EL CUERPO ES UN TERRITORIO EN DISPUTA. Entrevista a Analú Laferal

The body is a territory in dispute. Interview with Analú Laferal

Por: Salomé Hincapié Salazar

Estudiante Artes Plásticas | Universidad de Caldas

maria.11715636@ucaldas.edu.co

Registro cortesía de la artista. Fotografía por: Ross (@rossurr)

Salomé: ¿Cómo nace tu interés por investigar el cine?

Analú: La primera curiosidad surgió viendo una película, Something Must Break. En ese entonces, exploraba temáticas relacionadas con el género y el tránsito. La gente no siempre comprendía de qué estaba hablando (tenía a veces una sensación de soledad). Pero, gracias a esta película, encontré que el cine es un lugar de identificación y de reconocimiento; encontré experiencias que generaban preguntas similares a las que me estaba haciendo. Me di cuenta que el cine era una posibilidad para explorar los tránsitos, porque daba la oportunidad de pensar tanto el diálogo, como la imagen. En un primer momento no lo tomé como investigación académica sino como algo personal; me causó mucha curiosidad saber ¿qué estaba pasando en el cine latinoamericano respecto a este tema? Coincidencialmente, en ese entonces estaba cursando la maestría y creí oportuno volver este tema el centro de mi investigación.

Salomé: ¿Crees que el cine funciona como un método activista para decir lo que generalmente es censurado?

Analú: Creo en el arte –lo digo porque es mi convicción– como un lenguaje de activismo. Se ha convertido en una herramienta muy efectiva para decir lo que siempre hemos dicho desde las formas tradicionales activistas que se han vuelto un poco como paisaje. Cuando cambiamos y usamos esos otros lenguajes, digamos desde mi práctica artística (no mía pero sí la que más utilizo) de performance y videoperformance se potencia el contenido activista y el contenido político; muchas personas no lo hacen cine desde el activismo, pero veo en el cine una posibilidad inmensa. He tenido un pequeño sueño: algún día quiero hacer cine, justamente porque creo que permite un diálogo con un montón de personas que están en muchos lugares y a las que difícilmente se les puede llegar con otras prácticas. Ahí me entra la curiosidad por saber cómo se hace, más desde la parte narrativa, desde la parte argumental que desde la parte técnica; justamente porque abre la posibilidad –súper activista– de hacer visible eso que incomoda, si tú estás frente a una pantalla ahora, ven que te quiero contar esto.

Salomé: ¿Qué es lo que más te interesa de los estudios de género?

Analú: Me han interesado varias cosas, he profundizado en los estudios trans. Últimamente se habla mucho de lo trans, pero me interesa saber realmente que se ha escrito desde la academia, la medicina, la psiquiatría… conocer todas las personas que han hablado del tema. El foco que he tenido, en los últimos años de lectura, consiste en preguntarme: ¿qué han escrito las personas trans académicas sobre lo trans? Me interesa mucho la mirada de quien asume ese lugar de enunciación y a la vez que lo investiga, más que el médico que lo investiga para hacer lo rutinario. Y ese ha sido hasta el momento el lugar de los estudios de género que me ha tenido como más atrapada. He conocido un montón de cosas que antes no había reconocido y que me parecen bellísimas, divinas, no sé por qué llegué tan tarde a esto.

Salomé: Teniendo en cuenta tus intereses académicos y artísticos ¿cómo definirías el cuerpo?, ¿qué es el cuerpo?

Analú: Me vine a preguntar por el cuerpo después de realizar acciones, antes me lo preguntaba desde un lugar muy íntimo, pero no desde el arte. Me gusta mucho la obra de Barbara Krugger, una artista estadounidense, y una vez me encontré su definición: “el cuerpo es un campo de batalla”. Puedo decir que es la definición más clara que me haya podido imaginar. El cuerpo si bien es mi territorio, es la carne que palpita este pensamiento, también es un lugar donde todo constantemente se está disputando. No siento que el cuerpo sea un territorio ya ganado, todo el tiempo tengo que salir a poner en negociación lo que pasa en mi cuerpo con el mundo. Esto me parece importante porque en esa disputa o en ese campo de batalla yo tengo una ventaja: soy yo la que mueve ese cuerpo, soy la que puede o no poner en ese cuerpo ciertas cosas y a partir de esa fuerza me enfrento a ese territorio de batalla (no solo con el hecho de hacer una acción, sino también por el hecho de asumir expresiones de género). No solo estoy pensando en lo que yo quiero sino también en lo que pueden generar y voy negociando eso todo el tiempo, entonces, para mí esa es la definición más bella del cuerpo.

Salomé: Además de investigar el cine y el mundo audiovisual, también te dedicas al performance. Para mí el performance es súper catártico, tiene una función muy personal y a la vez me permite crean alteregos, cambios de identidad, ¿Cómo funciona este método para ti?

Analú: Realmente empecé a hacer performance sin saber que eso era performance, mi conexión con el mundo artístico ha sido accidental. Comencé a realizar acciones porque yo tenía mucha rabia con muchas cosas y necesitaba decirlas de alguna forma, para que la gente me escuchara. Los primeros que realicé eran muy charros porque hacía performance sola en mi casa, los grababa y después los mostraba. Necesitaba sacar, decir lo que pensaba, pero me daba miedo hacer acciones en el espacio público, porque la gente, en general, tiene reacciones muy violentas. Entonces, hacía videoperformance, pensaba en un video que pudiera expresar lo que sentía. Después comencé a tener más confianza y a trabajar en el espacio público. Primero en los museos, en los bares, en espacios públicos, pero que eran privados en algún sentido, por lo menos eran cerrados. Ahora trabajo en el espacio que llamo público-público, por esta razón la última experiencia generó bastante escándalo, porque fue realizada en una iglesia, un lugar donde realmente nunca quieren escuchar lo que les quiere decir el performance, reconozco esa acción como un performance y me parece importante nombrarla así.

El performance, como tú dices, me parece completamente catártico. Soy atea, he renunciado a la religión católica y a los pensamientos religiosos, pero realmente tengo ejercicios de espiritualidad constantes. El performance es un ritual que finalmente están buscando tramitar –en mi caso específico– algún dolor. No trabajo el performance desde la alegría, hago los rituales porque hay algo que me está doliendo mucho y las formas tradicionales o cotidianas no me bastan, cuando lo grito, cuando me desnudo hago performance, no sé si realmente sienta que me sana pero dejo de angustiarme tanto y eso finalmente es el performance.

Salomé: Para dar una introducción a lo que viene siendo tu proceso investigativo a través del performance, podrías contarnos ¿en qué consistió tu acción en el Salón Nacional de artistas, “Óbito Travesti”?

Analú: He trabajado el performance de una manera muy consecutiva, mi obra es una misma obra toda, son distintas exploraciones de una misma pregunta o distintas preguntas sobre una misma exploración. Hace un par de años realicé una acción llamada 269, no es un performance creado por mí, hace parte del movimiento antiespecista del mundo que consiste en una mímesis, como si tu cuerpo fuera el de una vaca (alguna de estas especies que se usan en la ganadería) marcarte con fuego en algún lugar público para intentar invocar empatía. No te duele que marquen a las vacas o los toros, pero cuando ves que me estoy marcando, te enfadas y piensas que estoy loca o te da tristeza, te da angustia cuando es tu especie y no cuando es otra. Esta acción abría dos posibilidades inmensas; por un lado, en la apuesta antiespecista ¿cómo hacer para que las personas se cuestionen sobre el dolor de otras especies animales diferentes a la humana? Por otro lado, en la apuesta trans, quería pensar algo diferente a lo humano, no quería quedarme pensando unos códigos de generización del cuerpo sexuado (saber si es un cuerpo de un varón o una hembra). Como una fuga a eso pensé en la posición política de ser un animal salvaje que no le importa si es hombre o mujer, que no le interesa vestirse ni siquiera, con el tiempo decidí llamar a esas exploraciones “Travestismo Animal”.

Animalidad. Catálogo cortesía de la artistas. Fotografía por: Shara (@sharacg_). Catálogo Laboratorio. Museo de Arte Miguel Urrutia. Bogota Colombia. 
6 de junio de 2019.

Travestirme de otra especie me permitía abandonar esos códigos sexuales, culturales e identitarios pero también para hacer un ejercicio de empatía con el resto de animales. En junio del 2019 tuvimos la posibilidad de viajar a Bogotá y realizar un laboratorio que se llamó Laboratorio Transhacker (el laboratorio fue conspirado por Platohedro https://platohedro.org/), en esa exploración me reuní con danzantes y comenzamos una exploración corporal sobre el travestismo animal. Una de las bases del performance es el dolor, usamos las inmovilizaciones que provienen de las prácticas sexuales no convencionales, que permiten inmovilizar partes del cuerpo de personas que están educadas en el movimiento, inmovilizarles su cuerpo para construir formas animales. Construimos el performance que se llamó Animalidad e hicimos un inventario de más o menos nueve o diez especies con fotografías y videos, nos preguntamos qué parte inmovilizaríamos, por ejemplo, para crear la figura de un delfín y cómo me movería para comprender ese movimiento del delfín o de cualquier otro animal.

Óbito Travesti. Imagen cortesía de la artista. Fotografía por: Daniel Jimenez (@danieljimenezo5)

Realizamos otra exploración y con una de las personas danzantes generamos una especie que era una jirafa construida a partir de dos cuerpos humanos y cuando vi el registro de esta especie comprendí que ahí había algo que me llamaba la atención. Cuando regresamos a Medellín abrieron una convocatoria para performance justamente sobre animalidad y quisimos aprovechar la oportunidad que ya teníamos una especie con cuerpo, forma y movimiento. Allí nace “Óbito Travesti”, una construcción de esta especie ¿cómo nace? ¿por qué existe? ¿por qué está ahí? Decidimos llevar la experiencia personal que teníamos como pareja, ambas como personas disidentes de la norma sexual y de género, ambas encarnando lo femenino, lo femenino estaba muy presente, muy plumas, muy mariconas las dos, en el mundo gay es muy mal visto que se junten dos disidencias muy femeninas.

Óbito Travesti. Imagen cortesía de la artista. Fotografía por: Daniel Jimenez (@danieljimenezo5)

Empezamos a investigar el concepto de “sororidad”, porque ha sido una estrategia del movimiento feminista para comprender que entre pares nos podemos apoyar; decidimos trasladar esa sororidad a las maricas y las travestis, en vez de todo el tiempo estar haciéndonos el tedio nos juntamos y nos hacemos más fuertes. Óbito Travesti era primero una reflexión por todos esos travestismos que tenemos (que a veces no llevábamos a cabo en lo público o que a veces nos dolían), pero también una reflexión sobre el papel de esa par que siempre nos está acompañando en medio de ese tránsito (nos está acompañando a la operación, nos está acompañando cuando un man nos violenta por ser lo que somos). Nos juntamos literalmente en esa figura que es una bestia, una jirafa, generábamos terror, nos volvíamos fuertes. Cuando estábamos solas teníamos cierta debilidad, pero juntas ¿quién contra nosotras? Óbito Travesti es una construcción interna de la bestia ¿qué piensa la bestia?, ¿cómo está constituida?, ¿de dónde viene?, ¿cuál es su sentido íntimo? Si bien la acción la hicimos en dos lugares públicos, fue un ejercicio muy íntimo.

Salomé: No podríamos dejar a un lado tu más reciente acción que ha sido La Peregrinación de la bestia, cuéntanos en qué consistió.

Analú: Después del Salón Nacional de Artistas, nos llegó una invitación del Museo de Antioquia para realizar una acción en el marco de Medellín a cielo abierto; entonces pensamos que esta bestia funcionaba entre nosotras dos, pero -como en el caso de la sororidad- esta bestia tiene más potencia si somos muchas; entonces, decidimos construir una bestia de todas las especies y sacarla a pasear al espacio público (en Bogotá se había presentado en la cinemateca, con un público muy específico).  Quisimos poner la bestia en las calles donde la gente no se lo esperaba, donde no la quieren ver, pero -sobre todo- hicimos un desplazamiento, no se trataba solamente de poner la bestia en lo público, sino en los lugares donde normalmente nos han violentado, los lugares donde históricamente está el macho que nos grita, el que se ríe, el que quiere abusar de nosotras. Normalmente nosotras agachamos la cabeza y nos vamos, nos desplazan de los lugares donde históricamente las personas trans o maricas han habitado esta ciudad. Tenía la necesidad de cambiar la narrativa, la forma de habitar la calle, que no fuera desde el miedo, sino generar miedo.

Declaración de Analú sobre La peregrinación de la bestia. Vídeo cortesía de la artista.

Me interesaban dos cosas, primero, generar miedo a quien siempre nos genera miedo y segundo que fuera un ejercicio sanador o catártico para quienes habitamos esa bestia. La bestia se construyó a partir de una pregunta inicial que le empecé a hacer a colectivos trans y distintas activistas feministas maricas de acá de la ciudad: ¿De qué situación por ser marica o por ser disidente de esa norma heterosexual se ha generado dolor o tristeza y quisieras vengarte? Muy pocas veces nos preguntan por la venganza y yo creo que es un ejercicio bonito, especialmente, cuando no se devuelve con la misma violencia física contra la otra persona. Muchas de nosotras quedamos impotentes después de situaciones de violencia o de violencia sexual porque siempre nos dicen “tranquila, ya, supéralo”, pero cómo no decir, me da rabia, me duele que hayan accedido a mi cuerpo, que me hayan gritado, que me hayan hecho eso por no pertenecer a la norma heterosexual.

Registro de la acción La peregrinación de la bestia. Vídeo cortesía de la artista.

Traducimos nuestro miedo en un lenguaje que también generara miedo, que cuando nos vieran dijeran “ay jueputa”. Habíamos iniciado un laboratorio de danza contemporánea con distintas activistas de la ciudad; empezamos a construir todo esto, le trabajamos como dos o tres meses y luego lo pusimos en el espacio público con distintas características estéticas que generaran miedo. La gente le tiene mucho miedo al diablo, le tiene miedo a lo oscuro y a lo satánico (porque el pensamiento católico es demasiado hegemónico en nuestra cultura y la ha hecho temerosa). Nosotras usamos un poco eso sin hacer un ejercicio satánico, usamos eso para hacer públicas nuestras denuncias. Hicimos un audio donde se archivaban distintos dolores, donde le gritábamos a la gente que “éramos la bestia, maricas salvajes que salieron a cobrar venganza”. Haciendo referencia a las peregrinaciones de la iglesia católica, en las que estas personas se toman los espacios públicos, salen a gritarnos todo su odio y nadie les dice nada.

Registro cortesía de la artista. Fotografía por: Ross (@rossurr)

Salomé: Me parece increíble que, por un tweet de un personaje no muy agradable, se haya generado tanta polémica.

Analú: La Peregrinación de la Bestia tuvo revuelo porque uno de estos católicos conservadores de nuestro país sintió miedo. Le dio miedo porque, según él, era un ritual satánico que promovía el paro nacional. Si bien no tenía relación con el paro, la acción cumplió su cometido: poder generar miedo a quienes todo el tiempo nos están generando miedo, a los señores de la guerra, a los que en cualquier momento nos pueden matar. Este ha sido mi recorrido en el performance, una construcción corporal individual que surge en un laboratorio en Bogotá y que adquirió cada vez más un carácter público, desde Óbito Travesti hasta La Peregrinación.

Salomé: Hay una última cosa de la que podríamos hablar, me gustaría que habláramos sobre el Manifiesto Trans-Animal que realizaste en conjunto con Val Trujillo. Hace poco lo leí y me pareció hermoso, ¿cómo podríamos hacerle ver a las personas que nosotras las especies vivas no tenemos una jerarquía?, ¿hacerles entender que las demás especies animales están por debajo, entender que somos la cosa más minúscula de este mundo?

Analú: Hemos llegado a realizar una reflexión que me interesa mucho mientras habito el mundo: ¿cómo hacer para que mi existencia no le genere dolor a nadie? Esto se ha llamado de muchas formas y, en mi experiencia tiene dos facetas: por un lado, es feminista cuando comprendo que el lugar en el que he nacido genera violencia sobre otros cuerpos para poder mantener ciertos privilegios; por otro lado, es animalista cuando comprendo que hay otras especies animales que sufren para que pueda vestirme y alimentarme de cierta manera. Estas dos reflexiones para mí han nacido del mismo problema, pensar esto en los escenarios activistas era muy raro. En los círculos feministas, por ejemplo, hablar de antiespecismo era algo casi incomprensible, no tenía sentido, porque la lucha era contra las jerarquías que genera el sexismo, el patriarcado. Al llegar a un círculo antiespecista que es profundamente radical en sus prácticas (buscan, por ejemplo, el origen de todo para no consumir nada que provenga de animal), puede verse que en la estructura organizativa de estos colectivos -en la mayoría de los casos me atrevería a decir- hay un varón heterosexual que es el que dice cómo se van a generar las acciones y sigue existiendo una división de roles, como si las reflexiones feministas no pasaran por ese espacio. Las violencias se ejercen en los dos campos (hombre y mujer, humano y no humano), por fortuna, fui conociendo personas que también tenían estas ideas en mente, eso no significa que quisiera que tuviéramos un pensamiento ortodoxo; pero ambos lugares eran muy incómodos (los antiespecistas más que los feministas). Al juntarnos pudimos gritarle al mundo: ¡Ey, para nosotras estas dos cosas no están separadas! Hacen parte de una misma forma de pensamiento, de un mismo ejercicio de la violencia en el planeta y queremos ponerlo en discusión. De ahí nace el Manifiesto Trans-Animal, como un llamado para poner el tema en discusión.

Disponible en: https://lasagrada.co/manifiesto-animalidad/

Salomé: Muchas gracias por todo, siempre es un placer tener la oportunidad de hablar contigo.

Analú: Para mí también, además porque parece más una conversación que una entrevista. Siempre es un gusto hablar de estos temas.


Analú Laferal

Artista del proyecto Eunuca, Politóloga y Magíster en Estudios Culturales y Artes Visuales (perspectivas feministas cuir/queer). Acaba de finalizar una investigación sobre la representación de los tránsitos no binarios en el cine latinoamericano. Sus enunciados están trazados por las exploraciones en torno al poder y su relación con la especie, el cuerpo, las identidades de género, las sexualidades y los feminismos disidentes. Travesti herbívora, desde el performance y las herramientas audiovisuales, explora las potencias y los límites del travestismo animal como una estrategia posidentitaria de desgenerización.

https://eunuca.tumblr.com


Como citar:

Hincapié, M-S. (2020). El cuerpo es un territorio en disputa. Entrevista a Analú Laferal. Portal Error 19-13. 1 (2). Recuperado de: https://portalerror1913.com/2020/02/25/el-cuerpo-es-un-territorio-en-disputa

Fecha de recibido: 19 de Diciembre de 2019 | Fecha de publicación: 24 de febrero de 2020

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