SONIDO, PRESENCIA y MOVIMIENTO. Una historia del cuarto festival

Sound, presence and movement. A history of the fourth festival

Tomás Marín Puerta

Estudiante Artes Plásticas | Universidad de Caldas | tomas.11910129@ucaldas.edu.co

Figura 1. Cartel promocional (FIAC, 2019). Imagen cortesía FIAC

Este texto hace parte de un ejercicio de reflexión propuesto por el Semillero Mediaciones y Teorías del Arte de la Universidad de Caldasen torno a la manera en que los estudiantes han vivido las distintas versiones del Festival Internacional de Arte Contemporáneo de Manizales

Qué extraño es escribir sobre el FIAC IV, pasé muchas horas de esa semana de septiembre entre el Banco de la República, Bellas Artes y el Centro Cultural Rogelio Salmona. En el remate del festival estuve menos tiempo del que hubiera querido, la verdad no me gustó. En mi archivo personal tengo varias fotos que hice durante el evento: Sergio con una bomba de Peppa en la Plaza de Bolívar, Angélica dentro del Auditorio del Banco y un fragmento de una obra sobre la ausencia que se expuso en el Colombo.

Figura 2. Sergio (Tomás Marín, 2019). Imagen cortesía del artista

El día de la Feria gráfica compré varias cosas: una calca del gato de Milagros y otra de un querubín sosteniendo un lazo que dice amor; un cuaderno en el que quería escribir mis sueños, pero en el que sólo copié uno que tuve una noche de octubre y unos chocolates amargos. Tengo también una postal que me dio Julie Pichavant cuando estaba haciendo su performance y un fanzine de la exposición de Sara Camila del Sol con instrucciones para imaginar su casa de ensueños.

Figura 3. Feria gráfica FIAC-4 (2019). Ph Lorena Perdomo. Imagen cortesía de FIAC

Recuerdo muchas obras de sala: el paisaje sonoro que hizo Santiago Rubio en la cueva, la caja que reproducía en unos audífonos el réquiem de Mozart, una pantallita con un video sobre el abuso sexual infantil y una casa de arcilla. Estuve en un par de performance: el de Jorge Eliecer, el de Decxy Andrade, el del chico que abrazaba el cubo de hielo y el del laboratorio de Julie en el que Yessica Madroñero se metió tierra a la boca.

Figura 4. El abrazo (Jonathan Barrero, 2019). Ph Lorena Perdomo. Imagen cortesía de FIAC

Me senté a escuchar varias conferencias: la de Franklin Aguirre, la de Priscila Aguirre, la de Leyla Dunia, la de Carolina Rojas y el conversatorio performático que resultó siendo el foro de Charles Westerman. Me inscribí en el laboratorio de cianotipia porque me llamaba la atención y allí me di cuenta de que Valeria, al contrario de lo que pensaba, era una chica increíblemente graciosa y se ganó mi respeto. Pero, a la hora de hablar del FIAC IV siento que me quedo corto, que no presté la suficiente atención.

Figura 4. No tengo respuestas (Charles Westerman y Sacha Toncovich, 2019). Imagen cortesía de FIAC

Cuando se publicó en Facebook la convocatoria del evento, leí las líneas curatoriales: silencios y susurros, ausencias y vacíos, quietud y serenidad ¿Qué es el silencio? ¿Qué es el vacío? ¿Qué es la quietud? No pareció importante detenerme a pensar en ello y esto no tendría nada de malo sino le hubiera sugerido a Pedro Rojas la idea de que, a modo de actividad grupal del semillero, escribiéramos sobre el festival en todas sus versiones y subiéramos los textos a la revista Portal Error 19-13, en el marco del actual FIAC-5. Me puse la soga al cuello, pero no podía hacerle a Pedro la misma dos veces. En el segundo semestre de 2019, como una tarea para filosofía del arte, él nos pidió entregarle un texto a modo de reseña sobre una conferencia cualquiera del festival. Nunca escribí nada y él lo dejó pasar. Después de haber redactado y borrado párrafos y párrafos de este escrito, pienso que quizás estuvo bien el no hacer nada. Al fin y al cabo, el silencio, el vacío y la quietud son conceptos que, en su esencia, son incompatibles con la existencia sensible, pues todo lo que nos rodea produce sonidos, ocupa un espacio o está en constante movimiento.

¿Será que el mejor asistente de la cuarta versión del Festival Internacional de Arte Contemporáneo fue el que no participó, el que no sabía de su existencia? ¿Será que las mejores obras presentadas por el evento fueron las que nunca estuvieron? Quizá los únicos que no vivimos la experiencia planteada por las líneas curatoriales fuimos los que participamos del festival. Tal vez, la mejor reseña que podría hacer sobre el FIAC IV estaría compuesta por mi opinión sobre las actividades que no viví: la conferencia de Manuela Jaramillo a la que no fui, porque ese miércoles estaba lloviendo súper duro; el performance que había el martes en la Alianza Francesa, al que no pudimos llegar por un trancón que había por la Paralela; el laboratorio de Davier Pérez que empezaba el lunes y al que nunca llegó nadie.

Dicen que en Bellas Artes hay fantasmas que hacen saber de su presencia por las noches, cuando solo quedan los celadores y unos pocos estudiantes. Oí que hace un tiempo los productores de un programa de cosas paranormales que daban por RCN vinieron y grabaron un episodio sobre los espíritus que habitaban el palacio. Me hubiera gustado preguntarles a estos inquilinos invisibles, con esos aparatos que usan los investigadores paranormales para escuchar psicofonías, por su experiencia al convivir con la no-existencia, sobre qué es en verdad el silencio, el vacío y la quietud, seguro que ellos lo tienen todo muy claro. Me pregunto si los espectros también tuvieron su propia versión del FIAC-IV, en donde sus líneas curatoriales eran el sonido, la presencia y el movimiento. Me pregunto si algún fantasma está embalado escribiendo una reseña sobre ese evento para publicarla en la revista de Portal Acierto 19-13. Pero, si de algo estoy seguro es que su fiesta de remate fue mucho mejor que la de nosotros.

Figura 5. Fotografía espectral (Tomás Marín, 2019). Imagen cortesía del artista

Como citar:

Marín, T. (2020). Sonido, presencia y movimiento. Una historia sobre el cuarto festival. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 1(3). Disponible en: https://portalerror1913.com/2020/11/06/sonido-presencia-y-movimiento/

Fecha de recibido: 30 de octubre de 2020 | Fecha de publicación: 4 de noviembre de 2020

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144X

HACER PARTE DE LAS OBRAS. Una historia del tercer festival

Being part of the artworks. A story about the third festival

Valentina Grisales Giraldo

Estudiante Artes Plásticas | Universidad de Caldas |valentina.11714438@ucaldas.edu.co

Figura 1. Cartel promocional (FIAC, 2018). Imagen cortesía FIAC

Este texto hace parte de un ejercicio de reflexión propuesto por el Semillero Mediaciones y Teorías del Arte de la Universidad de Caldasen torno a la manera en que los estudiantes han vivido las distintas versiones del Festival Internacional de Arte Contemporáneo de Manizales

En los primeros días de noviembre del 2018, se llevó a cabo la tercera versión del Festival Internacional de Arte Contemporáneo en la ciudad de Manizales; ciudad que por sus antecedentes no suele ser muy receptiva a manifestaciones artísticas y culturales. Sin embargo, en ese momento, pude observar al público, en general, disfrutando e interactuando con las obras.

La ciudad se vio permeada por el festival y la gente hizo parte de las obras. Como todos los años, la realización del festival estuvo a cargo del Departamento de Artes Plásticas de la Universidad de Caldas. Los organizadores buscaban generar -por medio de estos espacios creativos- herramientas para que personas que se desenvuelvan en el medio artístico y ciudadanos que no supieran mucho del tema, tuvieran un acercamiento a la cultura artística. El festival presentó una postura frente al arte actual y, como siempre, uno de los principales objetivos, fue generar interacciones y espacios pedagógicos.

Ese año tuve la oportunidad de participar en el equipo de registro fotográfico, gracias a esto, estuve y a la vez no estuve, completamente en el festival. Estaba en un constante movimiento y eso me permitió tener una visión mucho más amplia de lo que fue el evento, cosa que no hubiera podido disfrutar si, por ejemplo, hubiera tomado un laboratorio (muchas de las actividades se hacen en simultaneo). Por otra parte, me hubiera gustado disfrutar de algunas obras con mayor detenimiento; en medio de los traslados, por estar de un lado para el otro, me perdía partes de las obras o, en su defecto, en algunos casos, no alcanzaba a ver ni entender que era lo que estaba sucediendo.

Gracias al oficio natural de fotografiar lo que sucedía en vivo y en directo entendí, también, la importancia de las personas para el festival, la obra es obra gracias a quienes la aprecian y el público enriquece el proceso artístico. Debo decir que fue una labor divertida, me encontraba con todo tipo de reacciones y con un sinfín de comentarios, todo era un complemento, un conjunto de impresiones que a la larga fortalecían el festival. En ese movimiento constante me encontraba directamente con las emociones de las personas, supongo que por tener permiso de fotografiar a desconocidos, también me daban indirectamente el permiso de escuchar conversaciones, ver gestos y percibir todo tipo de sensaciones, solo porque era la de la cámara, a mí casi nadie me notaba.

Una de las experiencias más bonitas que viví en este festival fue el performance, Acción de duelo, a cargo de la maestra Manuela Álvarez. Tuvo lugar el día martes en horas de la noche, se basó en la acción de doblar ropa como acto cotidiano, había una mesa, una pila de ropa y una mujer vestida de negro; todo esto en medio de uno de los pasillos del Palacio de Bellas Artes que se caracteriza por ser medio oscuro y frío al anochecer. La artista empezó a tomar la ropa que estaba allí apilada, una por una, dobló perfectamente cada prenda; las olía con cariño evidente, hacía sus dobleces, las planchaba con sus manos y después las lanzaba con todas sus fuerzas al otro lado de la mesa. Así mismo, una y otra y otra vez, fue casi un acto hipnótico, por poco olvidaba que yo era espectadora, pero también fotógrafa y que debía proseguir con mi trabajo, porque me quedaban pocos minutos allí y otros pocos para llegar a otra actividad.

Figura 2. Acción de duelo (Manuela Álvarez, 2018)

Desconecté mi mirada de la mujer que seguía doblando ropa y delicadamente empecé a observar cada uno de los rostros que estaban concentrados en la acción, para mi sorpresa me encontré con un público consternado, con algunas lágrimas y mucho silencio. A decir verdad, tomé pocas fotos, pues hasta el sonido de la cámara al capturar las imágenes me parecía demasiado ruidoso e irrespetuoso. Un hacer doméstico o como le gusta mencionarlo a Manuela, un acto de amor silencioso. 

Por otro lado, quisiera contarles sobre el laboratorio El Banquete del Arte dirigido por la maestra Ayda Nidia Ocampo, quien propuso el acto de cocinar como acción artística. Para esta actividad en especial, pude presenciar su proceso de realización y su propuesta final. Este laboratorio fue realizado en el salón 502 también de Bellas Artes, había buena iluminación y una pequeña terraza; el salón estaba lleno de mesas y en ellas muchos utensilios de cocina y bastantes ingredientes, en la terraza estaba la parrilla y en el suelo de esta, cerámica costosa recién lavada.

Figura 3. El Banquete del Arte (Ayda Nidia Ocampo, 2018)

Unos amasaban, otros molían el maíz, otros incorporaban ingredientes, yo tomaba fotos y los observaba. Cada uno tal y como lo había aprendido, lo hacía en su lenguaje, con los elementos que se le habían enseñado. Era un espacio de conversaciones chiquitas y grandes suspiros, una experiencia individual en un plano colectivo. La cultura, las tradiciones, las anécdotas y la cocina como pensar artístico que nos permite entender nuestra relación con el mundo. La comida y la digestión como elementos del pensamiento que nos une y donde nuestras estructuras sociales se vuelven experiencias profundamente personales. Y como es de siempre suceder, hubo un banquete con mucha comida lo que fue el equivalente a una reunión de mucha gente.

Figura 4. El Banquete del Arte (Ayda Nidia Ocampo, 2018)

Ahora y para finalizar este recuento por el festival, hablemos un poco de la instalación Detritus Memoria Objeto de Alejandro Valencia en la Plaza de Bolívar. Lastimosamente para hablar de esta instalación solo puedo hablar por los recuerdos. Agradecida estoy de que esta instalación se haya convertido en una acción tan potente que hasta podría considerar que las imágenes son innecesarias.  Una chaza invisible, si, como lo escuchaste, una instalación invisible construida a partir de escombros, al frente de la gobernación, la catedral y diagonal a la estatua del Simón Bolívar. Una acción política sobre la marginalización y las grandes instituciones de poder del país. La chaza fue construida realmente el día anterior a la exposición, pasó la noche y amaneció el otro día siendo una chaza imaginaria. Ésta fue la validación de la acción, una chaza desaparecida e invisible; el artista propuso su diálogo y la institución de EMAS, sin pensarlo dos veces, contestó con la destrucción de la misma. Sin duda alguna, la obra se complementó con lo sucedido, el desmantelamiento añadió fuerza y valor a la propuesta. Las personas llegaron al lugar y se encontraron con la nada, el artista les contó lo sucedido. Fue el vacío, la movilidad, el tiempo y el trabajo colectivo entre el artista y EMAS.  

Figura 5. Detritus Memoria Objeto (Alejandro Valencia, 2018)

Podría mencionar muchos otros lugares en los que estuve, como conferencias sobre performance, laboratorios sobre cómo hacer papel o cómo hacer arte con luz, exposiciones de ready-made  en incluso conexiones con hilos y palabras indescifrables escritas con tizas blancas en paredes blancas, puedo hablar de espectadores aterrados, dormidos disgustados, criticando, de chismes y de personas hablando de cosas nada que ver con el festival, pero, en general desconocidos habitando un espacio que el arte propuso. Ahora, puedo decir que quedaron recuerdos de memorias habitadas por personas misteriosas que hicieron del festival lo que pudo ser. 

Como citar:

Grisales , V. (2020). Hacer parte de las obras. Una historia sobre el tercer festival. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 1(3). Disponible en: https://portalerror1913.com/2020/11/04/hacer-parte-de-las-obras/ 

Fecha de recibido: 30 de octubre de 2020 | Fecha de publicación: 4 de noviembre de 2020

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144X

ESTAR PARA EL OTRO. Una historia sobre el segundo Festival

Be for the other. A story about the second Festival

Por: Salomé Hincapié Salazar

Estudiante Artes Plásticas | Universidad de Caldas | maria.11715636@ucaldas.edu.co

Figura 1. Cartel promocional (FIAC, 2017). Imagen cortesía FIAC

Este texto hace parte de un ejercicio de reflexión propuesto por el Semillero Mediaciones y Teorías del Arte de la Universidad de Caldasen torno a la manera en que los estudiantes han vivido las distintas versiones del Festival Internacional de Arte Contemporáneo de Manizales

El 2017 fue uno de los años más diversos y quizá con más movida para el Festival Internacional de Arte Contemporáneo, recuerdo que acogió dos curadurías de video: Videograma, del colectivo Patasola y Proyecto Ilícito, de Verónica Valencia y Jorge Quirós. Esto permitió que personas de todo el mundo pudieran participar, adicionalmente creo que ha sido el año en el que más montajes en sala he visto, en total eran nueve, contando la de Cinespiral donde se proyectaron los videos. El festival siempre ha sido un espacio muy activo, tanto así que es casi imposible asistir a toda su programación. Me parece muy cómica la manera en la que llegué a participar en el FIAC-2. Los coordinadores convocan personas para conformar equipos de trabajo según sus áreas y personas voluntarias, en su mayoría estudiantes, llegan a colaborar. Así fue como llegué, para ese entonces estaba en segundo semestre, siendo todavía muy nueva e ingenua respecto a las dinámicas del circuito artístico. El caso es que estaba inscrita para participar en el equipo de trabajo que se encargaría de apoyar los procesos de las Salas de exposiciones; sin embargo, por cosas misteriosas de la vida, el director del equipo de Espacio urbano me envió un correo citándome a una reunión, en un comienzo me pareció extraño, accedí a ir porque era el primer correo que me llegaba y siempre he sido una persona bastante rígida con los tiempos. Ahí fue cuando descubrí un equipo de trabajo bien lindo.

Con el tiempo mi rol fue cada vez más importante en el festival, porque además de tener una serie tareas específicas por hacer (como estar presente en las actividades de un artista durante toda la semana), también llegué a estar pendiente de las funciones de los demás y cumplir más funciones que me llevarían a ser coordinadora de varios aspectos de la producción general. Me di cuenta que Pedro Rojas (que es quien dirigía esta área) y yo éramos bastante dispersos (por eso me envió el correo equivocado), pero esa dispersión fue la que nos unió. Desde entonces trabajamos juntos, si a él se le olvida algo, muy seguramente yo lo recordaba, éramos como un complemento.

Participar en la producción de un evento y, en este caso, un festival tan grande, no es fácil, más aún cuando todavía no entiendes muy bien cómo funciona el mundo del arte. Fue toda una aventura salir a recorrer el centro para comprar la utilería necesaria, visitar la alcaldía para gestionar permisos y estar siempre a “cuatro ojos” en cada actividad de la programación. Siendo una persona foránea, fue interesante haber cumplido con esta labor porque pude conocer a Manizales como nunca antes lo había hecho, nunca hubiera esperado hacer parte de esa área. Mi función dentro del festival me llevó a estar omnipresente en todo, a escuchar y compartir historias, como aquella del performance de Ana Calle donde la artista necesitaba que recolectáramos muchas piedras para poder realizar su acción en la Plaza de Bolívar. Alejandra García y Manuel Pasos estaban a cargo de esa gestión, fueron hasta Chinchiná para traer de nuevo a Manizales la mayor cantidad posible que cupiera en sus maletas. Fue un esfuerzo grande para una obra que duró muy poco, las piedras después de terminado el performance resultaron transitando el resto del centro, nadie quería llevarse unas piedras para sus casas, así que terminaron habitando la ciudad.

Figura 2. Colombian gold (Ana Calle , 2017).  Imagen cortesía FIAC

Otro momento importante para la producción fue el montaje de la obra del Colectivo de Umberto Casas, se realizó precisamente en el mismo lugar (al parecer la Plaza de Bolívar siempre genera los recuerdos más memorables). Una instalación de unas guaduas en forma piramidal, llegó a ser uno de los montajes más pesados, tuvimos que esperar varios días a que éstas llegaran, creo que el mismo artista las traía en su vehículo, donde también transportaba a todos sus estudiantes. Cuando llegó el día, todos estaban cargando estas varas de un lado a otro, Alejandra se lastimó de tanto peso que había cargado, Manuel se machucó, yo tan solo pude ayudar en la parte final del montaje, pero presencié lo que estaba pasando, incluso almorzaron ese mismo día ahí, en la plaza, fueron más de cuatro horas de montaje hasta que por fin se logró tener todo listo.

Figura 3. Un extraño sitio para conocer extraños.(Colectivo al otro lado, 2017).  Imagen cortesía FIAC

La curaduría de ese entonces nos invitaba a pensar en la relación entre el arte y el espacio, encaminado hacia la topofilia, las utopías, las distopías y las prácticas de resistencia. Temas que inconscientemente me interesaban profundamente, pero años después fui más consciente de ellos. En ese momento, en la producción, empezamos a trabajar con la modalidad que llamábamos “adoptar un artista”, teníamos que estar atentos a ellos en todo lo que se pudiera presentar en términos de logística, lo cual creaba una gran ventaja para entablar conversaciones y compartir cercanamente con ellos experiencias que dentro de los espacios académicos no suelen ser comunes. El festival se había convertido en un espacio para el aprendizaje y fui parte de la primera generación de estudiantes que se formó con él. Tuve la oportunidad de acercarme a muchos artistas y compartir diferentes espacios con ellos, entre esas personas recuerdo entrañablemente a Julie Pichavant y a Umberto Casas. Con Julie compartí mucho porque su obra, Los peces no hacen preguntas, era muy compleja en términos técnicos. Hubo un momento en el que fuimos a la plaza de mercado, porque necesitaba conseguir un paraguas para su acción, fue lindo ver cómo disfrutaba de la diversidad del lugar, curiosa y fascinada por tantas texturas, colores y olores que se pueden encontrar allí. En ese momento me pareció extraño ver cómo una persona, completamente ajena a la cultura de este país, podía fascinarse con un lugar que me parecía terrible.

Figura 4. Los peces no hacen preguntas (Julie Pichavant, 2017)

A Umberto Casas lo recuerdo mucho porque me pareció desde un comienzo una persona muy amable y con buen humor. Un señor bajito, blanco, canoso, vestido con una camisa de Pinky y Cerebro, una de mis caricaturas preferidas de pequeña. Su obra La Contemplación se trataba de unos muñequitos de barro que habían recorrido el mundo con él, se habían expuesto en muchísimos países, nos contó las historias que vivió junto a ellos, pero mi memoria no alcanzaba a retener todo con tanta información.

Figura 5. La contemplación (Umberto Casas, 2017)

El festival del 2017 creó unos lazos de amistad que nadie imaginaba que iban a suceder. Fue un año de mucho trabajo, como siempre, pero ante todo fue uno de mucha unión. Recuerdo que se había convertido en una tradición vernos todos los viernes en una sala pequeña que se hace llamar “la sala de profesores”, llegábamos allí a conversar y converger ideas de lo que podría llegar a pasar con el festival en esa área urbana. Con meses de anticipación nos preparábamos para lo que sería tan solo una semana de actividades. Algunos trabajábamos, otros no; pero era muy curioso que todos estuviéramos ahí, presentes, riendo, un poco concentrados en lo que teníamos qué hacer. Después de cada reunión, casi siempre íbamos por un tinto o incluso íbamos a comer, no sólo nos reuníamos por una necesidad festivalera sino porque sentíamos que era un lugar cómodo para pasar el rato. Más que un equipo de trabajo, nos habíamos convertido en un grupo de amigos. Uno que se había vuelto inseparable. Entre todos nos apoyábamos, si alguien necesitaba ayuda en algo así no fuera nuestra tarea, estábamos ahí, nos acompañábamos en cada inauguración de la que estuviéramos a cargo. Después de que terminaba el festival, el grupo se dividía, algunos no volvían en varios días, los que nos quedamos sabíamos que siempre estábamos ahí para el otro.

Como citar:

Hincapié, M-S. (2020). Estar para el otro. Una historia sobre el segundo Festival. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo. 1 (3). Recuperado de: https://portalerror1913.com/2020/11/04/estar-para-el-otro/

Fecha de recibido: 12 de Octubre de 2019 | Fecha de publicación: 3 de Noviembre de 2029

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144X

REGRESO AL LUGAR. Una historia sobre el primer Festival

Return to the place. A story about the first Festival

Juliana Ceballos Rojas

Maestra en Artes Plásticas | Universidad de Caldas | julianaceballosrojas@gmail.com

Figura 1. Cartel promocional (FIAC, 2016). Imagen cortesía FIAC

Este texto hace parte de un ejercicio de reflexión propuesto por el Semillero Mediaciones y Teorías del Arte de la Universidad de Caldas, en torno a la manera en que los estudiantes han vivido las distintas versiones del Festival Internacional de Arte Contemporáneo de Manizales

Piense en el 2016… Si a usted le interesa el arte y es del eje cafetero, cualquiera que sea el acontecimiento que venga a su cabeza de ese año, seguramente va a estar relacionado de alguna forma con el FIAC. De hecho, la segunda mitad del 2016 podría representarse con un sentimiento de nostalgia: el hecho de mirar al pasado tratando de rehacer una serie de acontecimientos, implica pensar el presente construido sobre esos hechos y el camino explorado para llegar a lo que somos hoy.

La salida de casa

Para mí, el 2016 fue un año de numerosos descubrimientos gracias a un intercambio académico que realicé en el pregrado en Artes Plásticas y Visuales de la Universidad Nacional, sede Bogotá. Al provenir de una pequeña ciudad periférica, hubo muchas cosas que me causaron impresión al enfrentarme a la monstruosa metrópoli; así que por más que intenté enfocarme exclusivamente en cuestiones artísticas, siento que todo terminó girando en torno a la cotidianidad: la vida universitaria, las relaciones, caminar, comer, el movimiento, residir; todo ello tuvo implicaciones en mis formas de pensamiento y producción artística.

Un mar en movimiento constante, la capital es donde confluyen todos los ríos de la periferia, el lugar donde todo se valida y suceden los grandes eventos de los que con suerte nos enteramos por medios y redes sociales sin poder experimentar la percepción de propuestas e ideas flamantes. Me parece abrumador pensarse como parte de aquel circuito de reflexiones y objetos extraños, construyendo conceptos colectivos mientras me cruzaba con aquellas personalidades que contribuyen a la mutación del arte en Colombia.

Fueron entonces casi seis meses de ser una foránea en mis habituales formas de percibir el mundo y mi pertenencia a él. Lamento el tono melancólico, había finalizado una de las etapas más simbólicas de mi vida universitaria, pero en ese momento no contaba con que el regreso al lugar de origen tuviera implicaciones tan importantes en mi formación artística y la evolución de las artes plásticas a nivel local.

El regreso al lugar

El retorno implica de nuevo marcharse: recoger, empacar, trasladarse, cargar con el peso de los objetos y dejar un espacio vacío. El punto de origen fue mi partida, así que verme en el lugar donde inició todo, era realmente valioso. En ese momento, con el bagaje de una historia de la cual podía partir para proponer otras perspectivas, sentía que tenía argumentos y conocía diferentes metodologías para comparar la formación que estaba recibiendo con la pertinencia de ésta en la actualidad. Así que por frustrantes que fueran las dinámicas de los talleres y arcaicos los procedimientos de enseñanza de muchos docentes, había muchas luces al final del camino en la rebeldía de escapar de la anacrónica modernidad de Bellas Artes, esto sucedió al trabajar en la producción del Festival Internacional de Arte Contemporáneo.

Pertenecí a ese edificio, el Palacio de Bellas Artes, durante seis años y viví muchos de los eventos que se proponen desde allí, siendo uno de los pocos lugares con la autoridad de plantear sucesos contextuales de artes plásticas en la ciudad. La actitud pasiva fue uno de los motivos para mudarme a un lugar de actividad constante y competencia; sin embargo, Zona de Encuentro fue uno los eventos que más recuerdo, un espacio significativo de reflexión sobre lo que se proponía académicamente y cómo se podían abordar de manera crítica aquellas ideas. Tristemente, hasta ese momento lo que se planteaba tenía una suerte de “el perro que se muerde la cola”, porque su alcance era la misma academia y a la vez la academia era su crítica más tirana. En contra de todo obstáculo, la escuela había sido visitada por personalidades de gran reconocimiento: el actual curador del Museo de Arte Moderno de Bogotá, Eugenio Violla, la reconocida performer María José Arjona y, como antecedente más próximo al FIAC, desde Arte por la Vida llegaron a la academia artistas de nivel internacional como Gonzalo Puch Orta, Jeffrey Sippel y SinQuenza, sus propuestas despertaron completamente el extrañamiento desde lo pedagógico, lo expositivo y lo creativo.

Esto planteó un precedente para pensar que nuestros recursos no eran exclusivamente locales, sino que podíamos optar por explorar los alcances del arte contemporáneo para proponer experiencias contextuales, tanto para la comunidad académica como para el medio cultural manizaleño.

Así es como comienza a componerse el Primer Festival Internacional de Arte Contemporáneo en Manizales, con una producción admirablemente organizada a manos de los mismos estudiantes del pregrado en Artes Plásticas de la Universidad de Caldas con la coordinación de los docentes Alejandra Paola Murcia, Sebastián Rivera y Pedro Antonio Rojas, se propuso el arte contemporáneo como hilo conductor del evento con mayor actividad cultural de artes plásticas y visuales para la ciudad.

Quiero retomar mis recuerdos de estudiante, para traer a colación lo revelador que es enfrentarse a la producción y logística de un evento cultural, en lo que puede significar una eficiente forma de aprender resolución de problemas. Así que destaco con orgullo el hecho de que parte del éxito se haya dado por el compromiso de los comités de estudiantes que estuvieron siempre al tanto del desarrollo de cada momento del Festival. Siento que volver al programa para este momento fue una manera muy significativa de recorrer de nuevo mi ciudad. Los eventos de larga trayectoria habían sido los únicos con capacidad de activar la mayoría o totalidad de lugares expositivos de Manizales, ninguno como el Festival con acceso completamente libre, con prácticas artísticas actualizadas y con la intención de construir discursos pertinentes en la contemporaneidad.

Para que ello se llevara a cabo, el Festival se compuso bajo tres líneas curatoriales: Regreso al lugar, Mediaciones e Inmediaciones y Prácticas de Resistencia. Aunque cada una de ellas fue increíblemente pertinente para pensar la relevancia de las prácticas artísticas para un espacio y tiempo como el nuestro, siento que la línea Regreso al lugar hablaba de todo lo que yo estaba esperando que sucediera en Manizales: Un arte contextual.

El arte contextual

La memoria tiene autonomía, no controlamos lo que se archiva en ella. Por lo menos puedo decir que tengo muchos vacíos en los recuerdos de las experiencias que he vivido y sé que con facilidad puedo recurrir sólo a los momentos que más me afectaron. Un ejemplo de ello es el espacio que tuvimos en el Laboratorio con Franklin Aguirre, allí pude revivir mis clases en la Nacional y podía enamorarme una y otra vez del arte; pude compartir ese momento con mis compañeros de siempre, con los que nos imaginábamos las posibilidades de nuestra escuela y ahora estábamos viviendo que se hacía realidad lo que siempre estuvo en nuestro imaginario.

Figura 2. Ideación, objetualización y puesta en contexto de practicas artísticas contemporáneas (Franklin Aguirre, 2016). Imagen cortesía FIAC

El festival me permitió crecer en lo emocional, comprender el mundo cuando hay choques, incomodidad y extrañeza, debido a experiencias confusas en las que nos envuelve el arte. La acción Enraizando elementos del Semillero de Investigación en Performance es uno de esos momentos que perduran muy vívidos en mis recuerdos por su intensidad. Le agradezco al arte esos momentos de incomodidad e incertidumbre que me mantienen cuestionándome todo el tiempo sobre los límites del sentir, el pensar y el actuar; no todos los días se ve a un grupo de personas cavando en el suelo con sus propias manos para después comer y embadurnarse la tierra, con la audacia de ofrecerle a los espectadores repetir dichas acciones y que, increíblemente, encuentren quién se atreva a hacerlo.

Figura 3. Enraizando elementos (Semillero de Investigación en Performance, 2016). Imagen cortesía FIAC

Manizales es un lugar muy complejo en términos participativos. Los mismos productores de arte, somos pésimos consumidores culturales y eso nos quita el derecho a exigirle interacción o por lo menos, una participación pasiva al público general. Sin embargo, tratándose de una ciudad con una considerable población joven, tenemos esperanza de que la formación de públicos (así sea un proceso lento) es una actividad posible y requiere constancia.

Volviendo a la idea de que los productores culturales, somos increíblemente pasivos en la actividad cultural, esto justifica que la crítica de arte tenga aún mucho recorrido por conocerse y que, hasta el día de hoy, los eventos son narrados en una dinámica de “teléfono roto”. Sin embargo, para no quitarle crédito a esta ancestral acción del voz a voz, la narración cotidiana propicia un discurso más sentimental y subjetivo, que técnicamente crítico; por lo que el valor recae en el haberme encontrado de nuevo con personas que no veía hacía tiempo y el Festival fuera la excusa para discutir la actualidad del arte.

Creo que nadie se imaginaba un final tan significativo como las palabras de Paul Ardenne, el invitado cuyo texto inspiró las líneas curatoriales del Festival, nos compartió un discurso pertinente para lo que debería proponerse desde el arte actualmente. Eso, tuvo completa coherencia con lo que hizo el Festival: activó una academia que parecía atrapada en el tiempo para proponerle a una ciudad inmóvil un conjunto de actividades disruptivas. Un evento cuya máxima fuerza fue la fe, movidos por la intuición de una primera vez, resolviendo problemas inesperados e inmediatos en el camino.

Figura 4. El artista y el contexto real: Lo más cercano de la vida (Paul Ardenne, 2016). Imagen cortesía FIAC

Hoy que estamos pensando el pasado mientras sucede el Quinto Festival de Arte Contemporáneo, podemos leer con certeza la evolución de un evento que continúa marcando precedentes para cada uno de los espacios y personas involucradas, dejando articulado un Festival de Arte para que las generaciones siguientes adquieran la experiencia de la producción cultural desde nuestra academia y en la formación de un público complejo. Mientras se da esta versión retrospectiva, me es inevitable pensar que es en el pasado donde residen aquellos momentos que hacen del presente un espacio estable y certero, a pesar de que estemos experimentando la nostalgia de lo que fue y la incertidumbre de lo que está por venir.

Como citar:

Ceballos, J. (2020). Regreso al lugar. Una historia sobre el primer festival. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 1(3). Disponible en: https://portalerror1913.com/2020/11/03/regreso-al-lugar/

Fecha de recibido: 30 de octubre de 2020 | Fecha de publicación: 2 de noviembre de 2020

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144X

LO ANORMAL, LO OTRO, LO MONSTRUOSO

The abnormal, the other, the monstruous*

Texto: Diego Fernando Parra Serna

Profesor de Filosofía | Universidad Tecnológica de Pereira | dfparra@utp.edu.co

Imágenes: Jhon James Marin**

Artista Plástico | Universidad de Caldas | jhonjamesmarin7@gmail.com

Figura 1. Happy birthday (James Marin, 2020). Imagen cortesía del artista

*Este ensayo fue escrito para el primer número de la revista La expuesta de la Universidad de Quindío, se trataba de una edición dedicada a lo feo y lo siniestro que no llegó a ser publicada

**James Marín realiza una contribución a la presente publicación con distintas imágenes de su propuesta artística. A lo largo del texto encontrarán apropiaciones de fotografías e ilustraciones que hacen referencia a la infancia, el artista mira con extrañeza, quebranta y rarificando, las costumbres que funcionan como ritos de transición y formas de inscripción en la sociedad (normalidad). Los cumpleaños infantiles, las fiestas de quince y la llegada a la escuela, se presentan a través de una estética de lo horroroso, problematizando el miedo irracional a lo distinto.

El objeto del presente trabajo es reflexionar sobre la estética de lo monstruoso, teniendo como punto de partida algunos textos del autor Michel Foucault, en especial las conferencias sobre Los anormales, donde rastrea lo monstruoso desde documentos judiciales y clínicos, hasta dar cuenta del paso de lo monstruoso a lo anormal. El autor Michel Foucault nos permite otras interpretaciones, no frecuentes dentro de la cultura occidental, esta reflexión no pretende hacer un recuento histórico-lineal y se apoya en otros textos, como Orden y caos, un estudio cultural sobre lo monstruoso en las artes de José Miguel G. Cortes.

Pensar en lo otro nos permite una visión directa de lo monstruoso en sí mismo, como nos cohabita, presentándonos temor y placer; como puede ser real dentro de los parámetros “civilizados” y a su vez como contribuye a la creación artística, al desborde de la imaginación. Los seres “feos”, monstruosos, excluidos; encarnan una complejidad, una pugna con lo establecido como “hermoso”, ¿Qué es lo bello, la proporción o lo bueno? Si se quiere desechar de plano, otras posibilidades, tal vez también sea nuestro inmanente antropocentrismo y egocentrismo humano que descarta su presencia.

El territorio de lo impensable se pone de manifiesto en el prefacio de Las palabras y las cosas (1990) de Michael Foucault, cuando trae como ejemplo un texto literario de Jorge Luís Borges titulado El idioma analítico de John Wilkins. Este texto menciona una serie de clasificaciones paradójicas, una mezcla en apariencia arbitraria o indiferenciada, de tipos, de clases; alude a una clasificación china de animales fabulosos y reales, puede ser incomprensible o risible a la luz occidental, donde la razón delimita, ordena, evita el caos y decide prescindir de lo otro, lo excluido. Esto también es pensable, como es pensable una estética de lo amorfo, de lo asimétrico, de lo monstruoso.

El monstruo va contra el orden normal de la naturaleza, supone exceso, extraordi- nariedad, fealdad, maldad, en este sentido de perversión va en contra de lo insti- tuido, de las normas, de las leyes; es execrable, anormal como lo dice José Miguel G. Cortes en su obra Orden y Caos:

En este sentido, las criaturas monstruosas vendrían a ser manifestacio- nes de todo aquello que está reprimido por los esquemas de la cultura dominante. Serían la huellas de lo no dicho y no mostrado de la cultura, todo aquello que ha sido silenciado, hecho invisible. Lo monstruoso hace que salga a luz lo que se quiere ocultar o negar. Además problematiza las categorías culturales, en tanto que muestra lo que la sociedad reprime. Todo ello tiene un contundente carácter subversivo al revolver o invertir las categorías conceptuales, o subvertir los represivos esquemas cultu- rales de la categorización. (Cortés, 1997, p. 74)

Para la institución es preciso establecer lo métodos, correcciones y adecuadas nomenclaturas que permitan que nada se “salga de las manos”. Lo monstruoso está ligado a desorden, a locura y es preciso su identificación. En el texto Los anormales (Curso en el Collége de France, 1974 -1975) Foucault nos menciona “Digamos que el monstruo es lo que combina lo imposible y lo prohibido” (2000, p. 61). Pero existe lo monstruoso, el humano también lo encarna, en él habitan las más insospechadas variables e impredecibles conductas, enclaustradas y dispuestas a salir de súbito o por moderadas cuotas:

(…) el monstruo es en cierto modo, la forma espontánea, la forma brutal, pero por consiguiente la forma natural de la contranaturaleza. Es el modelo en aumento, la forma desplegada por lo juegos de la naturaleza misma en todas las pequeñas irregularidades posibles. Y en ese sentido, podemos decir que el monstruo es el gran modelo de todas las pequeñas diferencias. Es el principio de inteligibilidad de todas las formas -que circulan como dinero suelto- de la anomalía. (2000:62)

El monstruo tomado como modelo de diversas desviaciones, anomalías, es principio de inteligibilidad, pero esto es paradójico porque en su propia confirmación es ininteligible:

(…) y no obstante ese principio inteligibilidad es un principio verdaderamente tautológico, porque la propiedad del monstruo consiste precisamente en afirmarse como tal, explicar en sí mismo todas las desviaciones que puedan derivar de él, pero ser en sí mismo ininteligible, por consiguiente, lo que vamos a encontrar en el fondo de los análisis de la anomalía es la inteligibilidad tautológica, el principio de explicación que remite más que así mismo. (2000 p. 62)

El monstruo es mezcla de dos reinos. El reino humano y el reino animal, esta noción corresponde o es usual entre la Edad Media y el siglo XVIII, también es mixtura de dos especies, de dos individuos, de dos sexos, es mixtura de vida y muerte, es mixtura de formas. Estas indeseables combinaciones hacen lo propio de su trasgresión, lo sitúan más allá, ponen en entredicho los límites naturales, las clasificaciones, la ley, constituye una infracción a ella.

Figura 2. Dulces quince insectos (James Marin, 2018). Imagen cortesía del artista

Dice Foucault que: “La monstruosidad es una irregularidad tan extrema que; cuando aparece, pone en cuestión el derecho que no logra funcionar” (2000, p. 69). La monstruosidad fuera de alarmar, también dificulta las leyes humanas o divinas, remite a un desorden, a una confusión de toda ley natural, canónica o civil. En el texto Los anormales se precisa que en la Edad Media la monstruosidad era frecuentemente considerada como el cruce de dos reinos, que era a la vez hombre y bestia, un ser bestial. También anota que en el Renacimiento se nutre a la literatura en general, como a los libros de derecho, los de medicina y religiosos, particularmente de los siameses. En la Edad Clásica la particularidad va dirigida al hermafroditismo (2000, pp. 72-73).

Foucault en este texto evidencia el paso del monstruo al anormal. Como ese ser en un principio cargado o emparentado con lo mítico, va a dar cuenta de comportamientos censurables, comportamientos evidentes de aberración sexual, comportamientos inusitados y extravagantes, asesinato, crimen y locura. Allí hace su necesaria intervención la psiquiatría, la psicología criminal, la aparición de técnicas o tecnologías (como la psicotécnica, el psicoanálisis o la neuropatología) se hacen necesarias por la aparición o evidenciación de las “rarezas” o los comportamientos humanos: el monstruo humano, está entre los normales, es necesario que apenas dé su aparición, su salto, sus instintos, sea denominado, ajustado dentro de los diferentes dispositivos, correctivos, estudios y leyes que lo identifiquen como anormal (2000, pp. 107-108).

Figura 2. La horrible escuela (James Marin, 2019). Imagen cortesía del artista

Hablar de lo “otro”, es abordar lo que muchas veces no se quiere confrontar, algunas razones pueden ser lo aparentemente fútil, innecesario, de lo que se ha mantenido “ahí”, sabemos que ha existido, existe, pero se quiere conjurar lo “peor”, lo inhumano, lo excluido es mejor no desentrañarlo, a pesar de tener una certeza de que ciertos términos como perversión, locura, instinto, muerte, sexo, violencia, entre otros, están “inmiscuidos”, nos “rozan”. Por fortuna somos “civilizados” tanto progreso científico, tecnológico, político y económico nos deshacen de cohabitar con lo anteriormente mencionado, aun más cuando estas palabras vinculan un sentido negativo pueden ser asociadas con dos puntos: mal-maldad, tendremos como resultado un efecto evasivo, es preferible ante todo reconocer en otros lo que no se quiere ser, (aunque también esté vinculado, lo que se quiere ser). Es menos comprometedor señalar, es más cómodo, calificar lo exterior de “lo otro”. De nuevo G. Cortes permite develar estas paradojas:

La moral y el bien social no pueden pactar con los seres monstruosos porque representan lo otro, lo diferente, aceptar la diferencia podría obligar a modificar la universalidad de la ley moral y el concepto de orden podría llegar a verse seriamente amenazado. Por el contrario, se trata de subrayar y acentuar las diferencias (formas desmesuradas o ridículas como ausencia de funciones básicas, insaciabilidad de los deseos); nada puede encubrir las peculiaridades malditas de unos seres proscritos. Se- res que la sociedad necesita y llega a fabricar, para mostrar la justeza del orden sobre el que se asienta. (…) al observar un ser monstruoso , se nos revela una parte de nosotros mismos que desconocemos, se despierta en nuestro interior la ocasión de expresar, de proyectar (sin demasiados riesgos) los deseos y los temores (aceptados y/o rechazados) que forman lo más profundo de nuestra existencia. (1997:19-26)

La humanidad no ha cesado de relacionarse con monstruos, a pesar de existir tantos intentos de domesticar, asimilar a lo decorativo o relegar al mundo de lo fantástico las formas monstruosas. Ellas ponen en entre dicho las nociones de belleza y proporción, cuestionan al ser humano como un ser superior y abren espacios abismales sobre la animalidad de las personas. Los parámetros culturalmente establecidos, los cánones de lo bello suponen armonía, deleite, simetría. Conducen a lo bueno, por oposición lo monstruoso es contrariedad, entraña lo no identificable, es discordante, nos trasmite lo maligno y lo misterioso, el miedo.

El miedo intranquiliza, manifiesta inestabilidad y fragilidad, a la par devela los temores que nos cuestionan, nos ponen en contrariedad, podríamos decir nos da temor de sí mismos, de la otredad que también nos habita. En el texto de Calábrese se observa: “nada se asemeja tanto a la mediocridad como la perfección” (Calábrese, 1987, p. 107). Ahora lo monstruoso se ha concebido como aleccionador, adoctrinante, en este sentido revela que por la fuerza, por el poder instintivo no son las vías adecuadas. Lo monstruoso es utilizado –para la belleza es necesaria también la monstruosidad-, Umberto Eco en Historia de la belleza, menciona de la Summa Halesiana del siglo XIII lo siguiente:

El mal en cuanto tal es deforme… no obstante, puesto que del mal se desarrolla el bien, es llamado bien por lo que aporta al bien y así es llamado bello en el orden. Por tanto, no es llamado bello de forma absoluta sino bello en el orden; incluso sería preferible decir: <<el propio orden es bello>>. (…) En la summa atribuida a Alejandro de Hales, el universo creado es un todo que debe apreciarse en su conjunto, donde las sombras con- tribuyen a que las luces resplandezcan mejor, incluso lo que puede ser considerado feo en sí resulta bello en el cuadro del orden general. Es el orden en su conjunto lo que es bello y, desde este punto de vista, queda redimida también la monstruosidad que contribuye al equilibrio de ese orden. Guillermo de Auvernia dirá que la variedad aumenta la belleza del universo y, por consiguiente, incluso las cosas que parecen desagradables son necesarias para el orden universal, incluidos los monstruos. (Eco, 2004: 148-149)

Lo deforme contribuye al orden, ayuda a una armonía universal. El contraste reestablece o persigue el conjunto inamovible que tiende necesariamente a la superación de lo contrario, el monstruo ejemplifica lo no debido, es sumido a lo fantástico, ornamental y maravilloso, no existe una posibilidad de lo otro sino “conforme a”, reducción de lo abominable al terreno del orden, del equilibrio. Estamos rodeados de tanta disparidad y somos tan indiferentes, o aplicamos una conversión que nos lleva a lo habitual. En algunos apartes de la introducción de la Estética de lo feo de Karl Rosenkranz, 1852 se evidencian los siguientes elementos apropiados en la presente reflexión:

El infierno no solo es ético y religioso, también es estético. Estamos in- mersos en el mal y en el pecado, pero también en la fealdad. El terror de lo informe y de la deformidad, de la vulgaridad y de la atrocidad lo tene- mos a nuestro alrededor representado en una gran cantidad de figuras, (…) Es a este infierno de lo bello a donde queremos descender ahora, y es imposible hacerlo sin introducirnos al mismo tiempo en el infierno del mal, en el infierno real porque lo feo más feo no es aquello que nos repugna por naturaleza (…) sino el egoísmo que manifiesta su locura en los gestos pérfidos y frívolos, en las arrugas de la pasión, en la mirada torva del ojo y en el crimen (…) El ámbito de lo bello convencional, de la moda, está lleno de fenómenos que, si se juzgan a partir de la idea de lo bello forzosamente se definen como feos, y sin embrago se reconocen temporalmente como bellos. No porque lo sean en sí y por sí, sino tan sólo porque el espíritu de una época halla precisamente en estas formas la expresión adecuada de su carácter específico y se acostumbra a ellas. (Eco, 2004:135)

Por supuesto hemos trasformado lo monstruoso, corresponde a los avances y cambios culturales, no existe una forma de lo monstruoso es informe, también camaleónico porque se adecua para poder incluir otras categorías antes no atribuidas a lo monstruoso, posiblemente hayamos perdido por mutación al monstruo. También se habrá perdido el asombro y poco nos conmueve. Lo monstruoso está tanto en la silla del lado, como en la calle, escondido entre tantas guaridas de una mole de cemento, en internet hay muchos sitios asequibles, en los noticieros, en las pantallas de los televisores, hemos llevado lo monstruoso al espacio que se abre entre lo habitual y lo virtual: “los nuevos monstruos lejos de adaptarse, a cualquier homologación de las categorías de valor, las suspende, las anulan, las neutralizan. Se presentan también como formas que no se bloquean en ningún punto exacto del esquema, no se estabilizan. Por tanto, son formas que no tienen propiamente una forma, sino que están, en busca de ella” (Calábrese, 1987, p. 109).

El arte ha sido un medio de expresar no solamente júbilo también ha expresado lo horroroso, inclusive artistas que han hecho de ello un lenguaje recurrente, en sus obras han conseguido una estética particular, no únicamente bajo forma o tema sino una identificación de su trabajo, podríamos mencionar las obras pictóricas de Goya, de Munch, la literatura de Edgar Allan Poe, creadores contemporáneos como Giger, en sus cuadros, la literatura de Anne Rice, el cine de Tim Burton, solo por mencionar algunos.

Ahora podríamos destacar algunos personajes que nos darán signos de exclusión, proscritos, el mito del ángel caído, el expulsado Lucifer, demandado tanto por los cristianos, la hechicería de las brujas, el juego de la creación con frankenstein, la liberación de los instintos primarios, con los hombres lobo, la inmortalidad, seducción y destierro de la luz de las vampiras y vampiros, la soledad del fantasma de la ópera, el resentimiento de Ricardo III de William Shakespeare, la indiferencia producida por Jean Baptiste Grenoville, personaje central de la novela El Perfume, estos seres y sus diferentes características denotan en sí mismos las irrupciones y las posibilidades éticas y estéticas en lo monstruoso, no hay contrariedad ni constituye una brecha, hace parte porqué pensar en dicotomías, o que lo uno explica lo otro en el sentido de ejemplificación y diferencia, si ello también nos entraña, como un siamés: “Uno que son dos y dos que son uno.” Para Cortés: “La representación de lo terrible monstruoso no necesita ni de complicados seres compuestos ni de animales fabulosos. Lo auténticamente monstruoso es descubrir la bestia en el ser humano y con ello, destruir toda seguridad en la identidad del hombre” (Cortés, 1997, p. 30). Nuestra identificación y fascinación por lo monstruoso es soterrada e inherente. Que se pongan en evidencias nuestras inclinaciones sea por el reconocimiento, por lo expresado en el arte es menos de lo que somos propiamente los humanos cuando nos proclamamos tan por encima de todo lo existente, alardeamos de nuestra superioridad, cuando ni siquiera aceptamos y preferimos encubrir, todo el magma que nos corroe las entrañas, dedicamos lo monstruoso a la fantasía. Edgar Allan Poe en sus Narraciones Extraordinarias, anota: “La verdad es ciertamente más extraña que la ficción” y “ no hay belleza exquisita sin alguna anomalía en la proporción” (Poe, 1974, pp. 48-223).

Figura 4. Niños elefantes (James Marin, 2020). Imagen cortesía del artista

Lo bello puede ser tan abyecto como lo monstruoso sublime. Impensable seria considerar a un ser humano sin vacíos, sin angustia, lo extraño es que todo marche sin riesgos, sin nuestros insondables abismos, la incertidumbre ante la existencia, el miedo de la finitud.

De esa pugna continua entre los deseos inconscientes y la represión impuesta (por el entorno social) y asumida como algo natural se origina el ser monstruoso que, a la vez, fascina y repugna; atrae y horroriza. Lo siniestro procedería de una combinación de las represiones individuales y grupales (…) El monstruo está basado en un sentimiento inmanente de terror ante la profundidad misteriosa de la existencia, refleja la fascinación que lo siniestro ejerce sobre el ser humano. (Cortés, 1997:29-37)

Terminemos esta reflexión sobre lo monstruoso con el autor que socava y hurgue sobre lo impensable y excluido Foucault: “todo lo que hoy sentimos sobre el modo de límite o de la extrañeza o de lo insoportable, se habrá reunido con la serenidad de lo positivo. Y aquello que para nosotros hoy designa al exterior un día acaso llegue a designarnos a nosotros (…) pero… que permanecerá una cosa, que es la relación del hombre con su fantasmas, con su imposible, con su dolor sin cuerpo, con las cáscara de su noche” (Foucault, 2000b, pp. 328-329).

En estos tiempos de simulacro, de distorsión, de confortabilidad de pensamiento, donde la imaginación y la fantasía están relegadas, son anticuadas formas destinadas a la extinción, todos nuestros monstruos son doblemente excluidos, desterrados; no hay lugar para tan pálidos fantasmas, porque nos hemos encargado de sustituirlos por nuestros propios despojos reales, pero a su vez, lo encantador de ellos es que están dispuestos a saltar de súbito ante cualquier llamado, porque seguiremos soñando y teniendo pesadillas. Dice un vampiro protagonista de la obra de Anne Rice: “vagar eternamente por el territorio de las pesadillas tiene su oscuro esplendor” (Rice, 2004, p, 255)…

Referencias

Calábrese, O. (1987). La era neobarroca. Madrid: Cátedra.

Eco, Umberto. (2004). Historia de la belleza. Barcelona: Random House Mondadori, S.A.

Foucault, Michel. (1990). Las palabras y las cosas. Madrid: Siglo XXI.

_______. (2000). Los anormales. Curso en el collége de France. 1974 -1975. México: Fondo de Cultura Económico. 2000.

_______. (2000 b). Historia de la locura en la época clásica. México: F. C. E.

Cortés, J-M. (1997). Orden y caos. Barcelona: Anagrama.

Poe, E-A. (1974). Historias extraordinarias. Barcelona: Editorial Brugueray. Rice, Anne. (2004). Lestat. Colombia: biblyos.

Como citar:
Parra, D. (2020). Lo anormal, Lo otro, lo monstruoso. James Marín (Imágenes). Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo. 1 (3).  Disponible en:  https://portalerror1913.com/2020/10/28/lo-anormal-lo-otro-lo-monstruoso/

Fecha de recibido: 10 de Febrero de 2020 | Fecha de publicación: 30 de octubre de 2020

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144X