DISTANCIAS FRACTURADAS: Foro con los artistas del proyecto “Nuevo Oro”

Fractured Distances: Forum with the artists of the “New Gold” project

Por:

Andrea Ospina Santamaría

Estudiante Maestría en Museología y Gestión del Patrimonio | Universidad Nacional de Colombia

andospinasan@gmail.com

Jennifer Rubio Leal

Artista Plástica | Universidad de Caldas

js.rubio95@gmail.com

Andrea Ospina y Jennifer Rubio: Nuevo oro es un proyecto editorial coordinado por el Colectivo .CO y editado por Luciana Serrano, en el que se compilan propuestas visuales que tratan algunas de las manifestaciones sociales realizadas en el 2019. Recordando una frase de la artista chilena Cecilia Vicuña “Tu rabia es oro”, el proyecto presenta algunas de las estrategias e intervenciones que logran hacer visibles los problemas que atravesamos como latinoamericanos y algunas posturas que adoptamos.

En la publicación participamos veintiseis artistas de Argentina, Brasil, Chile y Colombia, realizando aportes por medio de la dirección, edición o la presentación de propuestas visuales. Los lectores del Portal Error 19-13, podrán conocer no solo la publicación sino parte de las ideas que hicieron parte del proceso de producción de este proyecto. Como si se tratara de un making-of (detrás de cámara), propusimos un foro en el que le realizamos preguntas a varios de los artistas que participaron del proyecto.

PUBLICACIÓN:

FORO:

ANDREA OSPINA SANTAMARÍA (Manizales, Colombia)

Para abrir esta conversación nos gustaría que nos compartieras un contexto general, dirigiste el proyecto Nuevo Oro, ¿Qué es y cómo nace? ¿Cómo se generó el encuentro con los artistas? ¿Cómo conocieron o se acercaron a esos accionares?

Andrea: Tuve la oportunidad de vivir en Santiago de Chile durante octubre y parte de noviembre de 2019, donde pude presenciar el inicio de las manifestaciones que se detonaron por el alza en el transporte público y que se extendieron por las problemáticas sociales de fondo que había producido su modelo económico. El 21 de noviembre ya me encontraba de regreso en Colombia, ese día se realizó un paro nacional como protesta por las reformas laborales y pensionales, los asesinatos de líderes sociales, entre otras razones. Este paso de dos situaciones diferentes pero similares en esencia, me llevó a pensar en las distintas formas en que -como artistas visuales- podemos reunir nuestras voces y generar archivos. En especial, hemos realizado conversaciones en torno a lo que ha venido sucediendo y concluimos que no solo es cuestión de los últimos meses, sino que se extiende en este caso a lo largo del año; y que, realmente, los derechos humanos, de las comunidades y de los individuos han sido negados a lo largo de la historia en su construcción más lineal.

Por ello le propongo a Laura Sánchez, con quien conformo el Colectivo .CO, realizar una publicación en donde se agrupen los artistas que pude conocer durante mi paso por Chile (o cuyo trabajo llegó a mí por diferentes medios) y que, además, se encuentran accionando desde la práctica artística en este contexto; así como colegas colombianos que comenzaban a tomar posturas frente a lo sucedido. Poco a poco, diferentes artistas se van sumando a la iniciativa y logran darle sentido a un recorrido más amplio por distintos países latinoamericanos. El proyecto reúne veinticuatro intervenciones en una publicación virtual sin ánimo de lucro, pienso que son solo una pequeña muestra de todos los trabajos que se podrían abordar; procedimientos artísticos posibles y formas como se asume desde lo personal, lo profesional y lo político una realidad.

Todo esto fue un accionar sencillo, gracias a los medios actuales de comunicación; el constante diálogo fue moldeando los resultados, además nos permitió ver la impulsividad, los errores y los miedos que como artistas, individuos y colectividades proyectamos. En ese momento se suma Luciana Serrano, en la edición, quien logra poner un poco más de sentido a todo este proceso. Comenzando así la escritura y agrupación de las propuestas en los tres capítulos de la publicación. Por último, es importante para nosotras dar un espacio a algunos artistas del eje cafetero que se encontraban activos en este aspecto.


LUCIANA SERRANO (Buenos Aires, Argentina)

Sabemos que te desempeñaste como editora invitada desde Argentina, por lo cual nos gustaría saber ¿Qué destacarías de la línea narrativa que sigue Nuevo oro frente a las situaciones sociales de Latinoamérica? ¿Cuál fue la dificultad, si es que la hubo, o los retos que encontraron al articular las diversas voces que hacen parte del proyecto?

Luciana: En primer lugar, creo que cualquier esfuerzo editorial en el contexto actual de saturación mediática y algoritmos pagos es sin dudas una misión con intenciones a las que vale la pena atender. Cuando Andrea me acercó el proyecto me entusiasmó de inmediato su urgencia y su agudeza, características que sin embargo no me sorprendían sabiendo quién dirigía la propuesta.

En segundo lugar, me interesa destacar qué es lo que hace la publicación. Nuevo Oro intenta -y yo argumentaría que logra- hacer una suerte de estado de la cuestión de los modos en que artistas de distintas latitudes intentan analizar, diagnosticar y comunicar los procesos que atraviesan sus lugares de origen. Lo que es llamativo y potente de Nuevo Oro es que efectivamente encara ese esfuerzo en medio mismo de los acontecimientos. En este sentido, opera como una suerte de editorial impresionista, reactiva aunque analítica. Esto es difícil de hacer y especialmente difícil de hacer bien.

Creo que un tercer elemento que caracteriza a Nuevo Oro es su afán de elevar los discursos locales. Ante los procesos convulsivos -ya reaccionarios, ya revolucionarios- que estamos viviendo en América Latina, abunda el análisis politológico o economista (que tienen su valor, por supuesto). Nuevo Oro viene a levantar las voces de personas que están atravesadas en su día a día por eventos quizás más pequeños, con significados esquivos. Jerarquizar esa cotidianidad y amplificar la micropolítica que se da en la intimidad de algunas calles o algunos barrios, es a mi entender una labor valiosa e importante. Por todas estas razones, me parece que Nuevo Oro propone re-enfocar la mirada: atender a lo macro-regional o nacional, sin perder de vista los pequeños gestos (ya de violencia, ya de resistencia). Así, diría que Nuevo Oro es una publicación habitada por un valor político, en el doble sentido de importancia y de coraje. 

Ahora bien: agrupar y articular experiencias y discursos tan diversos como los que pueblan Nuevo Oro es un desafío interesante. ¿Hay que buscar procesos de producción similares y juntarlos, creando compartimientos estancos entre disciplinas al modo universitario?¿Es mejor reunir las obras por país de procedencia, reforzando un nacionalismo que no defendemos?¿Deberíamos renunciar a cualquier clasificación y atender a un orden alfabético? La respuesta tuvo que ver más bien, creo, con el modo de formular la pregunta que da pie a Nuevo Oro: ¿De qué modos los eventos contemporáneos de América Latina están siendo abordados por el arte contemporáneo? ¿Qué preguntas motivan estas obras? ¿Qué hipótesis proponen los y las artistas? Acá estaba la punta de la respuesta, porque las obras mismas anticipan algunas posibles soluciones: hay problemas que parecen disímiles pero expresan un conflicto de origen familiar. Sin ir más lejos, y por poner un ejemplo, en la sección “Valor Diverso” se agruparon trabajos que ponen el ojo en el sistema y la jerarquía de valores que estructuran a un cuerpo social determinado y sus resultados institucionales y políticos. Así, no importa si hablamos del derecho al aborto en Argentina (donde se discute la autonomía corporal) o la privatización progresiva de la educación superior en Chile (que critica el elitismo creciente de la experiencia de formación), pues ambos trabajos están exponiendo un estado de las cosas que subordina las prioridades de unos a las de otros y que por consiguiente resulta en un contrato social que instaura inequidades tan violentas como cotidianas. Este gesto, de entender que estamos hablando de cosas similares, aunque los procesos y las geografías sean distintos, es lo que yo valoro especialmente de Nuevo Oro: porque nos permite formar comunidad aún a la distancia fracturada, aún en la diferencia inconmensurable que nos estructura lingüística o culturalmente, aún en el abismo político que construyen los neoliberalismos de la región. Al fin y al cabo, la gesta revolucionaria también necesita de otros modelos y espacios para encontrarnos, donde empezar la conversación. 


NATACHA VOLIAKOVSKY (Buenos Aires, Argentina)

Entendemos que tu trabajo indaga en la política a partir de los cuerpos, teniendo una intervención que apela en este caso a las muertes por abortos clandestinos en Argentina, país donde naciste: ¿En qué momento tu trabajo se vincula con esta problemática? ¿Cómo se relaciona Nuevo Oro con tu producción y qué opinas de este tipo de proyectos editoriales?

Natacha: No sabría un momento exacto y particular. Mi trabajo se vincula con la problemática de la penalización del aborto, porque esta problemática como tantas otras en Argentina (al igual que en otros países) ponen en riesgo la jurisdicción que nosotros tenemos sobre nuestros cuerpos. La base de todo mi trabajo es entender mi cuerpo como mi primer entorno, como mi primer espacio privado y personal donde tengo la potestad y la capacidad de tomar decisiones. Esas decisiones al estar insertadas dentro de una sociedad, dentro de una política en general, están ligadas con el contexto en el que estamos inmersos y por supuesto, afectan a la sociedad y a la cultura de la que soy parte, por ende esto también genera miedo. De ahí, todos los entes reguladores de nuestros cuerpos como entidad; tanto la religión, los organismos gubernamentales, las fronteras, etc. El aborto es una más de esas decisiones que se intentan jurisdireccionar y digo intentan porque igualmente suceden pero de manera clandestina; quienes no pueden acceder (ya sea a una pastilla o a un aborto pago) por falta de condiciones, no les queda otra opción más que, en la mayoría de los casos, poner su vida en riesgo o esperar que el embarazo avance, que también implica un peligro, para luego dar o no en adopción esa persona ya nacida.

He puesto en crisis este tema de muchas manera, lo hice con diferentes acciones, unas más literales que otras. La que se está exponiendo en Nuevo Oro es una acción que realicé en Estados Unidos a principios del año pasado, recién llegada ahí, y cuestiona la invisibilización de esta problemática afuera, en un país como Estados Unidos, cuando el aborto hoy en día es ilegal tanto en Georgia como en Alabama.

En Argentina anteriormente trabajé de manera más directa estos temas, pero no tan visible; concretamente desde preguntas como: ¿cuál es el límite de lo que nosotros podemos hacer con nuestros cuerpos y qué es lo que no podemos hacer?, ¿hasta dónde está reglamentado? Mostrando el quiebre de la misma ley hice dos acciones, una fue el año pasado, otra fue el anterior. En una me extraje dos fragmentos de cuero cabelludo mediante una cirugía y al día siguiente en la casa de Victoria Ocampo, en pleno posquirúrgico, aun con fármacos en la sangre y vendada, me presenté delante de les espectadores. En un plato puse estos fragmentos de cuero cabelludo que estaban conservados, criogenizados. Y a la vista de todos consumí mi propia carne, la comí, fue un acto de canibalismo. Luego invité a quienes quisieran comer las sobras y dos personas lo hicieron. Yo creo que esa es una acción real, bastante concreta de las preguntas que tengo en relación a cuánto nos pertenece nuestro cuerpo, aún más en el contexto en el que estamos. Considero que el capitalismo es un sistema que es caníbal y que a la vista de todos como dinámica social, occidental y cristiana, posee control sobre nuestros cuerpos, como una policía de frontera. Después hice una acción dentro del Conti, algo parecido a la anterior pero con mi sangre, primero la bebí, luego la compartí; en esta acción, solo una persona bebió. Entonces está la frontera donde yo puedo decidir compartir mi cuerpo pero no puedo elegir practicarme un aborto.

Mi producción se relaciona con Nuevo Oro en el sentido directo de que es política y social. Yo hago activismo, trabajo desde un lugar de latines, desde donde yo paro para producir y me parece que Nuevo Oro tiene esta perspectiva de toda Latinoamérica, de una unión y una hermandad transfronteriza, transcorporal, de una nueva aplicación de frontera y de activismo político que nos hace dar cuenta, no solo de las realidades que hay en cada uno de los países y de los estados en que están sucediendo sus diferentes acciones sino que evidencia cómo el contexto afecta (de una buena afectación) al artista, cómo especialmente nosotres, les artistas políticos, producimos en relación a este contexto ya sea, estando inmersos completamente o alejados pero teniendo todas nuestras raíces acá.

(Página web de Natacha Voliakovsky)

JOHN MELO (Bogotá-Colombia)

Tu proyecto implica un enlace de diferentes símbolos comerciales, ancestrales, políticos e históricos de Colombia y otros países. ¿Cómo configuras este punto de encuentro entre ellos y a qué comunidades hace referencia esta intervención? ¿qué diálogos han surgido a partir de esa proximidad con quién observa?

John: A mí me parece interesante la resignificación y la transformación de los símbolos, el ícono de Batman es una construcción que se ha apropiado de un espacio grande en la cultura de masas y tiene una carga que connota cierta resistencia. Por otra parte, está el análisis de construcciones geométricas y lógicas visuales de algunas culturas amerindias, no de una cultura o comunidad específica (por eso me remito a buscar los patrones), que hacen parte indirectamente de una identidad y una herencia cultural que se establece en los territorios latinos. Lo que me interesa en este sentido es hacer un cruce que altere o resignifique el discurso del símbolo y logre apropiarse de él, convertirlo en una suerte de metáfora de resistencia que se alimenta de lo utópico o de lo irónico, del asunto de hacer el llamado a un héroe, en una tierra de héroes que se construyen en posiciones de resistencia al poder hegemónico establecido.

Curiosamente en el paro nacional reciente surgió una “Primera Línea” que resignificaba el uso del símbolo de la resistencia en Star wars, trayéndolo a nuestra propia realidad histórica, alimentando el discurso y dotándolo de nuevas connotaciones. La reapropiación de símbolos está entonces en el aire. En cuanto a los diálogos que han surgido, las miradas varían, en algunos casos ha sido interpretado como una referencia al fenómeno migratorio de algunos países en Latinoamérica, el “héroe” que migra y transita por territorios, siguiendo un llamado o buscando justicia. Y no en vano, este proyecto está lleno de sincretismos, se hace preguntas sobre varios significados por el cruce entre estos dos universos o estas dos construcciones culturales distintas, estas dos realidades no opuestas pero distanciadas por distintos motivos. Por ejemplo, puede llevar a campos como los de la fetichización de la artesanía y en este camino se puede hacer preguntas sobre qué pesa más en la dualidad sincrética, lo artesanal o lo comercial y desde allí también llevarlo a territorios o discursos políticos. Podría ser un llamado o un aviso de un estado de emergencia constante al que nos vemos sometidos a diario en los pueblos latinoamericanos o un llamado al despertar y unir los pueblos alrededor de los sincretismos andantes que somos como identidades en herencias amerindias.

(Pagina web de John Melo)

ANTONIA TAULIS (Santiago de Chile, Chile)

Nuevo Oro es una publicación de publicaciones y en tu propuesta se hace evidente: La revista mural Mercvria es una de las intervenciones incluidas en Nuevo Oro que es una publicación en sí misma, tiene una autonomía de su autor y su función que va más allá del campo de las artes visuales. ¿De dónde parte este proceso y cómo ha sido su inserción en las calles de Chile?

Antonia: Mercvria nace de la inquietud por generar un espacio de pensamiento colectivo desde el mundo del arte. La forma de trabajo habitual en nuestro medio es silenciosa, introspectiva y muchas veces -tal vez sin quererlo- individualista. La producción de arte está inserta en las lógicas del sistema capitalista, en la hiperproducción, en el exitismo, en carreras enfocadas en alcanzar los espacios más prestigiosos para exhibir tus obras. Estos espacios son casi siempre privados, son lugares donde también se capitalizan los contenidos y no entran en la órbita del ocio común que interrumpe las vidas de transeúntes comunes y corrientes. 

El punto de partida, entonces, es cómo pensar una causa en común, encontrar temas y preocupaciones compartidas. Y eso, inevitablemente, me lleva a mirar afuera. A lo social, al espacio social que nos sostiene a todes y que al mismo tiempo somos nosotres responsables de ocupar y sostener. Me interesa mucho la publicidad como la principal literatura que consumimos en las ciudades. El muro fue el primer soporte de la escritura y lo sigue siendo. A pesar de la retirada de los medios de comunicación impresos, la mutación de los medios masivos y entrada de las redes sociales, la publicidad sigue ocupando el espacio público. Y es en ese lugar donde me interesó poner la revista mural, diseñada como afiche de concierto, bajo la misma lógica de contenidos breves, sintéticos y predominantemente visuales, pero para comunicar ideas políticas y espirituales. Y en una curaduría a modo de ensayo o cruce de lenguajes que finalmente exceden el nicho de las artes visuales. 

La distribución implicó básicamente hacer engrudo, armar brigadas con amigas y salir a pegar evadiendo a la policía. Como proyecto ha generado un entusiasmo y un compromiso muy lindo que repercute en que otras amigas y personas que no conozco me pidan ejemplares para pegarlos en sus lugares de estudio, de trabajo, en sus comunas, en ciudades como Punta Arenas, Concepción, Valdivia u Ovalle, mientras yo, donde voy también pego, así hay en Tongoy o el Cajón del Maipo. Y es muy lindo, porque siempre la idea fue llegar a todo Chile y a Zonas Rurales. Y que se dé de esa manera tan gratuita y colaborativa gratifica y ratifica también el fondo político y común de un trabajo editorial que no busca visibilizar nombres ni obras, sino ideas y pensamientos comunes. También ha llegado a Montreal, a Barcelona y amigues quieren llevarla a París y Nueva York. 

Desde los primeros ejemplares pegados en la calle, la revista tuvo un efecto muy reactivo, la gente se detiene a leerla mucho, la cantidad de lecturas que tiene al estar en el espacio público excedió mis expectativas. Lo veo también por la cantidad de comentarios o reposteos que me llegan de gente que ve Mercvria y la comparte, o por cómo se reconoce en ferias editoriales o de arte impreso con un público más específico. 

Por otro lado, la revista si bien fue pensada hace al menos un par de años, creo que el contexto en que surge la primera publicación es muy importante. Fue en la revolución chilena de octubre de 2019. Personalmente mi naciente proyecto editorial se empalmó con la inquietud ante el fuerte contexto político y social global en que vivimos. Entonces vida, trabajo y arte cobran sentido juntas y acontecen al mismo tiempo.

(Instagram de Mervcria)

MANUELA JARAMILLO (Manizales, Colombia)

Tu intervención es una de las que más enfatiza en un tono poético, tanto desde la imagen como desde el texto, además de un proceso bastante íntimo. ¿Cómo ves el quehacer del artista dentro de los momentos de crisis sociales? ¿A qué apelas con tu intervención de la bandera de Colombia?

Manuela: Yo creo que precisamente son esos momentos de crisis sociales en los que más se afecta de cualquier forma la percepción de la realidad; hablar de otra forma de ver las cosas y enfrentarse a esa sensación ilegítima de descubrimiento conmueve mucho. La labor del artista se convierte entonces en expandir esas fronteras conocidas, nuevos lenguajes, nuevas formas, nuevos datos e intereses surgen y construyen a su vez un relato distinto de la historia.

La fotografía es un juego de palabras; congelar la bandera de Colombia genera una distorsión, el hielo es silencioso, efímero, traslúcido, contener todo un país y su historia forzosamente dentro de conceptos tan frágiles. El hielo también cruje a pesar de su silencio, el hielo arde y quema, pero a nosotros en este país nos sigue alegrando cualquier fiesta.

(Behance de Manuela Jaramillo)

LUCAS NÚÑEZ (Santiago de Chile, Chile)

Algo que resalta mucho de tu intervención en espacio público en Santiago es la cantidad de voces que se agrupan a su alrededor, sabemos que es realizada en conjunto con el CEVVIH (Circulo de Estudiantes que Viven con VIH) y con el apoyo de personas e instituciones que secundan los mismos reclamos sociales. ¿Cómo ha sido este proceso desde lo colectivo y cómo resuena la intervención artística en la búsqueda de políticas públicas más adecuadas para poblaciones específicas?

Lucas Núñez: La intervención ahora me hizo mucho sentido, en tanto la sociedad civil nunca ha sido participe de procesos ya sea legislativos, de propaganda, incluso sociales que implican la prevención el VIH sida a nivel nacional y sobre todo de la población seropositiva. Es superbonito el gesto de entender como este condón se inflaba con el calor de las marchas y lo lúdico que implicaba el poder ingresar al condón, salir de él y estar sujetando esta masa enorme entre todes; donde arriba aparecía la consigna de “El estado no nos protege”. Era evidente como al final, no son estos entes gubernamentales los que están velando por nuestro cuidado sino que somos nosotres quienes nos tenemos que articular; no sólo para demandar sino también para poder enseñarnos, educarnos y generar estos espacios de protección.

Creo que eso era lo que más me resonaba o de alguna forma terminó apelando la obra, porque me gusta mucho eso; el margen de error, que también es parte de los procesos que ahora estamos viviendo. Como tampoco tenemos certeza de esta forma de incidir dentro de los espacios políticos mucho más institucionales. Es bonito cómo se va intentando, entre todes, el poder articularnos y cohesionarnos, en medio de la precarización y la vulnerabilización de los derechos humanos y en este caso, de los derechos sexuales y reproductivos.

Entonces pienso que por lo menos incide dentro de lo que son las políticas públicas más adecuadas para nuestra población seropositiva, porque es importante igual, no solo pensar de qué manera se puede prevenir el que otras personas adquieran la infección, sino de qué manera nos estamos cuidando ahora las personas que ya vivimos con el virus, que es un tema que se ignora progresivamente y que la gente no toma en cuenta. La voz seropositiva se ha simbolizado y se ha invisibilizado dentro del discurso público chileno, es como un ruido blanco porque sabemos que las tasas de diagnóstico continúan creciendo pero de lo único que se habla es de prevención. Se entiende que el ser diagnosticade implica una desaparición del cuerpo social, entonces podemos recuperar ese tejido, un poco dejando la vergüenza de lado y apelando a que nos cuidamos entre nosotres y que no debe haber problema alguno.

(Instagram de Lucas Nuñez)

JENNIFER RUBIO (Armenia, Colombia)

Tu intervención aborda directamente una figura política, un hecho de aparente corrupción y el uso del lenguaje. ¿Cómo vinculas tu propuesta a la realidad de un país como Colombia? ¿Cómo consideras que interactúan las palabras en el contexto de las manifestaciones sociales y de la imagen artística?

Jennifer: Esta propuesta en particular, surgió a partir de lo que pasa hoy aquí, Colombia es el detonante. Y no sería posible de otra forma; quizás si nuestra realidad fuera distinta, la propuesta tendría un discurso de acuerdo a esa realidad. Creo que la mayoría del tiempo, no hay división entre lo que sucede afuera y en nuestro quehacer, es inevitable que se permeen el uno con el otro.

Respecto a la segunda pregunta, con la palabra sucede algo curioso y es que parece que al realizar la acción de nombrar, utilizar la palabra para asignar, dar sentido; este ser-cosa-hecho nombrado existiera de verdad; como si antes de eso, su presencia no hubiese sido notada. Por ejemplo, hay lugares en donde la tasa de mortalidad infantil es muy alta, tanto así que, sus madres deciden no nombrar a sus hijes hasta que elles hayan alcanzado una edad en la que están seguras, sus hijes vivirán. Es en ese momento en que les niñes reciben un nombre. No antes. Como si en ese simple acto, les niñes empezarán a vivir.

Siento que algo similar sucede cuando trasladamos la palabra a la calle y a nuestros quehaceres; permite que las cosas existan, que la rabia se haga tangible y mucho más en un país como Colombia en el que la palabra se tergiversa y se oculta. Tal vez, la realidad no se transforma pero se hace evidente y ese es el primer paso.

(Behance Jennifer Rubio)

TOMAZ KOTZEL (Pelotas, Brasil)

En tu intervención prima el texto, en donde haces un recorrido por las subjetividades negras en el contexto brasilero en relación al planteamiento científico del agujero negro. ¿Qué rasgos políticos suelen atravesar tus procesos de creación? ¿cómo es esa relación entre tu quehacer artístico y las narrativas históricas posibles?

Tomaz: En un ambiente de activismo, de acciones positivas y afirmativas y también de vastos contenidos históricos que se imponen en la investigación de cualquier tema, ¿cómo enfocarse en la actividad de formular las preguntas esenciales, resistiendo la tentación de presentar las respuestas? Quizás el arte solo puede combinar la irresponsabilidad teórica y la libertad de propuestas con el compromiso afectivo.

Una pregunta surgió al final de la construcción del Adjetivo Negro y queda sin respuesta: ¿Qué pasa si el vacío absoluto simplemente dura para siempre? El trabajo termina con la pregunta que he estado buscando todo el tiempo, la que traerá una apertura cuando se espera un cierre. Hay una paradoja en la idea misma de “Para Siempre” y esta pregunta puede cruzar el contexto colectivo y ontológico, así como el contexto histórico actual de la acción política. Mi práctica en relación con las urgencias en el tiempo se basa en una búsqueda constante de ver y cuestionar lo absurdo.

(Página web de Tomás Klotzel)

ANDREA ZUÑIGA (Neira, Colombia)

Nos parece curioso como tu intervención tiene aires de ser un conglomerado personal que apela además a varias de las acciones y propuestas artísticas que se agrupan en Nuevo Oro. Nos gustaría escuchar más sobre este recorrido de palabras y qué experiencias las detonan. ¿cómo empiezas a tejer esas redes?

Andrea: Ese conglomerado surge de un intento espontáneo de mapear mis propias percepciones y vivencias en torno a las protestas y movilizaciones masivas del segundo semestre del 2019 en el sur latinoamericano. Considerando principalmente el levantamiento indígena en Ecuador, las manifestaciones estudiantiles en Chile y los paros nacionales en Colombia. Relacioné directamente estas acciones colectivas dentro de lo que significa el nombre Abya Yala, tierra en madurez, tierra en florecimiento, tierra viva, tierra de sangra vital. Una forma de nombrar que es al mismo tiempo una apuesta decolonial y un intento de conjuro, de hechizo en el tiempo espiral, de invocación.

Ese el eje del que parten todos los demás puntos o nodos que fui entretejiendo. Encuentro bellísimo y conmovedor el modo en que se dieron estos entrecruzamientos en esferas aparentemente dispersas; poder dibujar alianzas y puentes -que de forma orgánica, a veces lenta, a veces imperceptible- se dan entre procesos de organización, intereses individuales y conciencias reunidas en nuestro territorio. Estas superposiciones entre distintas esferas permiten que empiecen a encontrarse las grietas propias de cada causa, reflejadas unas en otras como maneras de luchar por objetivos comunes desde diferentes frentes, la misma naturaleza defendiéndose desde su propia diversidad, de manera análoga a lo que sucede con los tejidos y órganos del cuerpo, todo un sistema diferenciado que necesita de la diferenciación para funcionar. Partí de ese concepto y de tres ejes centrales que se derivan de su significado, que son la tierra, la sangre y lo vital, y allí empecé a hacer un recorrido de conceptos, experiencias, acciones, utopías, lugares, aprendizajes que tienen ese imaginario en torno a Abya Yala y que empiezan a ramificarse en otros nodos interconectados: política, violencia, capital, micropolítica, cotidianidad, poder, represión, protesta, autogestión, procesos comunitarios conectados desde activismos. Procesos de emancipación y luchas desde territorios específicos, territorios que llevan a reflexionar sobre el cuerpo mismo, lo originario, lo ancestral, lo local y como desde éstas experiencias particulares se crean redes y conexiones transfronterizas, interseccionales, que comprenden lo que luchas distintas tienen en común con las propias.

Hago algunos hincapiés en la música, la educación, la ritualidad, la anarquía y algunas experiencias como el hip hop, el punk, los movimientos antiespecistas, ecologistas, las disidencias sexuales y los feminismos, que se preguntan no solo por la represión y emancipación que defienden sino también por cómo empiezan a conectarse; desde esas grietas comunes que empiezan a debilitar las esferas que nos individualizan y terminan por guiarnos desde la empatía a otros escenarios. Siento además que esto surge en los sures por la forma de pensamiento complejo que nuestras cosmovisiones originarias estimulan, son estos pueblos quienes han permanecido durante más de 500 años a pesar del exterminio, la colonización y la colonialidad resultante. Percibo en estos levantamientos, luchas y protestas una relación orgánica, silvestre, de la tierra. Cómo los animales humanos ampliamos nuestro rango de empatía y sensibilidad a otras dimensiones -otros seres, otros cuerpos y con la tierra misma.

Este conglomerado surge desde los procesos y grupos que puedo ver en el pueblo y la ciudad que habito, pero también cómo en el espacio virtual que ofrece internet empezamos a comunicarnos en tiempo real, como la represión es igual en distintas latitudes, cuál es el papel de los medios de comunicación, cuál fue la participación con lxs artistas que están creando y qué se activa al poner su espacio de creación para comunicar lo que pasa en cada lugar. Así contrastamos lo local y lo virtual, algo que resulta muy importante, pues esa red digital superpone acontecimientos y permite cruzar fronteras espacio temporales, activar fuerzas colectivas y particulares y poner en los ojos del mundo una vivencia mínima en una calle o una manifestación enorme en una plaza.

La red virtual se convierte en una trama vertiginosa de personas en distintas locaciones que comparten sueños e ideas y que empiezan a organizarse desde sus ciudades y regiones para enfrentar fuerzas extractivistas, explotadoras, de barbarie, xenofobia, racismo, misoginia, desigualdad. La red que dibujé es un mapeo que intenta reunir la experiencia corpórea personal compleja de quien está viviendo en el espacio físico sintiendo esas mareas cruzarle al tiempo que puede ver lo que sucede en otros lugares y sentir enorme esperanza y vitalidad al ver la fuerza que se despierta en distintas latitudes; latitudes con una dimensión histórica específica y sobre toda una geografía situada que permite entender el mundo de otra manera, que permite invocar las fuerzas propias desde el lugar donde la revolución es posible, por sus conexiones con la tierra, con el alimento, el agua, los minerales hay una fuerza resultante de esa vivencia en Abya Yala.

(Instagram de Andrea Zuñiga)

Ospina, A. & Rubio, J. (2020). Distancias Fracturadas: Foro con los artistas del proyecto “Nuevo Oro”. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 2 (1). Disponible en: https://portalerror1913.com/2020/04/03/distancias-fracturadas/ 

Fecha de recibido: 17 de febrero de 2020 | Fecha de publicación: 3 de abril de 2020

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144X

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