TOMMY Y APOLO. Un ensayo sobre las formas de representación

Tomás Marín Puerta

Estudiante Artes Plásticas | Universidad de Caldas

tomas.11910129@ucaldas.edu.co

Hace un tiempo encontré un perfil en Instagram. Al navegar por la página de las publicaciones con la etiqueta de Manizales vi un post: era un retrato a lápiz de Ismael Miranda, un cantante del cual nunca había oído hablar. Estaba acompañado de otras dos fotos. Una de ellas era de una señora entregándole el retrato al que supuse era el señor Ismael. En otra estaban ellos dos abrazados. Stalkeando la cuenta de usuario “clemengarciaj” me di cuenta de que esta señora era de hecho Clemencia, una artista con un gran interés por el retrato de personas y animales. Pensé que era una grata coincidencia haberla encontrado entre tanta publicidad de zapatos y fotos de caballos (por aquella época nos encontrábamos en las ferias de la ciudad), entonces, decidí guardar su perfil.

En un principio, lo que me llamaba la atención de Clemencia era su parecido con las mujeres que me han rodeado durante toda mi vida: mi madre, a la cual se asemeja por su tez delgada, además de mi tía Maribel, quien siempre fue la de la vena artística en mi familia paterna. Revisando su perfil encontré que había participado en varias exposiciones, todas ellas en espacios que no tenía ni idea que existían y que, a simple vista, parecen no tener mucha relación con el gran mundo del arte: en el año 2017 la exposición “Nuestra Cultura Cafetera en Carboncillo” en la galería de arte Liberty Seguros; en el año 2018 en la exposición “Manizales antigua y cultura cafetera” en el Café Cami Colombia y en la exposición “Los rostros del amor” en la Asociación Educativa, detrás de la Catedral. Hay algo cautivador en el hecho de exponer en una aseguradora, en un café y en una asociación educativa: espacios alternativos, que se resisten a los ojos de los críticos de las formas (generalmente pertenecientes a la academia) ¿Será que los maestros de Bellas Artes se atreverían a exponer su obra en un café?

Quise, entonces, escribir un ensayo sobre el valor de la obra de Clemencia, porque pienso que este va mucho más allá de la técnica y porque me gustaría que en la universidad incursionen creaciones de artistas que sé, por experiencia propia, que escandalizarían a muchos. Para ello me baso en el libro de Mary Beard La Civilización en la Mirada (2019), un texto en el que trata el tema de la representación artística del cuerpo y cómo la conquista de los ideales estéticos que tenemos actualmente hizo que pasáramos por alto otro tipo de miradas.

Beard (2019) nos cuenta un relato sobre la hija (No está claro cuál es su nombre) de Butades, un artesano muy famoso en la antigua Grecia, que me parece muy pertinente para empezar:

“Se trata de un relato que ha llegado hasta nosotros porque estaba contenido en una enciclopedia recopilada por el obsesivo polímata romano, Plinio El viejo (…) En su argumentación sobre los orígenes de las diferentes formas de arte, concedió un papel preponderante a una joven cuyo genio creativo estaba detrás de uno de los primeros retratos. Según la historia, su amante debía realizar un largo viaje y, antes de que se marchara, ella cogió una lámpara, proyectó la sombra de su amado en la pared y la dibujó resiguiendo el contorno: había creado su silueta.” (p.49).

Una de las primeras publicaciones del perfil de Clemencia es un retrato del cantante Nino Bravo. Mi relación con Nino Bravo empezó cuando vi a su imitador en la primera temporada del programa Yo Me Llamo. Mi mamá, una melómana no declarada, se sabía muchas de sus canciones y me transmitió ese cariño por el cantante. En un principio, la obra de Clemencia se centra mucho en estas estrellas del micrófono: salseros y baladistas. Su encanto reside no en la perfección mimética (sin desdeñar su buen manejo de la técnica del carboncillo), ni en pretensiones de mundos paralelos, sino en la puerta que nos abre a sus memorias, no sólo por medio de sus retratos, pues la artista se asegura de compartir alguna canción del retratado en el post que acompaña la publicación: tal como la hija de Butades, Clemencia dibuja siluetas de sus recuerdos relacionados con estos cantantes, asegurándose que, si la memoria no lo permite, los podrá conservar en un papel.

A medida que pasa el tiempo sus intereses van incrementando: de retratos sobre su idea de la cultura cafetera a retratos de personas del común para luego tocar el retrato de animales domésticos.

De los retratos de la gente del común que hace Clemencia los que más me llaman la atención son los de personas muertas, realizados a manera de homenaje. Beard (2019) formula la pregunta: “(…) ¿acaso puede la imagen de una persona suspender su pérdida o incluso negarla por unos instantes?” (p.44). Clemencia le responde dibujando. Su interés ahora no es el de crear siluetas a partir de sus memorias, es el de crearlas a partir de los recuerdos de los demás, devolviéndole a los retratados un instante de vida y dándoles a los familiares de éstos una ventana a momentos del pasado.

Beard (2019) luego menciona :

“Ninguna revolución está exenta de inconvenientes y, en este caso, una mirada retrospectiva al extraño monumento funerario de Frasiclea, que murió doncella, pone de relieve uno de ellos. Esta escultura fue tallada antes de los cambios artísticos propiciados por la revolución. Cien años después, no se la habría representado pellizcando su vestido como si, a nuestros ojos, fuera un trozo de plastilina en vez de tejido. Sus ropas habrían caído formando delicados pliegues y revelando su silueta bajo el drapeado, y ella se habría movido sinuosamente en lugar de posar con la rigidez de una tabla. Sin embargo, no se nos habría encarado como sí hace, tendiendo la mano para ofrecer un regalo mirándonos a los ojos.” (p.82)

Creo que estos “vestidos de plastilina” de los que habla Beard se pueden observar fácilmente en los dibujos de animales que hace Clemencia. Tommy, por ejemplo, es un french puddle con pliegues extraños, un pelaje solamente insinuado y unos bordes en ocasiones muy rectos. Pero todo esto se desvanece cuando vemos su carita coronada por esos ojos llenos de ternura, esa pose que sólo los animalitos saben hacer y que, personalmente, me parece entrañable. Hay algo en el dibujo de Tommy que me recuerda a la escultura de Frasiclea cuyas formas sólo se nos enseñan para señalar lo que estaba “mal hecho” y cómo “mejoró” con el paso de los años. Pero Beard nos habla de esa belleza que deja atrás el “progreso”: seguro que como Tommy nos mira, no nos mirará la obra más hiperrealista, porque los avances artísticos no son lineales, ni son sólo en el ámbito de la creación de nuevas herramientas para los artistas. Hablar de unos “avances técnicos” es caer en el error de clasificar diversas formas de representación como si fueran obsoletas, basado en un criterio de figuración impuesto por ideales académicos.

Soy una persona que cree que los mejores artistas no están en las academias. A veces la técnica nos consume. La mayoría de nosotros cree que han nacido con un don, un regalo que no mucha gente tiene, cómo si tuvieran cuatro brazos u ojos en la espalda. En realidad, los dotes para representar los tenemos todos. Personalmente ni siquiera creo que deban “desarrollarse” para alcanzar un nivel “sobresaliente”. Beard (2019) habla sobre como J. J. Winckelmann, uno de los primeros historiadores del arte, creía que El Apolo de Belvedere era el culmen de la representación artística, decía que el arte y el progreso tienen una relación directamente proporcional: “En otras palabras, es casi como inferir que se puede rastrear la historia, el auge y declive de la civilización, a través del auge y declive de la representación del cuerpo humano. El Apolo situado en la cima.” (p.101). ¿Será que las escuelas de Bellas Artes continúan con las ideas obsoletas planteadas por Winckelmann? ¿Será Manizales?

Recuerdo cuando era pequeño y mi tía Maribel iba a nuestro apartamento en Villa Pilar para cuidarnos a mi hermano y a mí, porque mis papás tenían que trabajar. Por las tardes ella colocaba Teleamiga. Daban un programa de una señora que enseñaba a hacer manualidades como muñecos, manteles y cojines. Todos los años ella, junto con otras personas, realizaba la decoración del alumbrado navideño del barrio Los Cedros. Recuerdo entrar a su casa y ver materiales: papel celofán, foamy, silicona, escarcha. Hablar sobre Clemencia es para mí una forma de hablar también de mi tía, una artista que dejó su huella en mí: sin títulos ni exposiciones en México, pero con ganas de hacer cosas que a ella le parecían bonitas y que le alegrarán la vida a los demás ¿Debería el arte aspirar a más?

Hace poco la vi. Era un sábado en el que había visitado a mi abuela y a mis tías. Iba subiendo la loma gigante de Los Cedros, de camino para recoger a mi mamá. La vi y no supe quién era de inmediato. Luego vi que estaba paseando un perrito. La volví a ver. Era Clemencia.


Referencias

Beard, M (2019). La civilización en la mirada. Bogotá, Colombia. Editorial Planeta.


Como citar:
Marín, T. (2020). Tommy y Apolo. Un ensayo sobre las formas de representación. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 1(2). Disponible en: https://portalerror1913.com/2020/07/20/tomy-y-apolo/

Fecha de recibido: 15 de junio de 2020 | Fecha de publicación: 20 de julio de 2020

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144X

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