñó, nos lleva a su mamá, donde reunió todas las partes de las casas/plantas que idealizó, las organizó de manera cautelosa para hacernos ver que nuestras raíces están en el útero materno.

Figura 5. Valencia, S. (2019). Cartografía materna [Ensoñación en carboncillo]. Manizales: Casario Herbóreo de Ensoñaciones: Recreando el lugar primario. Cuarto Festival Internacional de Arte Contemporáneo. Fotografía: Natalia Flórez Valencia.

Desde que salimos expulsados del vientre materno, somos traídos al vientre de otra madre, la tierra, y es por ello que esa conexión femenina con la tierra, las plantas, el sol, el agua, es casi imposible de romper. Esta obra es como una buena receta de combinaciones explosivas, donde se reúnen el arte, la magia, las mujeres y las plantas, llenando de olor el espacio que me transporta a momentos felices de la infancia.

Notas:

[1] Casario Herbóreo de Ensoñaciones es un proyecto de la artista Sara Camila del Sol, presentado en el marco del Cuarto Festival Internacional de Arte Contemporáneo, realizado del 16 al 20 de septiembre del 2019, en la sala de exposiciones del Centro Cultural Rogelio Salmona de la Universidad de Caldas. Su propuesta fue incluida en la línea curatorial Quietud y Serenidad, acompañada con el siguiente texto curatorial: “Las personas coleccionan todo tipo de cosas, monedas, libros y postales. Sara Camila del Sol acumula, en su interior, todo tipo de casas; las dibuja, las imagina de otros colores, las espía, analiza sus sentimientos, estudia su anatomía y las clasifica según su semejanza con plantas aromáticas. En esta exposición podemos encontrar casas azules, frías, huérfanas, moradas de nadie, casas que necesitan el olor agridulce de la ruda de castilla, para despojarse de sus fantasmas y volver a ser habitadas. Hay casas verdes, casas cálidas que invitan al reposo, en las que sentimos la necesidad de estar enrollados en una cobijita, casas que son como la albahaca, porque alivian la melancolía y nos despojan de la angustia. Hay casas rosadas, saludables, gestantes, casas que son como el pronto alivio y te salvan la vida. Finalmente, ensambla una casa imposible, amarilla, una metáfora del lugar primario, del vientre materno, una casa en la que podría residir “por siempre”. La artista nos invita a explorar esos momentos en que el mundo parece más liviano, en que la pesadez se desvanece, en definitiva, nos recuerda que la ensoñación no termina, porque vasta salir a caminar para que su casa amarilla tome otra forma, para que adquiera una fachada resquebrajada que había pasado por alto o un tejado en el que su gato, extraterrestre, podría tomar el sol de la tarde.”

Referencias

Serres, M. (2011). Habitar. Paris: Éditions Le Pommier.

Valencia, S. C. (2019). Recreando el Lugar Primario, Casario Herbóreo de Ensoñaciones. [Tesis de Grado]. Manizales: Universidad de Caldas.

Como citar:

Flórez, N. (2021). Regresar a las casas de la infancia. Sobre Casario Herbóreo de Ensoñaciones de Sara Camila del Sol Valencia. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 1(4). Disponible en: https://portalerror1913.com/2021/09/20/regresar-a-las-casas-de-la-infancia/

Fecha de recibido: 5 de agosto de 2021 | Fecha de publicación: 21 de septiembre de 2021

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144X