MANIFIESTO A LA NADA

Manifest to nothing

Por: Sebastián Valencia López

Estudiante Artes Plásticas | Universidad de Caldas

sebastian.11811360@ucaldas.edu.co

Fotografía cortesía del artista.

 “Es notable la gloria de Nadie: no tuvo antepasados bajo el sol, bajo la lluvia, no tiene raigambre en Oriente ni en Occidente. Ni hijo de Nadie, ni nieto de Nadie, no padre de Nadie, pequeño cónsul del del olvido. ¿Ven un vacío en la foto familiar, un hueco, un espacio entre la respetable parentela? Es Nadie, sin rastro y sin linaje. Es notable la gloria de Nadie antes de la primera mañana de la historia, precursor de hombres que son hierba, de padres de otros de padres que son velas sin pabilo. Festejemos a Nadie que nos permite presumir que somos Alguien.”

Juan Manuel Roca. Biografía de Nadie.

El arte es para nadie, para nadie que no vea y cree que ve, para nadie que entienda del arte, para nadie que hace arte, para nadie que sabe para qué hace arte, para nadie que es la nada de nadie. El arte no expresa nada, ni a nadie, no refleja nada, ni a nadie, no representa nada, ni a nadie; el arte no tiene forma, ni nadie que lo dote de ella; el arte de nadie es técnicamente nada; el lenguaje del arte no es de nadie y nada lo traduce; el arte no reconoce a nadie, ni a mí mismo, ni siquiera a la nada; el arte no es real, lo real no es nada, ni de nadie; el arte no siente nada, ni por nadie, ni por la nada, el arte vanagloriado por las instituciones, no es nada, ni de ellos, ni de nadie, simples engaños de la desesperación consiente de la esplendorosa inutilidad del breve plazo de una vida.

El arte no es para nada eterno, histórico o estético, no es cambiante, no es religioso, místico, ni científico, ni teórico, no es la vida, ni es la muerte. El lienzo es tuyo, la pintura es tuya, la obra es tuya, pero el arte no es de nadie, no busca despertarnos de esta realidad sin sentido de un ciclo perverso de vanos intentos por la búsqueda de una respuesta adecuada a la incertidumbre de nuestra presencia.

El arte no se vende, no se compra, no se subasta, no posee valor, porque el valor de nada, solo lo adquiere nadie, no es cuerdo, no es loco, no es sólido, ni superfluo, no tiene partículas, ni partituras, no tiene trazos, ni color, no niega nada, ni a nadie, no me niega a mí, ni a este manifiesto. No es lógico porque vivimos en una realidad de contradicciones representadas por máscaras y mitos llamados ciencia, política, ética, moral, justicia, familia, amistad, amor, sociedad, república y democracia, mentiras bajo el velo de la nada, bajo el velo del arte.

No quiero que estas palabras se confundan con el nadaísmo, pues no busco nada parecido a nada, no hay ninguna crítica, ni ningún fin, no hay nadie, ni nada a lo que esté dispuesto a atacar, ni siquiera hay nada parecido al homo, ni al sapiens, simplemente no hay nadie.

El arte es la pregunta del por qué, del por qué es algo, del por qué se hace, del cómo, del dónde, del cuándo ¿por qué tiene que existir una respuesta? Expresiones sin sentido sobre una enorme burbuja de espacio inexistente de nada.

El arte es poesía que no dice nada, que no dice la verdad.

Si algo puede ser, es porque no es.

La nada es aquello que no sabemos que no existe.

Y muchos preguntarán por el sentido, por una respuesta, pero este es mi arte, uno donde no hay respuesta, ¿acaso la existencia tiene sentido? La vida no es nada, si tú le das algún sentido, solo funciona para tu propia historia, para tu propio beneficio; si no resistes la desesperación del no entendimiento, de lo ambiguo, entonces cambia el término “nada” por aquello que mejor se adecúe.

Ya que, finalmente, la nada la llenamos con aquellos vacíos que más nos pesan…

como el arte.

Como citar:
Valencia, S. (2019). Manifiesto a la Nada. Portal Error 19-13. 1 (1).  Disponible en: https://portalerror1913.com/2019/11/04/manifiesto-a-la-nada/

Fecha de recibido: 20 de Octubre de 2019 | Fecha de publicación: 04 de Noviembre de 2019

MANIFIESTO AL PRESENTE

Manifesto to the present

Por: Natalia López Lombo

Estudiante de Artes Plásticas | Universidad de Caldas

adoratalopezlombo@gmail.com

Fotografía cortesía de la artista

Un artista debe mirar profundamente dentro de sí en busca de inspiración. Cuanto más profundo mire dentro de sí, más universal se vuelve. Un artista es universo. Un artista es universo. Un artista es universo.”

Marina Abramovic, Manifiesto de la vida de un artista

En ese instante, en el pueblo de Soatá en Boyacá Colombia, se mastican dátiles dulces en las calles y en casa. Helena contempla en el espejo sus rasgos fuertes, cuerpo carnoso y grueso, labios finos, ojos claros y puntuales; peina a sus hijos por orden de estatura y perfuma su cabello castaño al ritmo del sonido del taller de don Víctor: martillos, talas y herraduras. Más tarde, Doña Julia se enamora, en el mismo intervalo temporal que Doña Rosa. Doña Julia baila, teje y come chocolate, mientras sonriente mantiene sus pecas al sol; Doña Rosa pinta sus uñas con rojo pasión y prepara los mejores sancochos y tamales en la Plaza de Fusagasugá. Llega Don Carlos, el “detodero”, que dispone sus manos al oficio y a la labor, ordenando su bigote y sus canas más blancas que el óleo blanco titanio; y Don Guillermo, odontólogo, lector embravecido de inigualable olor a consultorio, menta y aguardiente. Entonces, los abuelos se casan zurcen tejidos y enmiendan partes.

Nacen los hijos, mis padres: Gabriel, el Artesano de manos rasposas y marcadas, esencia de hongo y semillas, y Liliana la madre, calor de tierra, tez trigueña, arroz con leche y canela, cantos de dulce niña. Algún día de la nada y del todo se me pregunta ¿cuál es su relación personal con el arte? Busco si puedo responder encarnando a mis antepasadxs y sus experiencias estéticas que se heredan en lo sincrético de este cuerpo.

Puedo sentir su presencia en el gusto por la textura de las frutas,

en el tacto de los pétalos sedosos de las flores para untar el dedo de pólem,

en la necesidad de mordisquear disimuladamente trozos de madera para sentir el sabor de los árboles, en determinar y poner intuitivo detalle en lo silvestre y común,

en lo invisible,

en observar abusivamente los gestos de alguien cuando me habla,

en querer sentir los pies descalzos en el piso y las incómodas ranuras de las baldosas con musgo baboso,

en la admiración de un cadáver con algodón suave y blanco saliendo de sus ojos y nariz,

en la necesidad de tener muchas cosas chiquitas por toda la casa, en la sensación en bucle de un caballo corriendo a contra tiempo, el tiempo… tiempo… tiempo…

Mejor pienso en mi templo,

en los rituales de plantas y carne,

en cocinar y dar regalos,

en la excitación por el olor a cúrcuma, canela y metal,

en el disfrute sonoro de las cámaras análogas al obturar, de las digitales al capturar y el de las tijeras al cortar,

en la necesidad de tener siempre actividades que salvan, que distraen, que aportan o que solo se hacen por alguna extraña razón,

en mantenerme ocupada,

en oler por largo tiempo la piña, la guayaba, las hierbas frescas, mis amantes y los pinceles con trementina,

en la obsesión por tener espacio de trabajo,

en escuchar los ecos de las cosas que cambian o de lo que ya no fue,

en conversar con los objetos,

en reubicar una y otra vez, reorganizar, mover, trasladar, cambiar, acomodar,

en el alejarse y guardarse por tiempos,

en el gusto contemporáneo y básico por la escarcha y por el neón multicolor,

en el disfrute intenso con la parafina y el soplar las velas de cumpleaños,

en sentir escándalo y efervescencia por las líneas muy juntas, pero no pegadas,

en dialogar, dar vueltas, pensar que se tiene la claridad o agudeza y volver a alguna incertidumbre o al algún punto nuevo de llegada y de partida.

Para hablar de mi relación personal con el arte, tengo que explicar estos pequeños gestos como momentos de importancia que no me pertenecen solo a mí, son la materia del montaje que se pone sobre la mesa, allí se escucha el efecto recurrente de campanas de ceremonias que se traducen en símbolos.

Ahora podría decir que el arte es la oración del pasado, del presente y del futuro. Su canto es la práctica, la acción y la sincronización con lxs otrxs, con la otredad, la búsqueda obsesiva de los gustos perdidos.

Entonces la necesidad es absoluta y reclama.

El ritual es indeterminado pero presente.

Aquí parto y busco el instante de brillo en la escultura, los volúmenes que emanan distorsión, la instalación, el collage, el dibujo, el audio, la fotografía, el cuerpo…

Escarbo en las reacciones y efectos del mundo sobre mis sentidos, recuerdos y acontecimientos, y cruzo todo bajo el celo constante y repetitivo del negro…

Llámese negro al ente que relaciona desde algún estado neutro y simple, símbolo de la proximidad del espacio exterior, incrustado o gestante que se siente en mi estómago, justo en el apetito, lejano vacío, incompleto, frío, ajeno, inabarcable, exasperante, ilegible, inhabitable, impropio y detestable, pero al mismo tiempo soportable, cálido, absoluto, simple, propio, deseable y hambriento…

Entonces, pongo el mantel, las velas, los cubiertos, los pequeños platos de porcelana con hilos de pintura dorada, las copas de vidrio artesanal, los miles de corotos e invito a los comensales. El banquete lo devoramos con intuición, coincidencia, corazonada, pálpito, encuentro, tacto, modo, estado, versión, instante y la dramática ilusión de estar presente.

Como citar:
López, N. (2019). Manifiesto al presente. Revista Portal Error 19-13. (1) 1. Recuperado de: https://portalerror1913.com/2019/07/17/manifiesto-al-presente/

Fecha de recibido: 10 de Junio de 2019 | Fecha de publicación: 17 de Julio de 2019